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Educación

Falsa democracia del Instituto Nacional

Falsa democracia del Instituto Nacional Falsa democracia del Instituto Nacional

"Cabe preguntarse si es que todo es votable en una democracia. ¿Realmente una institución de esta importancia para la historia patria puede darse el lujo de tomar estas decisiones hoy en día?".

Francisco Méndez

Por


Periodista, columnista.

1 de Abril de 2019

Ahí estaban los padres, profesores y apoderados de un colegio que dice ser el gran orgullo de la República y la democracia nacional, decidiendo, de manera democrática por supuesto, si es que se dejaba entrar a mujeres para que formaran parte de la institución. Lo hacían con todas esas palabras bonitas que florean estos eventos, sintiéndose tal vez  un ejemplo para los otros establecimientos, con la responsabilidad política y moral que conlleva ser parte de la comunidad “institutana” que los hace sentir especiales y hasta superiores al resto.

Como buen modelo de la sociedad meritocrática que sus integrantes dicen defender, la votación en este “liceo de excelencia”  se hizo de manera ordenada y respetuosa de los valores que creen encarnar, y la decisión fue tan inesperada como esperada: no se quería a mujeres en sus filas. Ganó una mayoría “democrática” que quiso conservar el Instituto Nacional para que solo hombres puedan disfrutar de la tradición que muestran con el pecho inflado. Ante esto, algunos dijeron que se debía respetar lo sucedido, debido a que no existe otra manera de comportarse si eres “institutano”; otros, en cambio, cuestionaron la decisión señalando que había algunas irregularidades,  y manifestaron su preocupación al respecto. Pero lo cierto es que el resultado era uno y no se pretendía cambiar.

Tal vez lo más agotador de todo es el tono ceremonial con  que se llevó a cabo este hito; todos hablaban de las formas y lo importante de tomar de esta manera las decisiones. Era como si se excitaran al mirar lo ejemplares que eran, aunque lo resuelto haya sido una muestra bastante nefasta de que un grupo de personas quiere mantener un espacio solo para hombres, negándole a mujeres, y a ellos mismos, una convivencia más allá de reglas trasnochadas. No importaba el triste espectáculo, lo relevante era que se hacía a  través de normas civilizadas y vistosas.

Por esta razón es que cabe preguntarse si es que todo es votable en una democracia. ¿Realmente una institución de esta importancia para la historia patria puede darse el lujo de tomar estas decisiones hoy en día? ¿Significa ser democrático decidir por elección la exclusión de un género, solo para que no se demuela una tradición que hoy en día no tiene valor alguno? Habrán los que dirán que sí, que no importa lo que se ha concluido luego de un proceso  de estas características, ya que lo importante es el método que se aplicó para llegar al objetivo. Otros, entre los que me incluyo, podrán argumentar que la verdadera democratización de las relaciones sociales y de género debe doler, e incluso ser impuesta, con tal de que el resultado sea una mayor participación real. Por esto, lo que debió hacerse era tomar una decisión política consistente y no caer rendidos ante este mal show democrático con un resultado que es alimentado por ideas que no son nada de democráticas.

Lo que vimos esta semana fue la discriminación vestida de republicanismo; fuimos testigos del despliegue de discursos sobre “libertad de elección”, los que están fundamentados en esa idea falaz de que “los padres saben lo mejor para sus hijos” a la que algunos apoderados del tradicional establecimiento recurrieron para respaldar lo decidido. Entendimos que hay una ideología que ha calado hondo en los sectores medios y medios bajos, que creen que hay cosas que se eligen, como si se fuera un cliente siempre, y que en eso consiste un régimen democrático: en que algunos puedan alejarse de los otros  y otras “libremente” para así ejercer su “derecho” a segregarse, a creer en la eterna “elección”, y no en que se requiere muchas veces de dureza política, sobre todo en una sociedad como la chilena, para que los caprichos ideológicos de unos no sigan permeando al resto.

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