Los cambios y polémicas que han enfrentado los laboratorios tras las vacunas contra el COVID-19

Moderna, AstraZeneca, Pfizer y Gamaleya están cerca de marcar un hito con la obtención de una inyección contra el coronavirus en tiempo récord. Cada una tiene su historia particular y representa a diversos intereses.

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Las polémicas que han enfrentado los laboratorios tras las vacunas contra el COVID-19
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Los grandes laboratorios de todo el mundo están trabajando para obtener en tiempo récord vacunas que permitan controlar la pandemia del coronavirus, en una carrera que tiene a cuatro compañías con una importante ventaja.

Las estadounidenses Moderna y Pfizer; la británica-sueca AstraZeneca y el Instituto Gamaleya de Rusia están tomando la delantera en la carrera por tener una inyección que dé inmunidad a gran parte de la población mundial, lo que dejaría atrás las pérdidas en vidas y en recursos económicos que ha dejado la circulación del COVID-19.

Cada empresa o institución involucrada en los proyectos tiene una historia particular, marcada por la evolución tecnológica, los cambios y las polémicas, las que se enmarcan dentro de una industria farmacéutica que siempre está bajo diversos cuestionamientos. También responden a diversos intereses geopolíticos vinculados a los gobernantes de turno.

Los positivos resultados de las fases de ensayos clínicos y las aprobaciones de emergencia de las entidades reguladoras harán que cada una de las sustancias desarrolladas por estas organizaciones esté disponible al menos a mediados del próximo año. Allí tendrán su prueba de fuego, ya que se comprobará su real aporte para la ciencia y la medicina mundial.

El ARNm de Moderna

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La sede de Moderna. (Foto: Moderna)

El Laboratorio Moderna fue creado en 2010 como una empresa biotecnológica centrada en el estudio del ARN mensajero (ARNm), método de vacunación que se basa en una modificación genética y que se aleja al desarrollo tradicional, basado en la inyección de virus inactivos.

Tiene su sede en Cambridge, en el estado de Massachusetts, y durante su década de historia ha participado de diversas investigaciones para poner a prueba su tecnología, algunas con cierto éxito y otras con resultados menos auspiciosos.

Su ingreso a la experimentación vinculada al COVID-19 surgió tras una asociación con la empresa suiza Lonza Group. El proyecto contó con la participación de la Universidad de Vanderbilt, que ofreció su plataforma para el control y reclutamiento de voluntarios.

En agosto, el gobierno de Estados Unidos firmó un contrato de 1.500 millones de dólares para la entrega de 100 millones de dosis de la vacuna experimental. Anteriormente, la administración del republicano Donald Trump le había dado un respaldo financiero de 955 millones de dólares.

De todos modos, gran parte de la iniciativa corresponde a capitales privados y donaciones. Una de las más llamativas fue la de la famosa cantante de country y pop Dolly Parton, quien entregó un millón de dólares para el proyecto.

De la pastilla azul a la vacuna

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Las oficinas de Pfizer en Nueva York. (Foto: Coolcaesar/Wikimedia Commons)

Pfizer es uno de los laboratorios más conocidos por el público en general, ya que más allá del desarrollo de vacunas se ha dedicado a producir diversos medicamentos disponibles en farmacias, los que de alguna manera han cambiado la historia del sistema de salud mundial.

La empresa fue fundada en 1849 en la ciudad de Nueva York por los inmigrantes alemanes Charles Pfizer y Charles Erhart. Durante sus 170 años de existencia ha tenido algunos hitos en la industria, siendo uno de los más reconocidos el desarrollo del viagra, la famosa pastilla azul contra la disfunción eréctil que marcó un antes y un después en la vida sexual de los hombres adultos mayores.

En los últimos años la compañía había enfrentado varias controversias y una grave crisis financiera. En 2018 se reportaron diversos problemas con el etiquetado y el precio del antídoto contra alergias de emergencia EpiPen, el que desarrolló junto con la compañía Mylan.

En 2014, la empresa compró la farmacéutica Hospira, en una apuesta por la distribución de bioequivalentes que no rindió resultados. Las pérdidas económicas llevaron al cierre de plantas en India y a la aplicación de otro tipos de recortes.

Durante este año, y con la pandemia desatada, la firma se volcó al desarrollo de una vacuna en asociación con la consolidada compañía de biotecnología alemana BioNTech. El proyecto ha tenido un rápido avance y un financiamiento sólido, con grandes aportantes como la fundación encabezada por Bill Gates, el fundador de Microsoft.

Los socios de Oxford

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Las oficinas de AstraZeneca en Reino Unido. (Foto: D Wells/Wikimedia Commons)

AstraZeneca es una empresa británica, pero que tiene orígenes ligados a Suecia, específicamente en la compañía Astra AB. Esta firma, dedicada principalmente a la medicina, se fusionó en 1999 con la empresa inglesa Zeneca Group plc, la que surgió tras la segregación de sus negocios agrícolas.

En los últimos 20 años la empresa ha vivido diversos cambios, que la transformaron en una de las principales farmacéuticas del planeta. Actualmente, tiene su sede de operaciones en la ciudad de Cambridge, en Reino Unido, y cuenta con plantas de producción en varios países, entre ellos Argentina.

Durante su historia, AstraZeneca ha enfrentado diversas controversias por el desarrollo de sus medicamentos. La más grave ocurrió en 2010, cuando recibió diversas denuncias por los efectos secundarios del Seroquel, prescrito en casos de esquizofrenia y trastorno bipolar.

Los pacientes afectados afirmaron que el remedio les trajo una serie de efectos secundarios como diabetes y sobrepeso. A esto se sumó un supuesto ocultamiento de los resultados de su etapa de pruebas. Finalmente, la empresa terminó pagando una indemnización de 198 millones de dólares a los afectados.

Ante la crisis del COVID-19, el laboratorio se asoció con la prestigiosa Universidad de Oxford para desarrollar una vacuna. Entre sus fuentes de financiamiento encontró un aporte de mil millones de dólares de parte de la Autoridad de Investigación y Desarrollo Biomédico Avanzado de Estados Unidos (BARDA, por su sigla en inglés).

El impulso adelantado de los rusos

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La sede del Instituto Gamaleya. (Foto: Google Street View)

La Sputnik V es una de las vacunas más controversiales, ya que a diferencia del trabajo del resto de los laboratorios, ya está totalmente aprobada por el gobierno de Rusia.

Los encargados de la iniciativa, que cuenta con el respaldo total de parte del gobierno de Vladimir Putin, están en el Centro Nacional de Investigación de Epidemiología y Microbiología Gamaleya, recinto que fue fundado en 1891 y que fue nacionalizado en 1919 tras la revolución rusa.

El centro -que fue bautizado en honor al microbiólogo Nikolái Gamaleya– trabajó en 2017 en el desarrollo de una vacuna en contra del ébola, la que fue enviada a Guinea, en África Occidental.

Al ser una institución pública y completamente dependiente de la administración Putin es apuntada de operar supuestamente con objetivos geopolíticos, tomando en cuenta la estrategia reconocida públicamente por funcionarios rusos, quienes admitieron que están en una “carrera espacial” con los laboratorios y países occidentales que están trabajando con sus propias vacunas anti COVID-19. 

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