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Nelson Ávila: “Tengo certeza de que Guillier no tendrá una nuera como la de la Presidenta” Nelson Ávila: “Tengo certeza de que Guillier no tendrá una nuera como la de la Presidenta”

El candidato al Senado por el Partido Radical se refiere en esta entrevista al momento político que vive el país, a la irrupción de los políticos no tradicionales y a su alejamiento abrupto del bacheletismo en plena campaña pasada. “Cuando vi lo que estaba pasando, dije: esto se jodió”, explica.

Nacional

Nelson Ávila: “Tengo certeza de que Guillier no tendrá una nuera como la de la Presidenta”

Por 6 de septiembre de 2017

Casi ocho años pasaron desde que el ex senador Nelson Ávila dejó su escaño tras perder en la elección en 2009 frente a Ignacio Walker y Lily Pérez. Hoy está dispuesto a recuperarlo en unos comicios que lo enfrentarán prácticamente a solo figuras que buscan la reelección la nueva circunscripción de Valparaíso, que une a las antiguas costa y cordillera.

Para ello, Ávila ya inició su campaña con una marcada agenda en su fiel estilo: una legislación anticorrupción (“cortar todo vínculo con el empresariado que ha teledirigido la actividad legislativa”), enfrentar el cambio climático (“y a la gran minería que destruye impunemente nuestros glaciares”), un nuevo diseño para la coordinación entre puertos y seguir impulsando “el uso de la plantita”, una legislación pro cannabis.

Durante estos años, el candidato se ha dedicado a la plantación de nogales que tiene con su familia, donde asegura que él actúa como “jefe de gabinete” de su esposa, quien maneja el negocio. Mientras él se involucró en un proyecto literario que, asegura, ha resultado cuesta arriba por la temática que aún mantiene el secreto. “Solo escribo cuando a las musas se les ocurre danzar a mi alrededor, cosa que acontece con cada vez menos frecuencia”, explica.

En conversación con El Dínamo, en la Gran Logia de Chile, Nelson Ávila se refiere al momento político que vive el país, a la irrupción de los políticos no tradicionales y a su alejamiento abrupto del bacheletismo en plena campaña pasada. “Cuando vi lo que estaba pasando, dije: esto se jodió”, explica. Además, cuenta que el Partido Radical lo inscribió como candidato contra su voluntad.

-Usted ha dicho que estaba decepcionado de la política en general. ¿Por qué decide volver a competir por el Senado?

-Yo manifesté mi estado de ánimo muy genuino con el que quedé después de la experiencia electoral del 2009. Sufrí los embates de la brutal alianza del dinero con la política, porque me sentí arrasado por una fuerza que respondía a estímulos contrarios del sentimiento de la inmensa mayoría de la población, que al igual que yo era mudo testigo de este despilfarro. Decidí en ese momento apartarme por completo y concentrarme en la familia, cosa que mi esposa aplaudió entusiasta y me hizo prometer que nunca más regresaría.

-Incumplió la promesa entonces.

-Fue lo mismo que me recordó ella al momento de hacerse inminente la decisión del Partido Radical de inscribirme contra mi voluntad.

-¿No quería ser candidato?

-En el último momento, aunque hubo una conversación previa y me lo hicieron presentes en términos cariñosos, habían resuelto que me inscribirían de todas maneras, corriendo el riesgo de que yo lo tomara a mal, pero esperaban que no fuese así, debido a que apelaban a los deberes de un militante, más que a sus derechos. Confiaban en que respondería a cumplir con el partido. Me hicieron ver que examinaron el panorama y que mi trayectoria, experiencia y lo que había representado hacían de mi figura un emblema de un modo de hacer política que debía regresar a la escena y no retirarse con la cola entre las piernas.

-Estuvo 16 en el Congreso, entre ambas cámaras. ¿Extrañó el poder?

-Hay ciertos aspectos en los que yo eché de menos contar con herramientas de poder para incidir en el debate o directamente en pos de ciertos aspectos que estimaba necesarios. Pero no me resultó tan traumático porque donde yo me muevo siempre gocé del cariño y la simpatía de la gente. Mis campañas siempre fueron muy emblemáticas, basadas en el esfuerzo personal y donde conseguí votaciones históricas para la zona. Eso no se ha borrado.

-¿Cuál sería su rol en el Senado si sale electo otra vez?

-En las plazas taurinas, cuando la fiesta brava se pone un tanto sosa, el público se aburre con los toreros y la propia bestia no contribuye mucho al espectáculo, surge desde las gradas hacia la arena el denominado espontáneo que se roba las miradas y los aplausos. Empieza a hacer una faena que deja en vergüenza a los toreros nacionales, por su osadía, por su entrega, por su templanza, por su honestidad y sale aclamado. Yo quisiera ser ese espontáneo.

