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Opinión

Después de la Gran Reclusión: ¿Recuperación económica en U, V, W o L?

Después de la Gran Reclusión: ¿Recuperación económica en U, V, W o L? Después de la Gran Reclusión: ¿Recuperación económica en U, V, W o L?

"Afortunadamente la Historia nunca se repite y hay diferencias entre el Chile de hoy y ayer, partiendo por tener hoy una posición financiera más sólida que antaño (bajo endeudamiento y fondos de reserva importantes)".

10 de Mayo de 2020

Es ya indiscutible que nos adentramos en la peor recesión de que se tenga memoria. Ante la abrumadora evidencia, baste citar solo dos circunstancias de los últimos días. En Europa, el Banco de Inglaterra, quizás uno de los bancos centrales más antiguos del mundo, prevé que el Reino Unido tendrá la recesión más rápida y profunda en 300 años, con una contracción del producto del 3% durante el primer trimestre y de 25% durante el segundo. En Estados Unidos, el desempleo alcanzó en abril el 14,7% de la fuerza laboral, siendo despedidas, solo ese mes, casi 21 millones de personas. Para apreciar la magnitud de este impacto, en febrero recién pasado el desempleo representaba el 3,5% y la economía llevaba un récord de 113 meses creando empleo. Otra referencia de magnitud es que, durante la crisis subprime, la cesantía se empinó a un máximo del 10% de la fuerza laboral en octubre de 2009, con 8,7 millones de puestos de trabajo perdidos, cifra que contrasta con lo referido del mes de abril y 33 millones en las últimas siete semanas.

Como en las guerras, se sabe cuándo comienzan las recesiones (técnicamente 2 trimestres de contracción del producto), pero no cuando terminan. La economía no es una ciencia exacta porque dice relación con las personas y su comportamiento, lo que implica una ecuación de innumerables variables, que son además dinámicas. Pero como todo mal tiempo, pasará. Las preguntas más relevantes que nos hacemos todos, es en cuánto tiempo y en qué condiciones. Ambas variables, más allá de las frías cifras que a nivel del conjunto pueden verse mejores o peores, implican consecuencias reales en las vidas de las personas y de los países. Es por lo tanto muy importante barajar los distintos escenarios que se podrían producir, tanto para que los estados tomen las medidas más adecuadas de mitigación de las consecuencias, como de impulso para la recuperación.

En tiempos de tanta incertidumbre, creo que hay al menos 2 condiciones que todo gobierno debe respetar sagradamente si quiere preservar la confianza y cohesión de la población. Lo primero, es la transparencia. Por más duras que sean las circunstancias, deben comunicarse y dejarse en evidencia. Las malas noticias siempre se conocen y son peores si no se comunican por quien corresponde oportunamente. Por eso contar con información veraz y oportuna será uno de los pilares para capear el temporal y tomar las medidas más adecuadas. En segundo término y muy relacionado con lo anterior, es asumir (y actuar en consecuencia) que de esta grave coyuntura se debe salir actuando unidos, velando por los más débiles para que nadie quede a la vera del camino. Las sociedades que mejor logren esto debieran ser las que salgan más fortalecidas.

¿Qué dicen los economistas sobre la naturaleza de la recuperación? Como era de esperar, hay distintas visiones, las que además se van ajustando según el derrotero de la crisis. Pero podemos reseñar al menos las siguientes:

Recuperación en V: concierne más a los países desarrollados, por la combinación de las trillonarias medidas contracíclicas con el peso de sus economías, las que en teoría mantienen sus capacidades productivas intactas. De acuerdo al propio Banco de Inglaterra, el rebote económico debiera comenzar a partir del tercer trimestre del presente año, y también según su pronóstico, el proceso debiera significar un daño en el largo plazo de “solo” 1,5% del PIB. El desempleo probablemente empezará a bajar a partir del 2021.

Recuperación en U: aquellos que son más pesimistas ven una superación más lenta de la crisis. Argumentan que la posibilidad real de pasar por varias fases de cuarentena y sus efectos disruptivos, demorará la recuperación. En esa óptica, la economía global podría pasar un par de años en el pozo antes de remontar.

