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Opinión

La Influencia de Rusia en Medio Oriente

La Influencia de Rusia en Medio Oriente La Influencia de Rusia en Medio Oriente

"Cuatro décadas después de que Estados Unidos lograra convertirse en una fuerza clave en Oriente Medio, Rusia recupera ahora su posición. El mundo diplomático, así como la naturaleza, no tolera el vacío, el retorno de Rusia a Oriente Medio es real e indiscutible".

Rafael Rosell Aiquel

Por


Abogado, Licenciado en Derecho de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Magister en Ciencias Políticas, experto en Derecho Público y Etica, política internacional con foco en Medio Oriente. Académico Erasmus y Profesor Honoris Causa de National University of Political Studies and Public Administracion de Rumania. Miembro del Foro Académico Permanente América Latina y el Caribe-Unión Europea. FAP ALC-UE.

20 de Marzo de 2019

He pensado que se hace necesario para comprender lo que ocurre hoy en Medio Oriente escribir sobre el interés geopolítico de las potencias regionales y extraregionales y sus influencias. Por ello que quiero iniciar esta serie con Rusia, luego veremos USA, Europa, China, Arabia Saudita e Irán por mencionar solamente los más influyentes.-

“Como potencia externa, Rusia necesita socios regionales para dominar sus propios desafíos en el Cáucaso, la región del Volga y los Urales. Así, Moscú está en constante búsqueda de un equilibrio entre una política exterior pragmática en el Medio Oriente y sus propios problemas internos”, aseguró el analista político Maxim Suchkov.

Por ello, Rusia está comprometida en todo el Medio Oriente en formas múltiples y aparentemente de refuerzo mutuo. Además de su intervención militar en Siria, ahora mantiene el equilibrio entre Israel e Irán, así como entre Siria y Jordania y realiza pactos de energía con Arabia Saudita que eclipsan a la Organización de Países Exportadores de Petróleo iraquíes.

Sin reservas, estableció una sólida asociación con los Emiratos Árabes Unidos -que trasciende el Medio Oriente- para incluir el África subsahariana. Todas estas acciones las realiza simultáneamente haciendo tratos económicos y vendiendo armas a los rivales de los mismos Qataríes, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita en el Golfo.

Rusia también ahora vigila los Altos del Golán, y al mismo tiempo, aspira a desempeñar un papel mediador en el conflicto israelí-palestino que ha desafiado a generaciones de esfuerzos internacionales en la resolución de conflictos.

Mientras tanto, está buscando bases navales y aéreas en Chipre, Egipto, Libia, Siria, Sudán y Yemen.

Con este maremágnum de movimientos estratégicos, la juventud árabe y otros sectores de la población, ven la intervención de Moscú en Siria bajo una luz favorable, especialmente cuando se yuxtaponen contra las intervenciones de Estados Unidos en Libia e Irak.

De esta forma, Rusia también creó mecanismos para vincular la riqueza árabe con su política y crear vínculos financieros y energéticos duraderos, que crean comunidades de interés político-económico en todo el Medio Oriente con las élites rusas.

Y por supuesto, estas relaciones financieras y de inversión no son la única fuente de la presencia económica rusa en el Medio Oriente. Ese lugar pertenece a las relaciones de energía que Rusia ha forjado y está forjando en toda la región. La energía es un arma principal de la política exterior rusa y vista como tal por Moscú.

Todas estas manifestaciones de la presencia de Rusia, por lo tanto, ponen de relieve el amplio compromiso del poder ruso en el ámbito militar, diplomático, informativo y económico con todo el Medio Oriente.

Para atraer el interés árabe o para comprometer a los Estados del Medio Oriente, ha vuelto a emplear tácticas y estrategias para tratar con los pueblos musulmanes en el país y en el extranjero que lo han mantenido en buena posición a lo largo de toda la historia.

Porque no sólo es una cuestión de energía sino también de ambición geopolítica donde se proyecta el poder y el impedimento del acceso de la OTAN al Mediterráneo oriental y al Mar Negro.

Y sin embargo, la diplomacia flexible, la explotación de divisiones de élite que atraen a las élites musulmanas a Moscú, la guerra de información, los acuerdos financieros y la venta de armas no son todo el alcance de las iniciativas rusas hacia Oriente Medio. Moscú también ha mostrado una estrategia militar inteligente para complementar o facilitar su estrategia multidimensional más grande para asegurarse de la prominencia regional y exigir la equivalencia global con los Estados Unidos.

Es ese papel militar el que ha permitido a Rusia lograr lo que equivale a una victoria en el campo de batalla y posiblemente una resolución política de la guerra civil de Siria. De este modo, la victoria militar se está traduciendo y expandiendo en una presencia política duradera.

Cuatro décadas después de que Estados Unidos lograra convertirse en una fuerza clave en Oriente Medio, Rusia recupera ahora su posición. El mundo diplomático, así como la naturaleza, no tolera el vacío, el retorno de Rusia a Oriente Medio es real e indiscutible.

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