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Opinión

Cuando entendamos que un país inclusivo no se resume en “27 horas de amor”

Cuando entendamos que un país inclusivo no se resume en “27 horas de amor” Cuando entendamos que un país inclusivo no se resume en “27 horas de amor”

"Ser discapacitados es un problema que sufre una persona y su entorno más cercano muchas veces, pero el no ser un país inclusivo es un problema que depende de todos".

Carolina Santa Cruz

Por


Periodista de la Universidad de Los Andes.

Han pasado algunos días desde que se realizó una nueva jornada de la Teletón, en la cual se logró llegar nuevamente, con mucho esfuerzo a la meta propuesta. Sin embargo, es en estos momentos cuando nos preguntamos, ¿realmente somos un país inclusivos? La respuesta es no.

La Teletón nos recuerda una vez al año que existen miles de persona que sufren algún tipo de discapacidad en nuestro país y nos muestra lo difícil que es salir adelante. Todos los años, en estas fechas nos llenamos la boca diciendo que donamos plata para tan linda cruzada, las diferentes marcas hacen grandes campañas publicitarias para que la gente prefiera comprar en sus tiendas y sus productos antes que en la competencia, nos hacen ver que de esa forma estamos ayudando a una buena causa. Sí, es verdad que esto ayuda a miles de niños a rehabilitarse, eso no está en duda, porque que aún exista gente que piense lo contrario, doy fe de que sí es así. Pero, ¿qué pasa con esa solidaridad y nuestro “espíritu inclusivo” el resto del año?

Los chilenos vivimos pidiendo cosas. Somos buenos en pedirle al gobierno de turno que realice diferentes reformas para que tengamos una vida mejor, vivimos esperando la creación de leyes para saber de qué manera podemos hacer las cosas, queremos que un tercero nos ayude a solucionar nuestros problemas. Sin embargo, puedo decir con conocimiento de causa que las personas con discapacidad no esperan la creación de una ley para que su vida mejore, no esperan la creación de nuevas reformas del próximo gobierno, pero si esperan contar con un tercero que los ayude a tener una vida más simple, esperan contar con TÚ colaboración. En esto, apunto a algo tan simple como el sentido común, algo que generalmente muchos olvidan.

Porque los dueños de restaurantes deben esperar que una ley les indique que sus locales tienen que contar con rampas (las cuales muchas veces son una total vergüenza), o que lo baños deben estar en el primer nivel,- ya que llegar con un discapacitado a un segundo piso a veces es todo un desafio-. Porque la gente espera que le saquen un parte por usar el estacionamiento de discapacitados (los cuales dicen claramente que no son uso de todo público), o los utilizan pensando que no llegará nadie que los necesite, o lo típico que uno puede escuchar: “solo me baje por cinco minutos”. Qué pasa con ese “espíritu de inclusión” que supuestamente todos tenemos cuando vemos a una persona en silla de ruedas y no lo ayudamos porque estamos cortos de tiempo, o peor, porque a veces lo vemos acompañado pensamos que no nos necesita.

Las grandes marcas no se quedan atrás, les gusta estar presente en esta cruzada solidaria como es la Teletón. Pero, ¿qué pasa en su día a día?, ¿en sus mismas tiendas?, las que no cuentan con pasillos aptos para las sillas de ruedas, que tienen ascensores escondidos en el último rincón o simplemente no tienen, cajas muy altas las que no permiten que un discapacitado pague con total normalidad, porque les afirmo: desde una silla de ruedas no se ve la máquina de Transbank.

Nuevamente me pregunto, qué pasa con nuestro “espíritu inclusivo” cuando utilizamos la fila de discapacitados porque está más vacía, nos subimos al ascensor en el metro porque pensamos que la gente en una silla de ruedas no van a salir de sus casas.
Les respondo: a nosotros, es decir, los no discapacitados, no nos pasará nada, simplemente nos ayudará a realizar las cosas más rápidas, más eficientes, en menor tiempo y muchas veces de forma más cómoda, pero no nos cambiará nuestra vida. Pero les digo con seguridad, esos pequeños detalles sí marcan la vida de un discapacitado. Ellos no se estacionan en el lugar que les corresponde para llegar más rápido a donde quieren ir, la fila de discapacitados no es porque ellos quieran hacer los trámites ante que tú, un baño adaptado, no es porque no les guste utilizar los otros. Ellos lo hacen para tener su vida un poco más fácil. Estos detalles sí los marcan, sí les cambian la forma de desenvolverse y aun que muchas veces ellos tengan las ganas de rehabilitarse y volver a ser parte del mundo, somos nosotros mismos, los no discapacitados, los que les cortamos las alas al pasar sobre estas cosas.

No hablo del tema sin conocerlo. Vivo en mi día a día de cerca con un discapacitado, hace poco más de un año, y todavía me cuesta entender dónde queda este “espíritu inclusivo” que supuestamente todos los chilenos tienen en el día a día. Son contadas con los dedos de una mano las veces que he recibido ayuda de un tercero en la calle. Muchas veces la gente te ve armando y desarmando la silla de ruedas, subiendo en brazos a un auto, a la silla o donde sea a la otra persona, entrando con mucha dificultad a lugares públicos, tratando de hacerse un espacio en algunas tiendas y nadie ofrece ayuda, simplemente muchos se dedican a mirar con cara de tristeza o algo complicados tratando de apartar la vista.

Esto me hace pensar, que va a pasar con mi hermana el día que salga y haga su vida totalmente sola, ¿alguien de verdad la ayudará cuando ella lo necesite? No obstante, a la gente que sí le gustaría acercarse y no lo hace porque no sabe cómo ayudar, le digo que lo haga. Ninguno de los que estamos insertos en el mundo de un discapacitado nació sabiendo, todos tuvimos que aprender cómo ayudarlos y adaptarnos a esta realidad.

Ser discapacitados es un problema que sufre una persona y su entorno más cercano muchas veces, pero el no ser un país inclusivo es un problema que depende de todos. No esperemos a que se creen leyes, reformas o un año más para una nueva versión de la Teletón, usemos el sentido común en nuestro que hacer del día a día. Esos pequeños detalles que para nosotros, los no discapacitados, son irrelevantes para ellos son una gran diferencia.

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