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29 de Marzo de 2012

Conozca el mito de las bolsas que prometieron ser biodegradables y nunca lo consiguieron

En rigor lo son, pero en condiciones de temperatura, humedad y oxigenación que no existen en la práctica. Estas bolsas han circulado masivamente con su credencial verde entre supermercados, casas y basurales, pero en realidad son un resultado de laboratorio que al final del viaje, en los vertederos, sólo consiguen, en el mejor de los casos, desintegrarse.

Por Cindy Rivera
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Fue Jumbo, la cadena de supermercados perteneciente a Horst Paulmann, la primera que se dejó seducir en Chile con la idea de entregarles a sus clientes bolsas de plástico amigables con ecosistema.

La posibilidad de convertir de un día para otro los 20 millones de bolsas mensuales que la cadena pone a disposición de sus compradores en “100% biodegradables” se presentó hace seis años como un gran acierto y también como una manera de diferenciarse de la competencia en un contexto de estigmatización del plástico a nivel mundial por sus efectos en el medio ambiente.

Una convincente exposición de EPI, fabricante canadiense de aditivos químicos para la fabricación de plásticos biodegradables, sobre las virtudes de Oxo, el aditivo que permitiría el milagro, convenció rápidamente a los ejecutivos de Cencosud (holding que agrupa a Jumbo, Easy y Santa Isabel, entre otras tiendas), quienes instruyeron a Inapol, la empresa que entonces y ahora fabrica sus bolsas, para que lo incorporara en sus productos.

El mandato fue acompañado de sendos estudios, certificaciones y normas internacionales, que avalaban la decisión.

Dicho y hecho. Con bombos y platillos Jumbo anunció la buena nueva a sus clientes:

“Desde hoy, y por primera vez en Chile, una cadena de supermercados comenzará a utilizar bolsas biodegradables. La iniciativa, implementada por Jumbo en sus 22 locales, permite que, una vez desechadas, las 120 millones de bolsas que se entregan a los clientes anualmente puedan degradarse naturalmente para convertirse en agua, dióxido de carbono, y biomasa, elementos inofensivos al medio ambiente”, prometía Jumbo.

Hoy, de aquella promesa poco queda. La leyenda “100% biodegradable” que lucía la bolsa en grandes caracteres fue retirada, y si en algún momento los empaques plásticos de Easy y Jumbo anunciaron en su fuelle que se biodegradarían “en ambiente sanitario por acción de microorganismos de acuerdo a la norma D 6954-04”, hoy lucen un discreto “se degradará en el medioambiente por efectos de la oxidación producida por calor y/o luz”.

“Hay una migración natural hacia sincerar lo que realmente es la bolsa”, dice Pablo Escobar, gerente general de Inapol y presidente de la Asociación de Industriales del Plástico de Chile, ASIPLA.

Pocos lo han notado. Y la diferencia entre biodegradable y degradable es tremenda como para no haberla aclarado.

Un material degradable es aquel que se microfragmenta con el paso del tiempo. El aditivo que contienen las bolsas de Jumbo acelera ese proceso, que en plásticos convencionales puede llegar a tardar más de 100 años. Pero nada más.

Escobar explica que, efectivamente, bajo condiciones especiales de temperatura, humedad y oxigenación, las bolsas con el aditivo Oxo pueden llegar a la biodegradación, es decir, convertirse en humus. “Eso está probado y aquí en Chile la experiencia la certificó el Instituto de Investigaciones y Ensayos de Materiales (IDEM)”.

“El problema -admite- es que las condiciones tienen que ser especiales, casi de laboratorio. Tendrían que existir lugares de exposición (plantas) para que la oxobiodegradación ocurra en dos años y eso no existe aquí en Chile y que yo sepa no existe en ninguna parte del mundo”.

“Por lo tanto, la mayoría de estas bolsas (un 84% según la última encuesta Adimark) va a dar a vertederos y allí sólo cumplen un beneficio secundario, que no es el que se publicitó, y que consiste en fragmentarse o degradarse, lo que permite que la basura no quede encapsulada para siempre. Pero allí (en el vertedero), se pierde el sentido original para el cual estaba hecha”.

¿Engaño? Escobar observa “un componente de marketing importante” en esta historia. “Los supermercados quisieron vestirse de un color verde, estimaron que esto podía ser un elemento virtuoso y nos mandataron hacer las bolsas bajo esta tecnología (Oxo). Sí nos aseguramos de que esto no fuera sólo una propaganda del fabricante del aditivo, sino que además hubiera de por medio una norma y una certificación que avalara el proceso”, comenta.

Buscando precisamente esa certificación es que a poco andar Inapol optó por trabajar con el fabricante estadounidense Willow Ridge, proveedor del aditivo Oxo para sus productos plásticos.

