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Opinión

La selección escolar: ¿una vuelta atrás?

La selección escolar: ¿una vuelta atrás? La selección escolar: ¿una vuelta atrás?

Como ya pasó anteriormente, otra vez las comunidades educativas se verán sometidas a nuevas políticas antes de que terminen de implementar las anteriores. Volvemos a fojas cero, en un tema que, además, tiene pocas posibilidades de un acuerdo.

Mariana Aylwin

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Profesora de origen, política por vocación y a mucha honra. Sin cargo público.

La centroizquierda ganó el debate sobre la eliminación del lucro, el copago y la selección escolar durante el gobierno anterior, bajo la premisa de garantizar el derecho a una educación igualitaria para todos los estudiantes financiados por el Estado.

En el caso de la selección, se optó por crear un sistema de admisión experimentado en otros lugares del mundo, a través de un algoritmo que permitiría a las familias tener mayores posibilidades de elegir la educación de sus hijos. Hasta el momento, dicho sistema no se ha desplegado en la Región Metropolitana, donde está la mayor concentración de matrícula y establecimientos. Los informes de las regiones dan cuenta de la necesidad de hacer ajustes, aunque también de un funcionamiento razonablemente adecuado, ya que más de un 80% de los niños, quedan en el lugar de la primera o segunda preferencia de sus familias.

El gobierno actual, en vez de abordar las reformas necesarias para resolver a tiempo los problemas que el nuevo sistema ha ido revelando, decidió reponer la selección por mérito o académica. Esta vez, no sólo para los llamados liceos emblemáticos, los de talentos especiales (artísticos, deportivos) o los Bicentenario (que seguirán creciendo), sino también para todos los establecimientos, los que podrán seleccionar hasta el 30% de los estudiantes por criterios de mérito.

Se trata por lo tanto, de un nuevo cambio en las reglas del juego de las escuelas que, dicho sea de paso, llevan una década de reforma en reforma, que las han sobrecargado de exigencias y dificultado su trabajo dentro de un marco de estabilidad. 

Como ya pasó anteriormente, otra vez las comunidades educativas se verán sometidas a nuevas políticas antes de que terminen de implementar las anteriores. Volvemos a fojas cero, en un tema que, además, tiene pocas posibilidades de un acuerdo.

Para el mundo de la centroizquierda, eliminar la selección por mérito, significa terminar con la competencia individualista propia de la sociedad capitalista. Bajo una mirada simplista y elitista, amplifica los efectos de la selección sobre la desigualdad. La evidencia en los países de la OCDE respecto a la selección, muestra a Chile bajo el promedio y bajo países tan igualitarios como Bélgica o Alemania.

En realidad, la competencia selectiva responde más a los colegios privados pagados (donde la mayoría ha estudiado o lleva a sus hijos), que a los colegios municipales o privados subvencionados. Se ignora que hoy, la mayoría de los colegios no llena sus vacantes, porque la cobertura hace años es prácticamente universal, el país hizo un esfuerzo enorme en la construcción de infraestructura y ha descendido la tasa de natalidad.

Por su parte, desde la vereda de la derecha, también se amplifica el efecto del mérito y el esfuerzo en la movilidad social. El gobierno decide reponer el tema por “convicción” y, sin duda, porque políticamente cuenta con respaldo ciudadano, especialmente dentro de la clase media emergente y pujante, aquella  que la izquierda suele mirar en menos. Se trata de una visión que reivindica el valor del individuo en su desarrollo personal, más allá de sus condiciones de origen.

Es efectivo que la selección académica en los colegios emblemáticos ha sido una vía de movilidad social y de incorporación a las elites de estudiantes meritorios de familias desventajadas en una sociedad muy desigual, por lo tanto ha tenido un impacto positivo. Pero no puede seguir siendo la única vía para ello. Al contrario, se trata de un atajo.

Más ingredientes impredecibles añade la propuesta –a mi juicio irreal  y demagógica– de la reforma “Machuca” para obligar a los colegios pagados a recibir alumnos vulnerables.  Irreal, porque no imagino a alumnos de La Pintana ni de Maipú trasladándose varios kilómetros a un colegio de la cota mil; demagógica, porque, hay prioridades mucho más importantes, efectivas y urgentes donde invertir los recursos públicos, como echar a andar la nueva educación pública y brindar una buena educación en la primera infancia.

Por lo mismo es una lástima que estemos discutiendo lo mismo de hace cuatro años, en vez de poner el foco en los cambios pedagógicos (qué y cómo aprenden nuestros niños), dentro de escuelas y aulas, para mejorar nuestra educación escolar.

Será menos lucido y más largo, pero esa es la vía más promisoria para reducir las desigualdades y ponernos al día de las tendencias del siglo XXI. Estas discusiones no hacen más que desviarnos de ese desafío.

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