“Es artificial la diferencia de los no políticos”

-¿Se siente un no-político? Muchos hoy lo asocian más a la TV, Twitter y al activismo por la marihuana.

-Yo siempre he sido muy poco político tradicional. Yo inauguré un estilo de fiscalización que no existía en el país, totalmente independiente del sector político de que se tratare y apuntase solo al elemento que la tipifica sin contaminación con otros factores. Mi primera fiscalización fue con el “caso Esval” y allí los afectados eran todos integrantes de la misma coalición a la cual yo pertenecía, ante la gran sorpresa de todo el mundo. Se acostumbraba a que la fiscalización fuese de la oposición al gobierno de turno y los demás tenían que defender al afectado. Yo rompí ese esquema y tuve el triste récord de ser repudiado por todo el espectro político. En la época se me llamó “el llanero solitario”, porque siempre estaba solo luchando contra estos molinos de viento de la corrupción que empezaba a asomar.

-¿Cree que es más efectivo ser hoy un “no político” o uno no tradicional, en el contexto del desprestigio de la actividad política?

-Muchos intentan jugar ese rol porque sienten que es atractivo para el público, pero les resulta falso el intento debido a que no se pueden desprender de algo esencial: la dependencia económica que adquieren de los grupos de poder, particularmente de los grandes empresarios que manejan tras las bambalinas mucho de la actividad legislativa hasta ahora.

-¿A quiénes se refiere?

-A mí me encantaría decir que es solo un grupo reducido pero por desgracia es a la mayoría de los que componen el Congreso actualmente. Son muy escasísimas las excepciones de aquellos que no están teñidos con los denominados aportes reservados o secretos a las campañas electorales, gracias a la maniobra inspirada en la UDI y concretada por Pablo Longueira en el gobierno de Ricardo Lagos, donde quedó legalizada esta mácula irreparable consagrada como soborno legal. Lo que hicieron fue comprar legisladores, una de las inversiones más rentables solo si piensas en el sector pesquero que ganó miles de millones al aprobar la Ley de Pesca.

A mí ¡me indignó! cuando oí razonar a (Patricio) Walker hace unos días al plantear con un gran cinismo que ellos habían corregido la propuesta inicial del gobierno que venía contemplando las cuotas de por vida y que ellos las redujeron a 20 años y con ello él creyó haber dejado zanjado el problema. Olvidó decir que él mismo participó en el enjuague de los empresarios de la pesca que consistió en añadir otros 20 años en caso de que no hubiesen objeciones relevantes al comportamiento del empresario durante el lapso inicial.

-Por lo mismo varios se autodefinen como no políticos, para alejarse de los cuestionamientos…

-Me parece artificial la diferencia entre los políticos y no políticos. Tal vez sería más exacto decir políticos con trayectoria y los políticos que estaban desenvolviéndose en otros ámbitos.  Es una pequeña argucia publicitaria.

Pro marihuana

-Usted ha capitalizado el activismo pro marihuana en estos años. ¿Es positivo para una campaña actual?

-Yo cuando llevé a cabo esta propuesta legislativa estaba muy consciente de que iba a ser objeto de toda clase de descalificaciones como efectivamente ocurrió. Todos se sintieron con derecho a denostarme por esta propuesta tan contraria a lo que es la formación de los jóvenes. Sin embargo, mantuve en alto la principal bandera que me inspiró para participar en una cruzada de este tipo: que es la mejor herramienta para luchar contra el narcotráfico, porque les quitas el señuelo con el que atraen a muchos jóvenes y los inducen al consumo de otras sustancias y drogas duras. Si hubiésemos tenido la inteligencia de quitarles la herramienta de captación de nuevos simpatizantes, los habríamos dejado en una situación bastante compleja. Pero los que están detrás de la denominada estúpidamente guerra contra las drogas, siempre curiosamente hacen todo a favor de los narcotraficantes, les dan exactamente el escenario que ellos necesitan para prosperar en su negocio.

-¿Hay un poco de cinismo también de parte de los parlamentarios?