Recuperación en W: con el mismo argumento de oleadas sucesivas y recurrentes de brotes epidémicos, la economía podría repetir los ciclos de contracción y crecimiento durante los próximos 2 a 3 años, aunque con el segundo ciclo menos brutal.

Recuperación en L: este vendría a ser el peor escenario y es el que amenaza a los países menos desarrollados y dependientes de pocas fuentes de ingreso. Una abrupta caída seguida de un marasmo que podría durar muchos años.

Evidentemente que no da lo mismo cuál escenario prime. Quienes apuesten por la tesis de la recuperación en V, inyectarán el máximo posible de recursos en el corto plazo asociado a medidas de estímulo. En cambio, quienes vislumbren las otras alternativas, y particularmente el escenario “L”, deberán administrar los recursos de manera diferente, así como pensar en medidas de más largo plazo.

¿En qué escenario podemos situar a Chile? Si tomamos el destino de sus exportaciones que va mayoritariamente a países desarrollados (incluyendo China que figura en la pole position para el repunte), podría verse arrastrado en el formato V o U. Pero si miramos otros factores como el tipo de productos que exporta y sus precios, podríamos más bien oscilar entre U y L.

Sin perjuicio de estas proyecciones de los economistas en función de las variables del momento, es indispensable revisar la experiencia histórica para complementar estas visiones. Aunque lo que vivimos es inédito, por cierta analogía se puede acudir a dos fenómenos del pasado. El primero es la Gran Depresión que se inició en 1929 (por algo ahora se está hablando de la Gran Reclusión), por su extensión geográfica, la velocidad de la contracción de la economía y la profundidad de sus efectos. El otro es la pandemia de la Gripe Española en 1918-20, que generó la muerte de millones de personas (entre 40 y 100 o el 2% de la población de la época).

Respecto de la Gripe Española (respecto de la cual hubo censura desde el inicio para no desmoralizar a las tropas en campaña durante la primera Guerra Mundial, con la excepción de los países no beligerantes como España, lo que fue recogido por la prensa y terminó dándole su nombre), se han hecho varios estudios de su impacto económico. En Suecia, donde se registraron minuciosamente una serie de datos administrativos en la época (mortalidad, tasa de desempleo, sueldos, impuestos, etc.), se ha podido evaluar lo que significó dicha pandemia. El balance es un significativo aumento y por varios años de los hogares pobres, así como una disminución también importante en los retornos del capital. La primera consecuencia es considerada como la catalizadora del modelo de bienestar sueco que ha persistido hasta el presente.

En cuanto a la Gran Depresión iniciada en 1929, sabemos que sus efectos duraron varios años globalmente y que, en el caso de Estados Unidos, el verdadero repunte vino del esfuerzo industrial con motivo de su participación en la Segunda Guerra Mundial.

En Chile, los efectos de la Gran Depresión fueron devastadores. En 1932 el retorno por las exportaciones representaba alrededor de un 15% de lo recibido en 1929. Entre otras consecuencias, prácticamente desapareció la explotación salitrera y la desocupación se disparó. Esto generó cambios políticos e institucionales muy relevantes, dando pie al modelo de desarrollo de sustitución de importaciones con la industrialización local (origen de CORFO y empresas estales como ENDESA y otras) que perduró hasta mediados de los años setenta.

En suma, si nos atenemos exclusivamente a las experiencias similares de la historia económica y lo que aconteció en Chile, el panorama se circunscribe al arco de los escenarios entre U y L, esto es un período de contracción de varios años.

Afortunadamente la Historia nunca se repite y hay diferencias entre el Chile de hoy y ayer, partiendo por tener hoy una posición financiera más sólida que antaño (bajo endeudamiento y fondos de reserva importantes). La única certeza es que será un período duro y que por ende debemos actuar con transparencia, unidad y prudencia.
Last but not least, la economía no es una ciencia exacta.

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