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El Dínamo

La increíble historia de Cotton Candy, ex alumna de las Ursulinas que ahora es dominatrix en Nueva York

Carolina Palma, o Cotton Candy, confesó cómo se inició en esta disciplina que vino a cambiarle su vida en 180º, entregando sus secretos más oscuros.


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22 de noviembre, 2016

Autor:

Dominatrix

Carolina Palma (44) llevaba quince años trabajando en el mundo de la moda en Nueva York. Estaba aburrida. Una amiga decidió leerle su carta astral, lo que terminó por abrirle los ojos: “Tu eres una Dominatrix, tu naciste así, solamente te olvidaste por mucho tiempo”, le dijo en esa oportunidad.

La mujer dio un giro en 180º y dejó atrás su estructurada vida, según cuenta a Pousta. “Tuve una educación muy restringida, salí de las Ursulinas, súper católica, de buena familia si se puede decir así. Mis papás me dieron todas las herramientas para que fuera a la universidad, que tuviera un trabajo”, relató.

Con la plata que ahorró desde que comenzó a modelar a los 14 años se fue a Estados Unidos. Su amiga se convirtió rápidamente en su mentora dentro de esta disciplina que estaba por explorar. “Ella me empezó a enseñar todo, por que ella era dominatrix. Empecé a hacer unas sesiones con ella. Me invitó a su casa. Me pasó toda su ropa de cuero y de ahí me empezó a enseñar todo. Fue fascinante“, explicó.

Según relata al portal, tomó el camino de la dominación, bajo el seudónimo de Cotton Candy. “Es para gente que se excita haciendo regalos y gastando dinero en que una ‘ama’ los humille, exigiéndoles más. Perder el poder y el control es lo que se busca en ésta práctica sexual”.

Aquí algunas de sus frases más soft:

“Ellos buscan que les peguen latigazos, pero hay que enseñarles que el dolor más satánico, el más quirúrgico, se siente en la fucking billetera”.

“Llegan masoquistas y todos los que quieran sufrir. Esos idiotas buscan desesperadamente redimirse, de alguna manera. Hay gente que busca redimirse porque son unos sacos de huea que no saben qué más hacer. Llegan a parar donde una dominatrix para que por favor los redima y los haga sentir dolor“.

“La dominatrix los obliga a que gasten en ella. Y esa felicidad que él le provoca a ella es lo que lo libera a él de la acumulación de la plata”.

“No administro la tortura. Yo torturo. A mí se me ocurre todo. Yo mando. Guío. Voy a administrar lo que tu alma necesita, si estás frente mi presencia es porque necesitas liberarte de algo y desde ahí se ve cómo es el tratamiento. Hay que dejar en claro los límites, pero en vez de esa palabra ocuparía “consenso”. No hay límites, pero hay consentimiento”.

“Trabajo mucho por Internet, por mensajes con gente que deambula pidiendo auxilio. Me pagan por PayPal para que yo les hable, los guíe y los caliente“.

Revisa sus confesiones más duras en la nota de Pousta.

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