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Steevens Benjamin, el haitiano que se abre como actor en Chile Steevens Benjamin, el haitiano que se abre como actor en Chile

"Cuando llegué a Chile estaba encerrado, no había gente así como yo, me costó conectar. En la calle la gente me miraba y yo no quería salir porque me sacaban fotos", recuerda el protagonista del corto La Duda.

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Steevens Benjamin, el haitiano que se abre como actor en Chile

Por 6 de septiembre de 2017

“Soy negro. Soy caribeño. Soy haitiano. Vengo de una nación fuerte y guerrera. Del único país que se liberó a la fuerza de la esclavitud, pero que ahora sólo tiene miedo y hambre”. Ese es parte del guión de Steevens Benjamin, protagonista de La Duda. El cortometraje, dirigido por Juan Pablo Cáceres que se estrenó en Sanfic, retrata las contradicciones a las que se enfrenta un haitiano que recién llega a Chile y a la serie de prejuicios que lo rodean.

Con 21 años, es el único actor haitiano que ha logrado insertarse en el estrecho mundo de la actuación nacional: trabajó en la obra Trabajo Sucio, participó en un videoclip de los Denver, tuvo apariciones en la teleserie La colombiana. Por estos días divide su tiempo entre ensayos de la obra El niño proletario, presentaciones a castings y grabaciones de Perro Bomba, largometraje de La Duda.

La primera vez que Steevens Benjamin escuchó de Chile, tenía 14 años. En ese entonces vivía con su papá en República Dominicana. Habían dejado Haití para buscar un mejor futuro y ahora esa ilusión se volví a repetir. Me voy a Chile, le anunció un día. Sorprendido, buscó ese nuevo país en el único mapa que había en su escuela. Y ahí lo vio: un angosto y largo pedazo de tierra. Qué lejos, pensó.

Cuando llegué a Chile estaba encerrado, no había gente así como yo, me costó conectar”.

Un par de años después Benjamin aterrizó en Santiago a reencontrarse con su papá, a vivir a Estación Central, a terminar la educación media en la Escuela del Cariño Ricardo Navia en horario vespertino, mientras, durante el día, trabajaba. “Cuando llegué a Chile estaba encerrado, no había gente así como yo, me costó conectar. En la calle la gente me miraba y yo no quería salir porque me sacaban fotos. Y yo le preguntaba a mi papá por qué, si en mi país no me trataban así”, recuerda.

Sin mucha vida social, empezó a trabajar como auxiliar de bus en Pullman. Ahí viajó tanto por el norte como por el sur. “El bus daba muchas vueltas, y si llegábamos temprano nos dejaban salir y después volver a entrar”, dice.

En ese trabajo estaba cuando le cayó la primera oferta de actuación. Fue como casi de casualidad: Benjamin hacía de cajero en el terminal de buses y derepente vio que alguien lo grababa. Le preguntó al hombre que qué estaba haciendo y él le dijo que lo estaba grabando, que si le interesaría actuar en una obra.

El sí fue inmediato. Y recordó los días en que vivía en el norte de Haití con su abuela y vio tele por primera vez, las tardes en que jugaba con sus amigos recreando cámaras con cajas de cartón y los videos que hacían en el bosque con los primeros celulares con cámara que llegaron al país. En todos esos escenarios Steevens Benjamin era el protagonista. Pero esa vez le ofrecían actuar de verdad. “Acá estoy cumpliendo mi sueño, que es lo que me gustaba desde que era niño. Siento que la vida me está dando una oportunidad”, afirma.

En los cinco años que lleva viviendo en Santiago, Benjamin se ha enfrentado a una cultura diametralmente opuesta a la suya. En Haití nadie vive preocupado del mañana, y pese a lo tranquilo que puede sonar, pueden ser muy estrictos en otras áreas, como prohibir que los hombres usen aros y fumen marihuana. Acá en Chile se liberó de eso, pero se enfrentó a otras situaciones: las miradas de reojo, la discriminación, la burocracia. Temas que prefiere no profundizar.

Según datos de la Cancillería entre enero y julio de este año, 44.846 ciudadanos haitianos ingresaron al país. Ante la creciente llegada de sus pares, Benjamin dice que “en Chile hay más oportunidades de trabajo, pero al llegar aquí es más duro. Hay muchos que llevan 8 meses sin trabajo, o están vendiendo zapatillas en la calle. Sé que para muchos esos no son sus planes, no vinieron para eso”.

Precisamente esa realidad es la que trata La duda y Perro Bomba: la hostilidad de ser inmigrante en un país como Chile. Pese a eso, Steevens Benjamin no se pierde y dice: “Estoy entre los dos países; soy haitiano y no me puedo perder esa cultura y tampoco la cultura chilena. Acá llevo harto tiempo”.

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