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Opinión

El gran táctico

El gran táctico El gran táctico

"No hay modelo de país. Hay un juego para armar sin conocer el diseño final. Por eso, sin estrategia, Piñera gobierna desde la táctica, sin expectativas de ser el gran estadista".

Guillermo Bilancio

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Licenciado en Administración de la Universidad de Buenos Aires. Doctorando en Ciencias Económicas, Universidad de Buenos Aires. Ha realizado el curso de Postgrado en Estrategia y Dirección General en la Universidad de Buenos Aires.

El presidente Piñera, sin duda, ha optimizado su lenguaje político, ese que lo tuvo a maltraer en su primer paso por La Moneda.

Desde mis artículos, siempre he dejado entrever mis críticas a su falta de comportamiento estratégico, y a confundir el rol de presidente con el de generador de instrucciones operativas. Pero esta vez es distinto, aunque la falta de lenguaje político sea una constante que se refleja en decisiones como el nombramiento de su hermano como embajador o la decisión acerca del directorio de Codelco. Si, son las inevitables “piñericosas”.

Pero hay intenciones que no pueden dejarse pasar por alto. Aún sin ser un arquitecto que diseña un modelo de país (No lo tiene claro), las ofertas de supermercado que lo llevaron a la victoria se van transformando poco a poco en una red de decisiones tácticas diversas que confunden a propios y ajenos.

Dueño de un poder que no tuvo, hoy puede perfectamente resistir a las críticas de la derecha y a parte de sus propios votantes frente a determinados temas “valóricos” que molestan a los más conservadores, los que a pesar de no estar de acuerdo con algunas maniobras, saben que es el único candidato que les asegura continuidad frente a la izquierda que hoy, mas que nunca, está desorientada frente al estilo diverso del presidente.

Sin dudas Piñera es un táctico, un gran táctico que va paso a paso construyendo un camino que no tiene un destino definido, pero se va haciendo al andar.

Sin dejarse llevar por ideologías y verdades absolutas, el pragmatismo supera los prejuicios y por ende, los embates de la oposición son simplemente una decoración para la democracia.

El legado de Bachelet le sirvió de impulso para darse cuenta de espacios por ocupar, y dándole tiempo además para criticar la inacción del gobierno anterior y dejar casi sin aliento a la extinguida Nueva Mayoría.

Piñera tiene un relato que rompió con los relatos. Corto y directo. Ahora.

El largo plazo será una deuda pendiente.

Lo social por sobre lo económico ha diluido al Frente Amplio a un espectador que busca un lugar y que sólo puede encontrarlo a partir de criticar la historia del presidente, pero no los hechos.

Así, mientras una parte de la sociedad “progresista” discute temas metafísicos como “clase o género”, o se hace preguntas capciosas sobre temas que bien podrían ser parte de la agenda de Finlandia, Noruega o Suecia, el gran táctico propone soluciones al Metro, a no bajar impuestos a las grandes empresas, a replantear el CAE, y lo más impactante, la iniciativa sobre salas cuna para todas las chilenas (Y chilenos).

Lo práctico, lo funcional, lo inteligente y lo afectivo. Una convergencia de temas que lo transforman en un gran táctico frente a los discursos aletargados de Guillier y las dudas del Frente Amplio, que está empezando a detectar que le están ocupando espacios y que sólo queda plantear discusión sobre actitudes supuestamente voraces del presidente empresario, pero no tanto sobre las decisiones y hechos.

No hay modelo de país. Hay un juego para armar sin conocer el diseño final. Por eso, sin estrategia, Piñera gobierna desde la táctica, sin expectativas de ser el gran estadista.

Y eso le sirve, por ser un gran táctico.

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