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Opinión

En Órbita 2017: Urbanidad sónica

En Órbita 2017: Urbanidad sónica En Órbita 2017: Urbanidad sónica

"El festival En Órbita dispuso tres escenarios al aire libre, ubicados en el Planetario de Santiago, para presentar un cartel destinado a amantes de sonidos experimentales y propuestas menos masivas".

Bárbara Alcántara

Por


Periodista especializada en música. Instagram: chicarollinga

Caminar por Estación Central, escuchar sonidos de alguna tocata, acercarse y percatarse de que se trata de Damo Suzuki, líder de CAN, una de las bandas ícono de la escena electrónica setentera alemana o del mismo modo, encontrarse con el proyecto solista de uno de los fundadores de Sonic Youth, Lee Ranaldo. Bizarro ¿no?

Emplazado en el corazón de la ciudad, el festival En Órbita dispuso tres escenarios al aire libre, ubicados en el Planetario de Santiago, para presentar un cartel destinado a amantes de sonidos experimentales y propuestas menos masivas.

Con una cartelera liderada por los estadounidenses Cigarettes After Sex (CAS), En Órbita acertó con programar a la argentina Juana Molina, uno de los mejores shows de la jornada por la pulcritud de su electrónica, sus bases se transformaban en embrujos para los oídos. Con toda razón, Halo (2017), su última publicación, forma parte de las listas de los mejores discos de este año de The Guardian. Igualmente, el debut en Chile de Parquet Courts arrasó con su sicodelia punky garage; el bajista Sean Yeaton le entrega una profunda potencia al cuarteto insaciablemente energético.

El pop nicotinoso de CAS fue el encargado de elevar a la audiencia con bocanadas de sonidos etéreos. Su puesta en escena es sobria y minimalista; compuesta de visuales estáticas con imágenes de mujeres tristes y afectadas. Una estética ligada al cine noir. Concepto con el que la banda coquetea desde sus inicios en El Paso, Texas. La agrupación liderada y creada por Greg Gonzalez demostró que su propuesta sonora es impecable en directo y son pocas las diferencias del vivo con el disco homónimo lanzado este año. Sin embargo, esa tendencia a la impavidez raya en el desgano y la abulia, propia de los inicios del dream pop y el shoegaze de los ochentas. ¿Antiguo o no?

A pesar de eso, iniciativas como esta se agradecen. Hay cosas que mejorar a nivel de producción (respetar los horarios estipulados para las charlas en la Biblioteca de Santiago, por ejemplo). Pero lo importante es el nivel musical, aquí hay riesgo y consideración con los nichos. Por lo demás, mientras más festivales y vitrinas existan, Santiago evoluciona a pasos agigantados transformándose en una ciudad atractiva, llena de vida y cosmopolita. Esto conlleva a enriquecer el espíritu y abrir la mentalidad de sus habitantes. Larga vida a En Órbita.

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