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Opinión

Casco para ciclistas: ¿realmente salva vidas?

Casco para ciclistas: ¿realmente salva vidas? Casco para ciclistas: ¿realmente salva vidas?

"El casco para ciclista correctamente ajustado reduce el riesgo de lesión en la cabeza hasta un 85% y el de lesión cerebral en cerca de un 88%...".

Claudia Rodríguez T.

Por


Matrona, docente y directora ejecutiva de la ONG No Chat. Vicepresidenta del Consejo de la Sociedad Civil del Ministerio de Transportes y miembro de Red Ciudad Futuro.

En los últimos años, el uso de la bicicleta ha aumentado a grandes pasos y se ha insertado en la cultura de nuestro país, ya sea como medio de transporte, deporte o recreación. Se calcula que en Santiago se realizan 1,2 millones de viajes diarios en bicicletas, con cerca de 300 kilómetros de ciclovías en la región Metropolitana.

Por lo mismo, los ciclistas están más expuestos a mayor riesgo de siniestralidad porque comparten el espacio vial con automóviles, buses o camiones que los hacen menos visible. La ley de Convivencia Vial abrió recientemente la discusión sobre la obligatoriedad y la eficacia del casco en los ciclistas.

Ante ello, cabe preguntarse: ¿es el casco un elemento que reduce la mortalidad del ciclista o evita lesiones mayores ante un siniestro? Los traumatismos causados por el tránsito constituyen un importante problema de salud pública y son una de las principales causas de muerte y lesiones en todo el mundo. Cada año aproximadamente 1,2 millones de personas mueren en colisiones en la vía pública

El National Highway Traffic Safety Administration (NHTSA) señala que el casco para ciclista correctamente ajustado reduce el riesgo de lesión en la cabeza hasta un 85% y el de lesión cerebral en cerca de un 88%. Lo que no se puede definir con precisión es el porcentaje de mitigación del trauma en cada caso, ya que va a depender del tipo de casco, material, forma e instalación de él y por otro lado las características propias del siniestro. Pero lo que se debe tener presente es que el casco absorbe parte de la energía y disminuye la transferencia de ella al cráneo disminuyendo el riesgo interno.

Es importante señalar que el uso de casco en los ciclistas infantiles no debe ser cuestionable en ningún momento, porque no existen dudas en que reduce la incidencia de sufrir traumatismos craneales en un 63% y la pérdida de conciencia en un 86%.

El uso del casco en la mitigación de la transferencia de energía frente al trauma tiene el respaldo de la evidencia y experiencia. Según especialistas que reciben en la urgencia a pacientes con traumas intracraneales diariamente producto del no uso de casco, existe una diferencia importante en la sobrevivencia o manejo de la lesión en pacientes que sí usaban ese elemento al momento del siniestro, cambiando el pronóstico, manejo y calidad de vida posterior.

Por otro lado, no se debe olvidar que ante todo siniestro están los costos sociales elevados que asumen las víctimas y sus familias, en parte porque generalmente esos traumatismos requieren atención especializada, hospitalización y recuperación a largo plazo.

La discusión final se debe centrar en el individuo y en cuántas vidas se salvan incorporando como medidas de autocuidado el uso de casco u otros elementos protectores. No se puede centrar la discusión en que el uso del casco no sirve o es dudosa su utilidad.

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