-La mayoría en algún momento de sus vidas consumió cannabis pero simplemente lo niegan y no hay cómo sacarlos de eso. Esto a mí me ha significado abrirme las puertas a un mundo al que ellos no acceden como yo, el de los jóvenes. Yo soy invitado a prácticamente todas las universidades a dar charlas y sobre todo a participar en debates. En una primera etapa tenía como contraparte a Jaime Orpis, emblema de la posición contraria, pero él se atrevió en dos o tres oportunidades a ir a estos debates. Él salía abrumado de pifias y hasta físicamente intentaban agredirlo por sus posturas retrógradas y ajenas. Yo en cambio salía aclamado. Me ha dado muchas satisfacciones el haber sido precursor de una política de este tipo, porque debo ser el único caso de un político que se encuentra en una confluencia de las barras del Colo Colo y la U. de Chile a la salida del estadio ¡donde el único factor de unidad que encontraron fue Nelson Ávila! Fue genial esa vez. Los cabecillas de las barras concordaron en que yo debía salir indemne completamente de allí y ¡aclamado! Después siguieron enfrentándose.

-¿Qué le ha parecido esta campaña de Lily Pérez para hacerse el test de drogas?

-Apenas supe de eso lancé un tuit de rechazó rotundo a esa propuesta ridícula. A mí jamás me someterán a un examen de drogas tan estúpido. Cuando en su minuto, años atrás, un grupo de políticos decidió dar una señal de transparencia y decidieron hacerse un test de orina y aparecieron fotografiados con el vasito en la mano, yo los pulvericé de inmediato porque son gestos que deshonran a cualquier persona y mucho más si ostentan una representación popular. Estas propuestas de demagogia pequeña no van conmigo.

“Esto se jodió”

-Hace unos días usted tuiteó que había amanecido “bacheletista-guillerista”. ¿Cómo amaneció hoy?

-Jajaja. Yo sentí la necesidad de destacar el hecho de que la Presidenta en ese momento haya tenido el coraje de dar una señal nítida acerca de un concepto con el cual estoy plenamente de acuerdo. El crecimiento no debe estar convertido en un fetiche como lo alza la derecha y que respecto del cual hay que hacer todo para impulsarlo, independiente de otras consideraciones. Como la Presidenta me ha dado pocas ocasiones en el último tiempo de felicitarla, aproveché eso.

-¿Qué le ha parecido su gobierno?

-Para la Presidenta fue fatal el caso en que la envolvió su nuera. Yo estoy firmemente con Guillier porque tengo la plena certeza de que no tendrá una nuera como la de la Presidenta. Quien la tenga no puede pensar en un futuro luminoso. A Michelle Bachelet le liquidó el Gobierno y a partir de allí nunca fue la misma. La dejó con un ala rota y por lo tanto no pudo desplegar el vuelo majestuoso que pudo haber hecho en el horizonte.

-¿Lo entusiasmaba su regresó a Chile?

-¡Por cierto! Yo era uno de los que estaba entusiasmado, a pesar de que ella se encargó rápidamente de irme morigerando la alegría de que volviera. Primero, con el nombramiento del ministro del Interior (Rodrigo Peñailillo). Cuando yo me acerqué al comando en la época de la campaña, percibí que se podía tratar de un grupito de iluminados que llegaba de un lugar ignoto a hacerse cargo de la conducción de este nuevo Mesías que traían al mundo. Muchos comportamientos dieron señales preocupantes: eran muy cerrados, sospechaban de cualquiera que viniera a colaborar desde afuera. Yo colaboré en dos o tres cosas puntuales que me pidieron, pero después preferí retirarme porque sentí en algunos un cierto recelo, una curiosa sospecha de que esta gente puede quitarnos parte de esta maravilla que estamos construyendo nosotros solitos, sin contaminación de ninguna índole.

Me terminé de convencer cuando llegó el Mesías vestido de mujer. Le hicieron un acto en El Bosque, popular y directo con la gente, ya no más de ese pasado oscuro de las dirigencias partidistas; al ver a todos estos pobres dirigentes detrás de las vallas papales, dije: listo, esto se jodió. Estaban haciendo de la realidad una caricatura, porque no se puede ignorar el pasado político ni los partidos. Nadie puede pretender llevar a cabo un gobierno sin partidos políticos. Eso es un absurdo. Esta gente de pronto quiso inaugurar la historia y todos los que hacen ese intento fracasan.

-Es una crítica similar la que se le hace al Frente Amplio…

-El Frente Amplio tiene rasgos de los más diversos. Lo que uno se pregunta es cuál dominará finalmente. Ojalá que sean los que le vienen bien a una coalición política cualquiera sea y que no caigan en el mesianismo ni que piensen que inauguran la historia.

Regulación del Congreso

-¿Cree usted que es momento de bajar las dietas parlamentarias? Tanto oficialismo como derecha se han resistido, salvo algunos casos muy puntuales.

-Yo no le temo a ese debate, aunque siento que tiene mucho de oportunismo en este minuto. Pero si lo aprueban me parece bien. Hay que verlo en su minuto.

-¿Más a favor de bajar el sueldo o mantenerlo?

