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Opinión

¿De qué hablamos cuando hablamos de Pago Oportuno?

¿De qué hablamos cuando hablamos de Pago Oportuno? ¿De qué hablamos cuando hablamos de Pago Oportuno?

"Por eso es necesaria una “cultura Pro PYME” que no se quede sólo en slogans, ni en leyes o plazos de pagos y que sea parte del trato económico – social en que nos movemos".

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Ingeniero Comercial, mención economía de la U. de Chile; especialista en finanzas para pequeñas y medianas empresas. Ha sido fundador y gerente general de variados emprendimientos y actualmente es Director Ejecutivo de Efectivo.cl, empresa de asesoría financiera para empresas.

26 de Diciembre de 2018

Estamos ad-portas de una ley que además de ser largamente esperada por los emprendedores, es, sin dudas, un aporte a la dinamización de la economía y pone el énfasis en el sector que más lo necesitaba, para tratar de emparejar la cancha entre grandes y chicos.

Quizás, quien nunca ha emprendido, no logra dimensionar los mayores costos que tiene para una empresa el no contar con los pagos de forma oportuna, incluso los ejecutivos de empresas grandes tampoco deben ser del todo conscientes del daño que hacen al demorar los pagos más allá de lo razonable – y aquí la definición de razonable es simple: 30 días –. Peor aún, cuando los plazos de pagos se eternizan de parte del sector público, principalmente por municipalidades mal administradas.

Veamos un ejemplo muy sencillo, para que todos sepan de qué hablamos los emprendedores cuando pedimos pago oportuno:

Por cada $1.000.000 que una empresa G (grande) se demora en pagar a una empresa P (pequeña), ésta se ve obligada a buscar financiamiento a un costo más alto que el que tendría la empresa G en el mercado financiero, por lo que ya hay una ineficiencia clara. Suponiendo que la empresa P logra financiamiento a una tasa del 2% mensual, en 90 días de plazo, P tendrá un costo adicional de $60.000, en beneficio de la empresa G, que equivalen a un 6% de las ventas; si suponemos un margen de operaciones de un 20%, la empresa G se está quedando con un 30% del margen operacional de P. ¡Es más que la tasa del impuesto a la renta!

Como estos malos pagadores no cumplieron con su parte del trato económico – social en que nos movemos, se debió imponer una ley que los regule.

LO BUENO

Estas nuevas condiciones impedirán que empresas escondan sus ineficiencias a través del financiamiento gratuito que obtienen de las pequeñas empresas, cargándoles a estas el costo que debieron asumir. Por lo tanto, los negocios son más eficientes y rentables.

Habrá más dinamismo, ya que las PYMES´s tendrán capital de trabajo disponible para mantener o incrementar su producción y venta, es esperable entonces un aporte al crecimiento económico.

Se entrega una certeza muy valiosa para el emprendimiento, porque en la actualidad muchas veces no se sabe cuando el cliente grande hará el pago y si dice a 60 días, eso se entiende como que a partir de ese día se puede empezar a preguntar por el pago, que probablemente se haga efectivo en 15 días más. Esto permitirá una mejor planificación y gestión de los recursos.

LO MALO

Si bien en todos los aspectos el escenario es mejor al que teníamos hasta ahora, preocupa la dilación de la entrada en vigencia para los pagos que deben hacer municipalidades y la salud pública. Son 29 meses de plazo en un sector donde hay muchas instituciones muy malas pagadoras. Los emprendimientos con estos clientes deberán seguir esperando.

LO QUE HAY QUE TENER CUIDADO

El proyecto aprobado parece ser claro en cuanto a no dejar espacios para subterfugios en la observación de la ley, sin embargo, si el convencimiento de que esta ley es justa y necesaria, no llega a las grandes empresas y más específicamente a sus dueños (muchos de ellos también emprendedores) y ejecutivos, podrían encontrar la manera de evitar el cumplimiento del espíritu de la ley, ya sea demorando la autorización para emisión de facturas, presiones informales, abuso de las excepciones contempladas o lo que se les ocurra.

También hay que tener cuidado en que esta ley no se convierta en un arma de doble filo para las PYMEs, ya que al regular sólo los plazos de pago de grandes empresas a pequeñas y medianas, se abre una brecha para que las grandes compañías prefieran trabajar sólo con las de su tamaño, lo que sería desastroso.

Por eso es necesaria una “cultura Pro PYME” que no se quede sólo en slogans, ni en leyes o plazos de pagos y que sea parte del trato económico – social en que nos movemos.

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