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Opinión

El Frente Amplio es un desastre

El Frente Amplio es un desastre El Frente Amplio es un desastre

Mientras unos tontones creen que condenar las brutalidades en Venezuela es algo así como seguirle el juego a la derecha; otros, los que creen gozar de cierta credibilidad mediática, hacen comunicados personalistas que con tal de mostrar una altura moral por sobre el resto, creando, de paso, un cierto empate que en materia de violaciones a los derechos fundamentales en Chile no existe.

Francisco Méndez

Por


Periodista, columnista.

El Frente Amplio aún no madura. Por más que hayan dado clases de política al predicar sobre cómo esta debe funcionar, apuntado con el dedo a la antigua centroizquierda, lo cierto es que todavía no entienden en qué consiste el juego democrático y sus complejidades.

Por el contrario, se dedican a pelear por los medios, a llorar y a hacerse las víctimas por un sinnúmero de razones. Hoy son los Derechos Humanos los que los han puesto a discutir, dejando en claro que, aparte de ser otra cosa que no sea la Nueva Mayoría, no hay nada que realmente los una. Ni siquiera una instancia para definir prioridades.

No. Ellos son tan modernos que se mandan mensajes por Twitter, dan declaraciones políticas por este mismo medio e intentan salvarse cada uno sin mirar al otro. Mientras unos tontones creen que condenar las brutalidades en Venezuela es algo así como seguirle el juego a la derecha; otros, los que creen gozar de cierta credibilidad mediática, hacen comunicados personalistas con tal de mostrar una altura moral por sobre el resto, creando, de paso, un cierto empate que en materia de violaciones a los derechos fundamentales en Chile no existe.

Si bien hablan mucho de lo que quieren y de lo que le falta a la democracia, pareciera que no hacen ningún esfuerzo para lograr algo al respecto. Cuando se les pregunta cuál es su misión, algunos dicen que es apoyar el feminismo, otros que es democratizar Chile, pero ninguno tiene claro que se pueden hacer varias cosas a la vez; como tampoco tienen en claro que no son los primeros en plantear muchos de los temas que hoy enarbolan orgullosos. ¿La razón? Porque no dialogan tanto como dicen, porque no leen historia y, fundamentalmente, porque creen que la historia comenzó con ellos.

¿Por qué digo esto último? Porque tanto Gabriel Boric, Vlado Mirosevic y quienes los atacan por hablar de la importancia de respetar los Derechos Humanos, no saben que esta es una discusión que ese progresismo que tanto critican dio hace mucho tiempo. Y se hizo de manera real, concreta, con peleas acaloradas que atravesaban las historias personales de cada uno de sus miembros, ya que había muchos que habían apoyado fervientemente revoluciones que terminaron en dictaduras brutales. Pero detenerse en eso sería admirar un poco a los que se “vendieron”, a los que “transaron”, sin que estos nuevos “líderes” hayan vivido ni de cerca una situación como el exterminio y el triunfo ideológico de la tiranía institucionalizada de Pinochet.

A final de cuentas, la prepotencia frenteamplista no sirve de mucho. Andan muy preocupados de cómo quedan en la portada o en la cuña. No proponen nada nuevo a la centroizquierda nacional, ni intentan ser una oposición medianamente inteligente frente a un gobierno que se ha hecho autogoles constantemente, demostrando que su impericia política se debe a que, realmente, solo creen en el mercado y no en la democracia. Estos jóvenes (y no tanto) prefieren seguir pensando en ellos mismos y en cómo los mirará la historia.

¿Qué hacer al respecto? Parece que no queda nada. El panorama es incluso más desolador que en los meses anteriores a las presidenciales. ¿Y por qué pasa eso? Porque muchos de quienes están en el Frente Amplio nunca han perdido realmente. Solo son observadores de un relato histórico y toman posiciones al respecto. Es cierto, algunos más viejos vivieron la dictadura y hasta la combatieron, y muchos de ellos fueron muy críticos en la transición, pero nunca encabezaron una alternativa real en aquellos años en que la imposición se llamaba consenso. Solo, al igual que ahora, se quejaron y patalearon. Y así no se logra nada serio. Es un desastre.

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