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Opinión

FICViña 2018: El Festival de la Memoria

FICViña 2018: El Festival de la Memoria FICViña 2018: El Festival de la Memoria

"El Festival Internacional de Cine de Viña del Mar es gratis, contundente y variado. Una posibilidad menos engorrosa y posera que viajar a Valdivia para impregnarse de las últimas tendencias del cine y cine documental en Chile y el extranjero".

María Fernanda Quiroz

Por


Periodista, columnista de música y cine. Twitter: @FeQuiroz

A pesar de mis intentos de hacerle el quite a Valparaíso, esto fue imposible. Los malos recuerdos de una última vez, cuando vi correr caudales de orina mal oliente desde los cerros, me tienen condicionada a no querer volver. Pero repito, es imposible.

Sus esquinas, el desorden urbano o el descanso espontáneo a mitad de un cerro, se convierten rápidamente en una imagen viva que petrifica y encanta. Como el grupo de porteños sucios que se reúne frente al terminal de buses para jugar a las cartas, mientras toman y fuman a plena calle. La vida en Valparaíso surge colorida y a veces peculiar, como algunas de las escenas que Silvio Caiozzi propone en su última película “…Y de pronto el amanecer” (2017, 195 minutos) uno de largos (tal vez demasiado largo) que se exhibieron en la última versión del Festival Internacional de Viña del Mar 2018 (@ficvina) donde la organización rindió homenaje a la trayectoria del director de evidente origen italiano y quien se ha distinguido por imprimir elementos del realismo mágico en la dirección de arte, construcción de personajes y fotografía, además de manifestar un discurso político explícito en contra de la dictadura. Este hábito lamentablemente destruye la imaginería de lo que se cree es su último largo, sin tomar en cuenta el extenuante relato en off a cargo de Julio Jung, en lo que a veces parece un eterno capítulo de “Medio Mundo” y no el reencuentro del personaje mitad huilliche, mitad huinca, con sus orígenes, niñez y primer amor fallido en los espectaculares paisajes de la isla de Chiloé.

A 51 años de su creación, el @FICVina se ha convertido en una especie de festival de la memoria y aguante. Un recorrido por la historia colectiva nacional, latinoamericana e internacional que se expresa, por ejemplo, en la marginalidad del documentalista Sergio Navarro – también homenajeado en esta versión – y que logra hacer el link inevitable con los trabajos de memoria actuales, individuales y minimalistas que se muestran en películas como “Tarde para morir Joven” (2018, 110 minutos) de Dominga Sotomayor, la primera mujer en ganar el Premio al Mejor Director en el Festival de Locarno 2018.

Aunque un poco similar en su letanía y extensión a “…Y de pronto al amanecer”, “Tarde para morir joven” es una experiencia bucólica, pero menos agotadora y que por lo bien hecho, logra que el espectador traspase la pantalla para experimentar las locaciones, el silencio, e incluso el tormento y experiencias diarias de los numerosos personajes juveniles e infantiles que transitan con completa naturalidad ante la cámara. Esto es clave. Las situaciones de esta película recuerdan la máxima del filósofo chileno Humberto Giannini respecto a que lo cotidiano es “lo que pasa cuando no pasa nada”.

“Las Herederas”
de Marcelo Martinessi fue la película ganadora en la Competencia Internacional de largometrajes de Ficción, mientras que “Ata tu arado a una estrella” de la argentina Carmen Guarini, fue elegido como el mejor documental de la Competencia Latinoamericana.

“Nuestro Tiempo” fue reconocida con la mejor dirección a cargo del mexicano Carlos Reygadas y la brasilera Isabel Zuaa recibió la mención a la mejor actuación por su participación en la película “Las buenas maneras”, dirigida por Juliana Rojas. “O ófao” (Huérfano), también de origen carioca, fue seleccionado como el mejor cortometraje en la competencia latinoamericana y “El verano del león eléctrico” del chileno Diego Céspedes, como el mejor cortometraje en la Competencia Internacional.

El Festival Internacional de Cine de Viña del Mar es gratis, contundente y variado. Una posibilidad menos engorrosa y posera que viajar a Valdivia para impregnarse de las últimas tendencias del cine y cine documental en Chile y el extranjero. Dura una semana hábil y la mayoría de las proyecciones se realizan en salas cómodas y modernas, que alejan cada vez más el prejuicio que recae en el cine arte o cine de autor en relación a los locales donde de exhiben. Además, Valparaíso está al lado y como dije en un comienzo. No visitar el puerto es imposible.

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