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Opinión

Falsa rebeldía de Marcelo Ríos

Falsa rebeldía de Marcelo Ríos Falsa rebeldía de Marcelo Ríos

"Seamos realistas: es más simple escupir y patalear en contra de quienes están parados con micrófonos antes que molestar al poderoso".

Francisco Méndez

Por


Columnista.

Marcelos Ríos se paró frente a un grupo de periodistas y, sin que hubiera provocación alguna de parte de ellos, lanzó la polémica y comentada frase citando a su “amigo personal” Diego Armando Maradona. Lo hizo como si estuviera realizando un gran acto de rebeldía, con un tonito que dejaba entrever que, en ese momento, se sentía bastante contento consigo mismo.

Los profesionales no supieron qué hacer. Se quedaron observando esta pseudo manifestación de “irreverencia”, que más bien parecía una pataleta de quien muy pocas veces se ha rebelado de manera real, porque eso conlleva tener problemas con el poder. Y Ríos no tiene problemas con el poder. Al contrario, se lleva muy bien con él. Lo que le molesta son los empleados.

Marcelo dice que su pelea es con los periodistas. Personifica todos sus problemas en quienes tienen que ir, día tras día, a preguntarle cosas acerca del deporte que practicó. Porque, a diferencia de músicos y comediantes populares, el ex número uno del mundo ha sido siempre respetado y temido por quienes andan con un micrófono o una grabadora; nunca lo han increpado, como si lo hacen con otros, y, sin embargo, su obsesión parece más bien con los trabajadores que con los dueños de medios.

Tal vez le sea más fácil. Seamos realistas: es más simple escupir y patalear en contra de quienes están parados con micrófonos antes que molestar al poderoso. Si es que lo hace con los que tienen el dinero, se queda sin auspicio para sus iniciativas, sus aniversarios deportivos y todo lo que tiene contemplado para el futuro. Pero al hacerlo con quien gana trescientas lucas y es mandado para no responderle nada, lo cierto es que no hay ningún costo real.

Ríos se cree más arriesgado de lo que es. Los mismos medios de comunicación lo han instalado entre los personajes más contestatarios del deporte nacional, aunque nada de eso sea real. Ya que este gran deportista-porque lo es, y eso no debería estar en duda- no es más que un niño mimado que se acomoda inteligentemente en los lugares que le convienen. De otra manera no se entiende que, dejando de lado toda esa actitud del “no estoy ni ahí” noventera, haya apoyado al candidato de los patrones de esos periodistas que tanto dice odiar.

Marcelo es pro establishment. Es cosa de meterse a su Twitter y ver que la mayoría de sus tweets son promociones y agradecimientos a empresas. Ahí se desenvuelve muy bien, no las increpa ni nada por el estilo, porque sabe que al hacerlo puede perder algún beneficio. Como también tiene perfectamente claro que, si se pelea con un reportero, lo más probable que quien se quede sin trabajo sea el funcionarillo y no él. Porque él nunca pierde.

Salvo por el aspecto deportivo, es fácil ser el Chino Ríos hoy en día. Es muy fácil, mejor dicho. Sólo hay que decir un par de cosas que suenen fuertes, pero correr a los brazos del que más tiene. Hay que ser la oveja negra que el padre millonario más quiere y ayuda, porque nunca significó un verdadero problema para él y sus negocios, debido a que sus respuestas insolentes sólo fueron hacia el servicio doméstico.

El gran tenista de este país ha mostrado más arrojo en la cancha que en sus actuaciones públicas. Lo que pasa es que sus gestos y sus formas nos hacen creer lo contrario. Hemos creído por años que era algo así como la desobediencia vestida de blanco, que, al usar pelo largo en un deporte tan señorial como el tenis, venía a deformar la uniformada solemnidad de ese deporte. Pero la verdad es que no era más que un niñito bien de Vitacura que quería jugar un rato. Y así ha seguido jugando hasta el día de hoy.

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