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Opinión

Día dos de Lollapalooza: fiebre de sábado por la tarde

Día dos de Lollapalooza: fiebre de sábado por la tarde Día dos de Lollapalooza: fiebre de sábado por la tarde

"Un sábado que si no fuera por Mon Laferte y Royal Blood puede pasar al olvido".

Bárbara Alcántara

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Periodista especializada en música. Instagram: chicarollinga

“Antes de ti”, el single publicado hace un mes aproximadamente fue el encargado de dar el puntapié inicial al debut de Mon Laferte en Lollapalooza 2018. La chilena, vestida de un implacable rojo furioso fue el punto alto de la segunda jornada. “Por la chucha que nos tratan mal” denunció para explicar la ausencia de sus visuales y culpó a la organización por no permitirle montar el show en su totalidad. De todas maneras, la viñamarina desarrolló un espectáculo compuesto de grandes éxitos mayoritariamente de su disco “La Trenza”. Como ya es común, su amigo Rulo —quien habría sido un gran número del festival con el flamante disco “Vendaval”— se subió a colaborar en un par de cuecas. La ganadora del Grammy terminó su show descalza y mandó un par de mensajes a favor de la inmigración. Laferte se lució; joven y alocada… desfachatada y sufrida.

Chancho en piedra, Fernando Milagros y Rubio también pasaron por los distintos escenarios de esta segunda jornada. Los primeros, sin material nuevo, llegaron vestidos de espermatozoides a celebrar nuevamente los veinte años del disco “La dieta del lagarto” (1997) (el cual no tocaron por completo). Los músicos siguen con la misma propuesta y no demuestran mayor novedad o innovación a pesar de ya ser cuarentones y con una vasta trayectoria. No así Fernando Milagros, quien montó un espectáculo sobrio y basado en su última publicación, el hermoso “Milagros” (2017); igualmente Rubio, el proyecto solista de la líder de Miss Garrison, quien estrenó el último EP de la serie R, U, B, I, O. Una gran vitrina para la ex baterista de Fármacos cuyas características son la vanguardia y los sonidos japoneses electrónicos.

Encanto por donde se le mire, empezando por esa especie de pijama “animal print” que tenía puesto; se trata de Anderson .Paak, quien se ganó su espacio con relajo y buena onda. Eso sí, la potencia llegaría por otro lado, Royal Blood, el dúo inglés de garage rock (muy parecidos a The White Stripes) conformado por Mike Kerr en el bajo y Ben Thatcher en la batería, abofetearon a su audiencia con cuarenta minutos enérgicos y vigorosos. Perfecto para despabilar después de .Paak y Chance the Rapper quien empezó su show con media hora de atraso por problemas técnicos que se repitieron a lo largo del día. El más comentado fue el caso de Spoon, mítico trío tejano no pudo tocar como estaba previsto y fue reagendado para hoy a las 20:45 horas porque sus instrumentos no llegaron desde Buenos Aires.

Llegaba el momento esperado por la mayoría de los asistentes del parque, Red Hot Chili Peppers ya estaba en escena, los cuatro integrantes venían con el disco The Getaway (2016) del cual sólo tocaron tres canciones (por suerte ya que fue un fiasco a nivel de critica), versionaron a The Stooges con “I wanna be your dog” y se lucieron con una batería de éxitos ejecutados de manera impecable. Es segunda vez que los californianos son cabeza de cartel en el evento, lo fueron el 2014 al igual que Imagine Dragons. Ahí está el punto y la gran falencia de este año, los “headliners” son todos reincidentes, grandes artistas pero reincidentes al fin y al cabo. Un sábado que si no fuera por Mon Laferte y Royal Blood puede pasar al olvido.

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