Enrique Vallejos, gerente general de ATSA, representante en Chile de Willow Ridge, defiende el uso del aditivo y, a diferencia de Escobar, lo avala como factor para conseguir la biodegradación de las bolsas.

“Se ha demostrado que los plásticos que contienen el aditivo generan un enlace de carbono-oxígeno que no ocurre en los plásticos convencionales, y que permite que los microrganismos los consuman”, dice, aunque reconoce que no existen las plantas de oxobiodegradación para que esto ocurra en los plazos que establece la norma estadounidense ASTM D 6954-04, que es laque certifica el producto.

Dicha norma es la misma que aparece en los fuelles de las bolsas de Easy y Jumbo, entre otras, y que no es sujeto de supervisión por parte de ninguna autoridad local.

Pero a la duda sobre el carácter biodegradable de las bolsas que tienen incorporado el aditivo Oxo, usadas también por Homecenter y Tottus (Líder, de Walmart, entrega bolsas de plástico convencional), se suma una crítica concreta de parte de sus detractores, que apunta a que los productos plásticos que lo contienen rompen la cadena de reciclaje.

Ello, porque al estar fabricados para que se microfragmenten aceleradamente dejan de ser aptos como material reutilizable en la fabricación de otros plásticos.

Sobre este punto Vallejos asegura: “Si se fabrica un objeto plástico 100% de plástico reciclado, que contiene el aditivo, evidentemente ese producto terminará microfragmentándose. Pero en la práctica los productos fabricados con material reciclado son de plástico más o menos fresco, mezclado con resina virgen, de modo que aunque tenga el aditivo, no hay mayor problema”.

El mundo perfecto que no existe

Entre agosto de 2008 y julio de 2009 se presentaron en la Cámara de Diputados 4 mociones (6045 – 6080 – 6520 – 6585) para legislar el tema de las bolsas biodegradables. Todas se refundieron en una sola, el proyecto de ley 6585-12 de 2009.

Esta iniciativa prohíbe la producción, importación y distribución de bolsas  plásticas no biodegradables, establece un reglamento que define las características técnicas de las bolsas biodegradables, y acoge la norma ASTM (American Society for Testing Materials) 6954-04, que regula los plásticos que se degradan en el ambiente por una combinación de oxidación y biodegradación.

En otras palabras el proyecto, que se encuentra en el Senado después de haber sido aprobado unánimemente en la Cámara, apuesta por las bolsas fabricadas con el aditivo Oxo, avalándolas como biodegradables.

Sin embargo, tal como reconoce Pablo Escobar, gerente general de Inapol, y vocero del gremio que agrupa a las empresas del plástico, aquella discusión está desactualizada.Como también lo está a estas alturas la férrea defensa que él mismo solía hacer en distintas entrevistas de la tecnología Oxo como el mejor camino a la biodegradación del plástico, y que conquistó a varios líderes de opinión, entre ellos, el conductor de Tierra Adentro, Paul Landon, quien le dedicó un capítulo de su programa al tema.

“Confieso que desde esas entrevistas hasta la actualidad no ha ocurrido lo que debía ocurrir. Todo el tema de las plantas de biodegradación en ese momento era muy aspiracional. Se suponía que iba a tener una buena acogida. Pero la verdad es que no se dieron las plantas de biodegradación y las bolsas llegaron finalmente a los vertederos”, dice.

En opinión de Escobar una planta de oxobiodegradación no  es tan difícil de hacer y si no existen es precisamente porque el 84% de las bolsas plásticas de supermercado se ocupa para encapsular basura.

“Podrías, eventualmente, con una conciencia medioambiental total, destinar esas bolsas para una planta de oxobiodegradación, si existiera. Pero ¿cómo vas a llevar la basura doméstica al vertedero?. Si no es en la bolsa que te entregó el supermercado, será en una bolsa negra de basura, que no es peor ni mejor que la otra”, explica.

La solución, dice, debe ser integral: partir del gobierno y de las municipalidades para que mediante una ley se establezca que la basura doméstica se separe en origen, como ocurre en Alemania, Suiza, y algunos estados de Norteamérica.

De ese modo los lunes, por ejemplo, se pueden retirar los desechos orgánicos, en una bolsa de almidón de maíz, que termine en una planta de compost. “Es el sistema perfecto, pero requiere el compromiso de toda la sociedad en su conjunto”.

“En cuanto al plástico, creo sinceramente que el camino es su recuperación por la vía del reciclaje. Así logras cerrar el ciclo completo. Más temprano que tarde la materia prima se va a terminar. Si empiezo a ocupar los mismos elementos hago sustentable mi actividad; no le estoy poniendo una fecha de vencimiento”

“Para mí es tan buen negocio transformar algo que viene de una petroquímica o de un proceso de reciclaje. Represento a los fabricantes transformadores de plástico y mi visión, lejos de ir en contra de nuestros intereses, sustenta nuestro negocio por años”.

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