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Opinión

¡A trabajar por Chile!

¡A trabajar por Chile! ¡A trabajar por Chile!

La impaciencia política es propia de quienes teniendo buenas ideas e intenciones, y notables capacidades, se atolondran en la fila por poner su energía sobre la mesa para deslumbrar al líder; por su parte, la inexperiencia política es la expresión más genuina de la ansiedad de quienes se sorprenden de haber llegado donde anhelaban

Geoconda Navarrete Arratia

Por


Intendente Regional de Aysén

Durante su gira por Antofagasta, el Presidente Sebastián Piñera envió una señal potente e inequívoca, en términos de la unidad esperable al interior de nuestra coalición gobernante, al expresar que a tres meses de su regreso a La Moneda ve “con mucha satisfacción cómo los gobiernos regionales encabezados por sus intendentes han asumido su misión, su tarea, su responsabilidad, con lealtad, con vocación, con compromiso y lo más importante, con eficacia”.

Desde una perspectiva conformista, esas solas palabras bastarían para sentirnos conteste, pero a renglón seguido somos conscientes que el país entero, nuestras regiones, cada comuna, cada persona, esperan el máximo de nuestro esfuerzo, al límite de nuestras fuerzas. La eficacia –como sostenía un slogan– se mide por los resultados. Al cabo de cuatro años, nuestra gestión será medida por sus resultados; serán los ciudadanos quienes nos saquen al pizarrón pidiéndonos cuenta de lo que hicimos, o dejamos de hacer por ellos.

¿Qué sentido tendría entonces enrarecer el ambiente apenas comenzado nuestro andar con descalificaciones, zancadillas, desconfianzas, desunión, como las que por estos días han alimentado el morbo público, sino reflejar un poco de impaciencia, incluso, enorme inexperiencia? La impaciencia política es propia de quienes teniendo buenas ideas e intenciones, y notables capacidades, se atolondran en la fila por poner su energía sobre la mesa para deslumbrar al líder; por su parte, la inexperiencia política es la expresión más genuina de la ansiedad de quienes se sorprenden de haber llegado donde anhelaban, sin saber cómo poner en valor sus proyectos y promesas. En ambos casos, el desatino y la desorientación ocupan el espacio público. Nada bueno puede salir de aquello.

Hemos asumido nuestra misión de trabajar por nuestras regiones, lo hemos hecho con responsabilidad política y administrativa, conjugando gobernabilidad y gobernanza; siendo leales con la confianza depositada en nosotros por el Presidente de la República, pero también con la ciudadanía que a través del diario contacto en estos 90 días, valora y reconoce el trabajo desplegado en los territorios; tenemos la vocación y hemos asumido el compromiso de sacar adelante a nuestro país para llevarlo al lugar donde merece estar en el mundo moderno. ¿Por qué habría de ser tan difícil conseguir tan noble objetivo?

No es tiempo de poner el individualismo y la mezquindad al frente, es tiempo de trabajar y demostrar nuestras capacidades. El ethos donde hoy nos movemos no es el patio de nuestras chiquilladas adolescentes un tanto irresponsables, es un mundo complejo y exigente que no admite mediocridades.

No son tiempos de autocomplacencia, de palmoteo obsecuente o amiguismo cómplice. Si se cometen errores, incluso, su extremo más grave, como es la comisión de algún delito, no cabe sino reconocer ese trago amargo que nadie quiere beber, y levantar la cabeza para demostrarle a cada ciudadano que la impunidad no tiene cabida en nuestro actuar. Como Ejecutivo nuestra tarea es resolver problemas, dotar al país y a las personas de las mejores condiciones y herramientas para su crecimiento y desarrollo.

La mejor brújula para navegar es la unidad, no solo como Chile Vamos, sino como chilenos, incluidos los extranjeros que eligieron esta tierra para vivir. En esto mantenemos una cohesión irrestricta que, aunque algunos en vano intenten fisurar, es demasiado fuerte. Fortaleza que este Gobierno consiguió en las urnas, el único censor cívico válido. El mensaje presidencial desde Antofagasta a todos los chilenos es simple: “Dejemos atrás las pequeñeces, las rencillas que no conducen a ninguna parte y comprendamos que es mucho más lo que nos une, que lo que nos divide”. Chile nos agradecerá esa actitud resuelta.

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