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Opinión

Es deber de la cultura y de la ciencia unirse para combatir la ignorancia reinante

Es deber de la cultura y de la ciencia unirse para combatir la ignorancia reinante Es deber de la cultura y de la ciencia unirse para combatir la ignorancia reinante

"Ha llegado la hora entonces de que la cultura y la ciencia no solo se unan en cartas al diario y menciones de preocupación en congresos donde se juntan los mismos".

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L&C Consultores, Licenciado en Letras y Literatura, Gestor Cultural, Magíster en Educación y Profesor de la UNAB.

Las últimas elecciones presidenciales, han dejado de manifiesto, que en el mundo político manda el grito violento, prepotente y avasallador del bruto, del ignorante, que se contagia y se multiplica a través de una masa que no entiende lo que lee, que “no cree” en la ciencia, como si de una religión se tratara y que poco o nunca ha leído un libro, no porque no quiera, sino por su incapacidad educacional que se transforma en expresión agresiva a través de su vocabulario, que en su limitado uso, debe abusar de modismos y garabatos para poder expresarse.

No culpo al vulgo, no hay culpa cuando no existe conocimiento, sufrieron el haberse formado por la mala educación, muy distinta a la que tienen hoy los jóvenes, quienes ven en sus mayores a seres ignorantes, limitados y faltos de conocimiento, que no están a la altura para debatir con ellos, y tienen razón. La nueva generación es la generación más y mejor educada de nuestra historia como país, lo que no significa que sean genios, sino, que simplemente están mejor preparados que las generaciones anteriores, y en el país de los ciegos el tuerto es rey. Entonces existe una carrera dispar, debaten los ignorantes, los marginados, contra los preparados, los actualizados, la versión más antigua del computador de escritorio, contra la tecnología del último celular.

Vivimos el gran quiebre, pasamos de la era de la lucha, a la era de la razón, ninguna es mejor que la otra por esencia, sino que se diferencian por conocimiento. El mundo laboral ya lo sabe, las grandes compañías trabajan a diario con los conflictos que se generan al interior de las organizaciones, donde es normal que exista el nuevo departamento de gestión de cambio, de la diversidad o tantos otros nombres, donde un joven y preparado gerente, debe enfocarse en cómo resolver conflictos entre los que llevan 20 años en sus cargos, porque quieren pasar la vida en un mismo trabajo, necesitados del status quo, con terror al cambio, y los que llevan 2 años y lo más probable es que se cambien en los próximos meses porque se aburrieron, porque no generan compromiso con sus trabajos, sino con sus estilos de vida, lo que los lleva a cambiar no solo por dinero, sino porque se
sienten mejor, por calidad de vida, beneficios o simplemente porque quieren tener más tiempo para ellos.

Mundos opuestos y distintos que deben convivir. Entre todo este desfile de caos y locuras, donde nadie se entiende, porque todos creen tener la razón, han pasado al olvido dos grandes ejes de nuestra civilización, la cultura y la ciencia. La razón es simple, por mucho tiempo la cultura a cargo de los “intelectuales” que vivían fuera del mundo, Nicanor Parra incluso los llamó a bajar del Olimpo para que compartieran con la gente, pero eso no ocurrió y en vez de ser parte de la sociedad, fueron aislándose, porque se sentían superiores, y cuando quisieron volver y ser considerados, se dieron cuenta que nadie los entendía, que era muy tarde. Lo mismo ocurrió con la ciencia, donde círculos ridículamente cerrados escribían papers y llegaban a conocimientos importantísimos, que eran conocidos y aplaudidos entre ellos, como de un grupo de amigos se tratara, donde cada uno quería aparentar saber más, mirando para abajo al resto, entonces también fue demasiado tarde.

Hoy nadie entiende lo que lee, y tampoco el mundo científico hace un esfuerzo por ser más claros en su narrativa, entonces pasan al exilio, ya no importa lo que digan y adviertan, como Sísifo, la muestra más práctica fue la del cambio global, entonces aparecen las expresiones de padres omnipotentes: “te lo dije”, y así fue, lo dijeron, pero nadie los entendió, entonces la culpa es repartida, es parte esencial de la comunicación eficaz que el receptor entienda el mensaje.

No extraña entonces hoy el nivel brutal de ignorancia en los debates políticos, cargados de fantasías inexistentes, estrategias de terror que no funcionan con las nuevas generaciones, que en menos de un minuto pueden rebatir una afirmación absurda, buscando en sus celulares, a través de google, la falsedad de estas. Hoy manda la ignorancia, y debemos tener cuidado, porque cuando los ignorantes son expuestos como tal, se vuelven violentos, insultan, golpean, desesperados ante la falta de argumentos válidos, recurren a religiones y valores como si de la edad media se tratara, explotan en desesperación al verse superados intelectualmente por los que ellos consideran unos “pendejos weones”, de izquierda o de derecha, donde en el año 2017, todavía se tratan de comunachos y fachos, expresiones reconocidas como “de los viejos”.

Ha llegado la hora entonces de que la cultura y la ciencia no solo se unan en cartas al diario y menciones de preocupación en congresos donde se juntan los mismos, deberán salir del cascarón y enseñar a los demás, así como los multimillonarios donan grandes cantidades de dinero a organizaciones sociales, como ellos dicen: “por un deber moral”, también lo deberían hacer la gente ligada a la ciencia y la cultura, donando conocimiento a quienes más lo necesiten, aunque los beneficiarios no lo entiendan, tarde o temprano comenzarán a dar frutos, sobre todo en los más jóvenes, que creen que todo lo saben, pero se equivocan también una y otra vez.

La cultura y ciencia entonces debe unirse, trabajar juntos para volver a ser considerados, porque vivimos una época que podría fácilmente pasar al oscurantismo con tanto fanático ignorante dando vuelta, por mi parte me cansé de ver y leer estupideces, pero no puedo culparlos menos de lo que nos debemos culpar todos por llegar a estos extremos. Primero reconocer, para luego y entonces, actuar.

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