Opinión

De los titulares de buenas intenciones a políticas solidas en envejecimiento y vejez

De los titulares de buenas intenciones a políticas solidas en envejecimiento y vejez De los titulares de buenas intenciones a políticas solidas en envejecimiento y vejez

"La tarea debe responder a políticas de magnitud y con enfoque de género que trasciendan la asistencialidad y comprendan el enfoque de género, para no perpetuar las desventajas de la mujer frente al cuidado familiar y no acrecienten el empleo precario".

Paula Forttes Valdivia

Por


Gerontóloga y Directora de Comunidad Mayor

Hace unos días leí sobre la voluntad del Gobierno de intervenir en la realidad de las pensiones y sobre el envejecimiento de la población, orientando a un envejecimiento activo o positivo según se quiera, también sobre la institucionalidad y los cuidados.

En primer lugar es importante destacar que es una urgencia dicha intervención, las actuales cifras nos muestra la magnitud de la tarea.

Según la encuesta Casen en 1990 la población sobre 60 años de edad era algo más de un millón trecientas mil personas. Un cuarto de siglo después, se ha más que duplicado, con una cifra que supera los 3 millones de adultos mayores, representando el 17.5% del total de la población chilena; envejecemos como sociedad y de manera acelerada desde el 2000. Si en 1990 había una tasa de 35.4% de adultos sobre los 60 años por cada 100 menores de 15 años, el 2015 la tasa es de un 80,6%.

Sumado a lo anterior y ya lo he detallado en columnas previas, el envejecimiento tiene rostro de mujer. A partir de los 60 años de edad por cada 100 hombres hay 125 mujeres y desde los 75 años de edad por cada 100 hombres hay 158 mujeres.

El envejecimiento en la sociedad no es un problema de pobreza en sí mismo, el envejecimiento recorre transversalmente todos los segmentos, pero claramente el binomio pobreza y vejez suele configurar un escenario perverso, si observamos el segmento de mayores según estratificación podemos encontrar que cerca de 88% se encuentra en sectores medios y de éstos el 40% en condiciones de vulnerabilidad económica, la pobreza no es más aguda en la vejez, pero la vulnerabilidad sí.

Es de acuerdo a lo anterior, que pensar en las pensiones es fundamental, dado que el primer peldaño de protección social en mayores lo configura la seguridad de los ingresos; más allá de mejorar las pensiones básicas no contributivas habría que abrir la propuesta del gobierno a las pensiones contributivas que de no ser mejoradas terminarán a la par de las solidarias, lo que no pareciera justo desde la perspectiva de la contribución.

Respecto del envejecimiento activo o positivo, parece fundamental fortalecer la protección social desde todo el ciclo vital, la vejez tiene mucho de resumen de vida y si ya contamos con políticas de protección a la infancia, desde ese piso debemos avanzar hacia la vejez y en ella misma.

Frente a las políticas de cuidado que deben ser desarrolladas, una estructura social como la descrita muestra que, con excepción de la reducida población de mayores de altos ingresos que pueden obtener sus servicios en el mercado, el sector de adultos mayores que está en condiciones de pobreza y el vasto contingente de población envejecida en condiciones de vulnerabilidad perteneciente a los sectores medios dependen en gran medida -si no exclusivamente-, del soporte de sus familias (mayormente de las mujeres de dichos hogares). Por tanto, la tarea debe responder a políticas de magnitud y con enfoque de género que trasciendan la asistencialidad y comprendan el enfoque de género, para no perpetuar las desventajas de la mujer frente al cuidado familiar y no acrecienten el empleo precario.

Sumado a lo anterior se requiere definir servicios de atención a la dependencia, normarlos para asegurar la garantía de derechos y el enfoque centrado en la persona. Con esto la institucionalidad en la que descansen deberá ser definida, convirtiéndose en una tremenda oportunidad para el Servicio Nacional de Mayores., SENAMA.

Todo lo anterior supone un acuerdo social, un pacto social que se sustente en la solidaridad y en la sostenibilidad fiscal, pero también en medidas que trasciendan las voluntades. Esto es un sistema de protección social en la vejez que se configure como derechos, que tienda a asegurar ingresos en la vejez de manera universal con un piso de ingresos garantizados; en la actualidad dos tercios de las pensiones se encuentran por debajo del salario mínimo.

En segundo lugar debemos asegurar un piso mínimo en salud, vivienda y uso del tiempo libre, complementado con definir roles de participación para los mayores, roles aún ausentes en materia post jubilatoria. Esto es lo que en verdad puede prevenir deterioros anticipados y promover ese tan utilizado y tan vacío de contenido, “envejecimiento positivo”.

En materias de cuidados resulta fundamental recoger la heterogeneidad del segmento, las especificidades de género y los aspectos culturales de quienes se espera atender, aquí no son solo los mayores, también las mujeres que cuidan se deben transformar en foco de atención.

Finalmente, resulta indispensable conocer quiénes serán los responsables de la tarea, su estructura, institución o instituciones y financiamiento, entre otras. Cuál será el rol de las familias y del Estado, de la comunidad y del mercado. Cómo aseguraremos proveer el recurso humano calificado y las normas que aseguren servicios de calidad.

Hoy el Gobierno ha manifestado la voluntad, esperamos que se dimensione la tarea y se establezcan las discusiones pertinentes para un abordaje que trascienda el slogan, porque es una tarea urgente pero de una magnitud relevante que requiere de un abordaje de contenidos y definiciones que desgraciadamente aún está ausente.

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