-Yo pienso que hay que hacer una discusión más amplia y que no solo se enfrasque en el ámbito público, sino que incluir al conjunto de la sociedad chilena en cuanto a analizar las tremendas diferencias y desigualdades que tenemos en materia de remuneraciones y en general de todos los aspectos que hacen la convivencia social.

-Pero si la votación fuese mañana, ¿votaría a favor o en contra de reducirlo?

-Yo votaría a favor de reducir porque creo que hay que ponerse en sintonía con muchos factores y uno no menor es la percepción de la gente, que en último término son nuestros mandantes. Es lo mismo que en una empresa privada: si todo el directorio está de acuerdo en adoptar un criterio de remuneraciones, está bien.

-A su juicio, ¿cuánto debiera ganar un diputado o un senador?

-Yo no tengo cálculo al respecto, sino al voleo. Yo optaría por una cosa racional: que la decisión estuviere fundada en un estudio más global que también incorporase el componente internacional comparativo para decidir los criterios a emplear en materia de remuneraciones del Poder Legislativo. No me atrevo a dar cifras, pero no me niego a la posibilidad de que se rebaje.

-¿Debe limitarse también la reelección? Usted estuvo 16 años.

-Ahí tengo sentimientos encontrados. Por una parte, yo siento que tal vez sería razonable limitar el tiempo de permanencia en el Congreso, reduciendo a una o dos elecciones. Por otro, me gustaría conocer un estudio comparado de los congresos en el mundo, qué es lo que domina y cómo se evalúa la experiencia de aquellos países teniendo uno u otro régimen. Pero me parece sano que haya límite a la reelección.

Piñera, Sánchez y los votantes

-Usted ha sido crítico con la NM por el financiamiento irregular de la política. ¿Cree que le pasará la cuenta en las elecciones?

-Esa es una gran duda para mí. Estoy verdaderamente ansioso para ver qué efecto está teniendo en la gente esto ahora, algo que yo vengo denunciando de manera insistente. De la plantilla que repostula en la región de Valparaíso, ¡todos! -excepto yo- recibieron aportes secretos en las campañas anteriores. Yo no sé si la gente se pasea por el razonamiento elemental de que esas personas con ese acto las traicionaron, le volvieron la espalda, porque recibieron dineros de ciertos grupos empresariales para llegar al Congreso. En consecuencia, ya no los representarán a ellos sino a quienes le dieron el dinero. La Ley de Pesca es una muestra fehaciente de lo que estoy diciendo.

-¿Cree que a la gente le importa eso?

-Si a la gente no le importara nada, si yo constatase que a la gente no le interesa este asunto, yo dejaría en el acto de ser candidato porque no valdría la pena esforzarse en una representación que ha perdido por completo el sentido de los valores y la ética.

-¿Por qué cree que a Piñera no lo afectan las acusaciones, boletas, Exalmar y otros casos complejos que lo persiguen? Sigue liderando todas las encuestas.

-Confieso que eso a mí me trastorna muchísimo. No puedo entender que a la gente no le importe la trayectoria de alguien que va a ocupar el rol más importante en un país. Ojalá que eso represente a un sector no mayoritario, porque sería triste pensar que esas cosas ya no son relevantes. Eso me suena a esa señora con espíritu beatífico que sabe que el cura es pedófilo pero el día domingo con expresión devota le reciben la hostia, sin cuestionamiento de ningún tipo. Un cuadro de esas características trasladado a la política me parece espantoso.

-¿Cree que Guillier puede repuntar?

-Yo tengo mucha confianza en que Guillier en las últimas etapas de la campaña va a hacer valer su visión de país y logrará persuadir a la gente de que él representa el mejor camino para hacer de Chile un país diferente en todos los aspectos básicos de su desarrollo. Siento que todavía la gente no ha logrado captar lo que Guillier representa y su peso política real. En las próximas semanas se desplegará su vuelo majestuoso.

-Si Guillier no pasa a segunda y vuelta y sí lo hace Beatriz Sánchez, ¿cómo sería esta derrota para la Nueva Mayoría y del propio Guillier?

-Yo apuesto lo que quieran a quien quieran que esa circunstancia no se va a dar. Yo no me guío por estas encuestas que circulan y que están intentando crear un ambiente marcado de antemano, si no que lo digo en virtud de la constatación que yo hago en terreno. Yo voy a una feria y para qué te digo el clima humano espectacular, de abrazo y saludo. ¡Soy un afiche caminando! De pronto de cada cien personas me salen dos o tres que me hablan de Beatriz Sánchez, pero el resto es Guillier muy mayoritariamente.

-Y de Piñera.

-Los hay también pero me guardan más distancia. Me miran con recelo.

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