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Opinión

La gente que (no) lee

La gente que (no) lee La gente que (no) lee

Se ha vuelto un lugar común en las descripciones de los perfiles de redes sociales la alusión a la supuesta afición lectora, con tópicos como “fanático de los libros”,“lector/a empedernido/a”,“amo leer” o similares, dando a entender que el leer de forma periódica es una especie de sello de calidad humana.

Yasmin Gray

Por


Abogada Universidad del Desarrollo

No sé si esto ha sido siempre o solo ahora parece notarse más, pero últimamente se ve demasiado que para validar puntos de vista en debates o discusiones, hay quienes se dirigen a su interlocutor con respuestas como “es que tú no lees”,“lee un poco e instrúyete”,“lee, no hace mal”, entre otras frases que hacen suponer que el conocimiento en sentido amplio, adquirido a través de la lectura, fuera para muchos casi una posesión material que hay que restregar en la cara a quienes no disponen de ella.

Asimismo, se ha vuelto un lugar común en las descripciones de los perfiles de redes sociales la alusión a la supuesta afición lectora, con tópicos como “fanático de los libros”,“lector/a empedernido/a”,“amo leer” o similares, dando a entender que el leer de forma periódica es una especie de sello de calidad humana.

Y esto lleva entonces a reflexionar sobre qué tan válido es pensar que, por practicar un determinado hábito, como lo es el de la lectura, estaríamos en una situación de superioridad indiscutida, tanto moral como intelectual, respecto de quienes no practican dicho hábito. Porque sí, puede que leer nos aporte conocimiento y cultura, pero ¿nos hace mejores personas?

Desde luego, si pensamos que leer nos puede dar una nueva perspectiva de muchas cosas, y en base a ello, cambiar la apreciación previa que teníamos sobre determinados fenómenos, podemos tender a creer que la lectura sí mejora nuestra esencia humana. Pero la verdad es que no hay garantía explícita de que las acciones de quienes leen serán siempre apegadas a lo que entendemos como rectitud, sobre todo si quienes somos lectores partimos pensando que una persona que no lee es inferior porque sí, sin detenerse a reflexionar si su falta de dicho hábito es por no haber tenido estímulos para ello en la infancia, o de haberlos tenido, fueron estos negativos -les ordenaron leer como castigo, haber recibido de regalo libros inapropiados o haber tenido que leer en el colegio libros desagradables- cayendo de esta forma en los pesados pecados de la vanidad y de la soberbia.

Los hábitos o pasatiempos no son sinónimos de valores, y a la vez, los valores no surgen únicamente gracias a los hábitos, sino que son producto de una sumatoria de circunstancias de vida que poco en realidad tienen que ver con la práctica periódica de una costumbre. Para graficarlo: hay personas con una inmensa riqueza moral y ética que provienen de hogares y entornos con escasa educación y cultura, así como seres humanos miserables que han recibido educación y herencias culturales de primer nivel.

Como lectora aficionada, puedo decir que leer abre puertas a mundos diversos y fantásticos, pero que entiendo que no todos son capaces de abrir dichas puertas, por motivos que muchas veces poco o nada tienen que ver con lo que son como personas. Y que en lugar de señalar con el dedo a quienes no leen como una suerte de sujetos impuros podríamos, sin duda, invertir más tiempo en ver cómo nosotros mismos practicamos los valores que solemos atribuir, erróneamente, al tamaño de nuestras bibliotecas personales.

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