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El Dínamo

El edificio “fantasma” del 27F que todavía pena en Independencia

El edificio Vista Hipódromo está abandonado desde el terremoto de 2010. Después de cuatro años sin movimientos, su nuevo dueño -un banco- hoy comienza a realizar los trámites para reparar y poner a la venta el edificio que alguna vez se pensó en demoler.


País

25 de junio, 2014

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Ficha-Vista-Hipódromo

Doce horas antes del terremoto del 27F, Isabel Salgado (69) llegó hasta el edificio Vista Hipódromo, ubicado en Avenida Hipódromo 1631, en Independencia. Esa tarde, la inmobiliaria le hizo entrega del departamento que había comprado con el dinero recibido de su jubilación, luego de trabajar por casi cuatro décadas como profesora de enseñanza básica.

Sin embargo, el sueño de la casa propia se vino abajo con el terremoto: la municipalidad de esa comuna declaró al inmueble como inhabitable un día después del movimiento sísmico, ante un eventual desplome por los enormes daños que había sufrido. Isabel y otras 126 familias debieron abandonar las propiedades que habían adquirido solo meses antes y buscar alojamiento hasta revolver la situación.

El problema jamás se solucionó y los residentes del Vista Hipódromo no volvieron a colocar un pie en el edificio. Hoy, a cuatro años del episodio, el inmueble está abandonado y con evidentes consecuencias del terremoto. 20 de los 21 pisos no tienen movimiento de ningún tipo, más que la irregular visita del conserje que cuida el inmueble y uno que otro movimiento* que anticipa los deseos por reparar el edificio y ponerlo nuevamente a la venta por parte de sus nuevos propietarios.

Mujica & González Limitada, cuyos socios mayoritarios son los ingenieros Alvaro Mujica y Sebastián González del Campo, son los responsables de la construcción del Vista Hipódromo, a través de una inmobiliaria de su propiedad: Independencia S.A. Ambas empresas participaron también en la construcción y puesta en marcha de otros dos emblemáticos inmuebles que se desmoronaron el 27F: los condominios Don Tristán y Don Luis en Maipú, que debieron ser demolidos ya que, literalmente, se fueron al suelo.

Los accionistas mayoritarios debieron enfrentar la justicia por los casos de Maipú. Para evitar el juicio oral, llegaron a un acuerdo de indemnización por 50 millones a repartir entre los 74 propietarios de los dos condominios. Una fórmula muy distinta a la que optaron en Independencia, tras semanas de peleas entre los vecinos y la inmobiliaria.

La propietaria actual del edificio en su totalidad es Banco Santander. Tras un acuerdo con la inmobiliaria -y luego de recibir un informe del DICTUC que viabilizaba una reparación y rechazaba de plano el colapso del edificio- el banco se hizo cargo de devolver parte del dinero de los inmuebles a sus propietarios y a la vez negociar con ellos, como condición, un crédito hipotecario para la adquisición de una nueva vivienda.

Ese fue el primer cuestionado paso para destrabar el conflicto, pero desde entonces Vista Hipódromo está abandonado y recién hoy se vislumbran las primeras luces para su reparación.

El negocio de los conserjes

En las últimas semanas, el banco y la inmobiliaria han comenzado a generar movimiento entorno al decreto de inhabitabilidad que impuso la dirección de Obras de la municipalidad de Independencia. Quienes conocen el proceso explican que ambas empresas buscan reparar el edificio para ponerlo nuevamente a la venta, basándose en varios documentos presentados al municipio que “avalan que el edificio no se caerá” y que puede ser reparado.

Mientras ese proceso avanza, los vecinos y ex propietarios de los departamentos descubrieron un movimiento peculiar en el edificio. Vista Hipódromo tiene hoy dos conspicuos residentes aún: Guillermo Lazón, quien fuera presidente del comité del edificio, y un conserje que hace a la vez el trabajo de guardia de seguridad, quienes encontraron una fórmula para sacarle dividendos al abandono.

Aprovechando su singular ubicación, a metro del Hipódromo y del Estadio Santa Laura, habilitaron los casi cien estacionamientos del edificio para los asiduos al deporte que van los fines de semana hasta ambos recintos. Les cobran 2 mil pesos. Además, ofrecen el lavado de los vehículos por un precio  similar.

Al descubrir esto, los vecinos decidieron tomar revancha por una antigua disputa que tenían con Lazón: los casi 13 millones de pesos que la administración del edificio, encabezada por él, “se apropió” -según detallan ex propietarios- por concepto de fondo de reserva que todos los residentes deben pagar al llegar al edificio.

La querella era por “apropiación de dineros”, pero tras un tiempo desistieron de continuar la acción judicial. Hoy, el “negocio” continúa cada fin de semana a la espera que sus nuevos propietarios dispongan las reparaciones del edificio para volver a poner cada departamento en venta.

La negociación de los vecinos

Los más perjudicados con el terremoto fueron quienes pagaron al contado su departamento o con alguna institución que no ofrecía un seguro ante siniestros de este tipo. Es el caso de Gladys Sanhueza, también jubilada. Recuperó el 90% de la inversión que pagó al contado, tras meses de batalla con la inmobiliaria.

Pese a que la mayoría alcanzó acuerdos de reparación, ni Gladys ni ninguna de las más de cien familias logró un acuerdo ciento por ciento satisfactorio. La inmobiliaria nunca devolvió el 10% de pie que las familias entregaron directamente y sin intermedio de un banco, cifra que alcanza los 650 millones de pesos, teniendo en cuenta que los departamentos costaban entre 1600 y 1800 UF.

Marjorie Huerta había comprado junto a su esposo un departamento en el piso 17 del edificio “con una linda vista hacia el Hipódromo”, dice. Pero como todos debió abandonar la torre tras el gran sismo y vivir con familiares hasta encontrar una solución, que en su caso fue positiva: llegó a acuerdo con el banco por el 90% del costo inicial, gestionó un crédito hipotecario con ellos y compró otro departamento en un edificio construido frente al siniestrado.

Pamela Vásquez, quien fue coordinadora del grupo de vecinos que buscaba una solución de parte de la inmobiliaria, vivió una historia similar. No pagó al contado, pero sí había tramitado un crédito con un banco. Tras la negociación con Santander, accedió a un nuevo crédito hipotecario y compró una propiedad parecida en un edificio frente al Vista Hipódromo. Los vecinos cuestionan que la solución que dio la inmobiliaria haya estado relacionada directamente con ese banco y no permitir “elegir lo más conveniente”.

Desde el departamento que compró tras la negociación, Pamela observa cómo las luces de la torre se mantienen apagadas cada noche. “Ahí no se podía estar. Creíamos que el edificio se venía abajo en cualquier minuto”, cuenta. Desde su ventana también ve el “negocio” que instalaron los conserjes el fin de semana a la espera de que se repare el edificio. “No sé si haya gente que elija comprar un departamento en un edificio que estuvo a punto de caerse. Hay que ser valiente”.

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