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Opinión

5 de octubre: el día en que el Sí comenzó a consolidar su triunfo ideológico

5 de octubre: el día en que el Sí comenzó a consolidar su triunfo ideológico 5 de octubre: el día en que el Sí comenzó a consolidar su triunfo ideológico

"Por esto es que la derecha política y económica no encuentra relevante el 5 de octubre. O más bien lo encuentra relevante de otra forma: a partir de ese día comenzó a pensarse una democracia cómoda para su relato".

Francisco Méndez

Por


Columnista.

Es cierto que el 5 de octubre es una fecha digna de ser celebrada por todo el que crea en la democracia. La forma en que se logró que Pinochet no se perpetuara como jefe de Estado fue realmente ejemplar, no solo por haber ido a votar para decirle NO a su dictadura, sino también porque antes de ese día hubo todo un proceso de protestas, articulación política y construcción de una idea. Cabe recordar que en esos años hubo quienes volvieron a hablar entre ellos y dejaron de lado sus profundas diferencias; como también quienes olvidaron sus sueños y las formas en que estos deberían ser realizados, para lograr una realidad: sacar al dictador de La Moneda.

Dicho esto, creo que vale la pena también no idealizar esta fecha justamente por esa realidad que se consiguió. Si bien el militar salió del poder el 11 de marzo de 1990 como estaba previsto, lo cierto es que entre el 5 de octubre y la entrega de la banda presidencial, hubo un proceso en el que la institucionalidad de la dictadura fue legitimada. ¿Qué significaba esto? Que Pinochet no dejaría realmente de ejercer su influencia, sino que se quedaría hasta 1998, como así lo hizo, en la Comandancia en Jefe, como un guardián de lo que había construido junto a un grupo de empresarios y economistas que fueron su sustento ideológico.

Si bien el pueblo había decretado que debían terminarse las muertes y la represión, el relato político y económico dictatorial había logrado convertirse en el “marco de acción” en el que debía moverse la Concertación. Por lo tanto, lo que seguía hacia adelante no era realmente una transición hacia una democracia madura, sino que una lógica transicional que pretendía ser la forma en que se desarrollara la realidad democrática por siempre. Y prácticamente así ha sido.

Uno podría buscar responsabilidades y preguntarse por qué sucedió esto. Los más ultrones tienden a llamar inconsecuentes a quienes pactaron con el régimen, tratándolos de traidores por haber traicionado sus “ideales”. Pero lo cierto es que el gran ideal de la Concertación era la democracia. Los debates ideológicos y las discusiones sobre el futuro solamente tenían como único objetivo las formas y no el fondo; es decir: cómo no desarticularse ni romper fuerza. Lo otro podía esperar. Y se esperó tanto que, gracias al miedo, se logró construir una manera de hacer política que luego se transformó en un discurso conveniente para no cambiar lo que ya, con el paso de los años, se consideraba un legado propio.

Por esto es que la derecha política y económica no encuentra relevante el 5 de octubre. O más bien lo encuentra relevante de otra forma: a partir de ese día comenzó a pensarse una democracia cómoda para su relato. Fue una derrota electoral que trajo consigo una tremenda victoria ideológica y económica, por lo que hoy no es tan difícil condenar someramente la brutalidad de la dictadura y hacer como si no se supiera lo que se sabía, ya que el objetivo principal de toda esa masacre estaba cumplido.

¿Qué quiero decir con esto? Que pedirle un verdadero reconocimiento a la derecha sobre lo sucedido es una pérdida de tiempo. ¿Por qué? Porque para ellos el hecho mismo de la dictadura y la represión que trajo consigo, ya no es tan relevante debido a que todo lo que esta dibujó se transformó en realidad.

Con una que otra variación obvia, debido al mundo político que condujo la transición, las estructuras económicas fueron las mismas, agregando el hecho nada de menor de que los opositores al régimen manejaron mejor que sus creadores el modelo chileno, logrando avances en materia de pobreza nada de despreciables. Por lo que haber o no apoyado a Pinochet, a estas alturas, para ellos no es más que un tema moral que no logra socavar la victoria en todo otro ámbito.

¿Estoy diciendo con esto que no hay diferencia entre haber votado de una u otra forma? Claro que no. En ese entonces haber siquiera pensado en perpetuar las atrocidades era una atrocidad en sí misma, por lo que no se justifica haber apoyado al dictador. Lo que me parece importante recalcar, en cambio, es que reducir al régimen solamente hasta la fecha que terminó, no solo es mentir, sino que también no saber nada de historia o transformarla. Y ciertos opinólogos y bastantes medios han incurrido en esas faltas por estos días.

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