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Opinión

La DC y el gobierno son extremistas vestidos de moderados

La DC y el gobierno son extremistas vestidos de moderados La DC y el gobierno son extremistas vestidos de moderados

"Lo que hizo el gobierno, con el apoyo de la DC y el PR, fue disfrazar de moderación lo extremo; florear con palabras comunitarias la profundización de la intemperie en que se encuentra el trabajador chileno".

Por


Columnista.

22 de Mayo de 2019

La semana pasada todo estuvo dividido entre “patriotas” y “obstruccionistas”. Si no se aprobaba la idea de legislar iniciativas del Ejecutivo, no era por diferencias de ideas sobre lo que debe ser o no un sistema de pensiones, sino porque se estaba librando una batalla entre los “buenos” y los “malos”. Así redujo este gobierno el debate ideológico. Los ministros y el Presidente lo convirtieron en una pelea entre ellos, los que quieren el bien de Chile, y el resto, los “extremistas”, los que siguen con las llaves de esa retroexcavadora que tanto excita a Chile Vamos.

Pero lo cierto es que todo esto no es más que un discurso ideológico. Es una forma de inhabilitar al adversario político recurriendo a un antagonismo inexistente, el que se daría únicamente entre los desideologizados realistas, los técnicos, y los radicales enceguecidos por el exceso de ideología. Todo muy fácil cuando lo “real” no es más que un capricho ideológico de dimensiones bastante estratosféricas.

Me explico. El sistema de AFP en el que vivimos, y el que el gobierno pretende seguir profundizando con algunos cambios cosméticos, es tal vez la máxima expresión de la ideología en la que hemos estados sumergidos por décadas. La individualidad está sometida a la inestabilidad permanente no solo por las pocas pensiones, sino también por las pocas certezas que entrega el mercado laboral chileno, del cual depende cuánto recibirás al final de tus años laborales. Por lo que negarse a cambiar esto o a discutirlo y cuestionarlo, es lo más extremista que se puede hacer por estos días.

Vale la pena darle un nuevo significado a lo que sería ser extremo y qué no. Por más que los medios de comunicación digan en sus editoriales que la actitud de gran parte de la Democracia Cristiana, al votar en favor de legislar algo que no cambia absolutamente nada de manera sustancial, es lo que se necesita para velar por la estabilidad patria, todo eso es falso. Lo único que se logra estabilizar con esto es la negativa a discutir realmente qué es lo que debe entregar un sistema de pensiones, y cuáles son las certezas que este negociado permanente, que reina en Chile, no da. Y este hecho resulta bastante menos consciente de los problemas nacionales que desaprobar darle unos pesos más a jubilados para dejarlos contentos un rato. Porque eso, a la larga, es esta supuesta obra “patriótica” de La Moneda.

Por esto es que parece urgente no caer ante cierto discurso conveniente, más aún cuando este viste cosas de otras. Lo que hizo el gobierno, con el apoyo de la DC y el PR, fue disfrazar de moderación lo extremo; florear con palabras comunitarias la profundización de la intemperie en que se encuentra el trabajador chileno, debido a una lógica que está más preocupada de generar utilidades que de establecer certezas a sus ciudadanos. Porque discutir en el Congreso un proyecto que no cuestiona los pilares básicos de la hegemonía de las AFP, realmente no es discutir nada. Es como si se estuviera llevando a cabo un debate democrático, pluralista, cuando esto no se ve por ningún lado. Y es que no es muy democrático que digamos discutir sobre una sola manera de ver la jubilación, y deslegitimar a quien no la considera correcta, o lúcida, tratándolo como un paria.

Por lo tanto, lo que vimos la semana recién pasada, la que estuvo repleta de discursos en la Democracia Cristiana y en el gobierno sobre “el bien de los jubilados”, no fue moderación. Fue la  insistencia en una lógica sumamente extrema que no quiere dar su brazo a torcer aunque los malos resultados sean evidentes. Por lo que lo más sensato era esa “obstrucción” que alegaban tanto falangistas como gobiernistas. ¿Por qué? Porque negarse al extremo es la verdadera moderación.

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