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Opinión

La visita al papa

La visita al papa La visita al papa

"Cuando nos cuenten una teoría conspirativa, absurda y rocambolesca como la que le quisieron contar al papa, tendremos que decir, con algo de sorna, que tan pero tan tontos no somos".

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Ingeniero Civil Industrial. En Twitter: @artiagoitia

Un brasileño, un argentino y un chileno, fueron donde el papa a convencerlo de que intercediera por el ex presidente Lula.

Parece un chiste, de esos donde nos reímos de cómo somos.

Pero no, no es un chiste, tampoco tiene gracia.

Celso Amorim ex canciller del gobierno de Lula, Anibal Fernández ex jefe de gabinete de Cristina Kirshner y Carlos Ominami, ex ministro y senador chileno lograron una audiencia con el papa para tratar de convencerlo de que interviniera en favor del ex presidente Lula. Según su versión Lula es parte de un complot gatillado por sus rivales políticos, que a través del juez Moro, han logrado que sea condenado a pesar de ser inocente. Se trataría de una operación política digitada por la derecha para anular e impedir la candidatura presidencial de Lula.

Todo comenzó el año 2014, cuando se hizo público lo que se llamó la operación Lava Jato. Esta investigación y las numerosas ramificaciones posteriores ha terminado develando la operación de corrupción política (cohecho y soborno) más grande de la historia de América latina, y probablemente, del mundo. En síntesis lo que se descubrió es una red de sobornos a empleados públicos, en un principio de la brasileña Petrobras, posteriormente diversas instituciones en toda AL, donde se asignaban contratos por montos altísimos a las empresas que participaban en el entramado. La mayor parte de ellas eran empresas constructoras (Odebrecht, OAS, Andrade y Gutierrez) que pagaban altísimas sumas a políticos y partidos de todo el espectro político. Es así como han sido imputados políticos del Partido progresista de Brasil (Derecha) del partido PMDB (Centro) del partido Social Demócrata brasileño(Centro derecha) y del partido de los Trabajadores (Izquierda) al que pertenece Lula.

Se formó una verdadera empresa transnacional de la corrupción. Las investigaciones han llevado a incriminar políticos en todo la América Latina. Sólo la empresa Odebrecht distribuyó coimas en Argentina, Colombia, Ecuador, Estados Unidos, Guatemala, México, Panamá Perú, República Dominicana y Venezuela.

La trama es gigantesca por donde se la mire. En montos, extensión geográfica o cantidad de políticos procesados.

Peor aún, el día 1 de agosto, casi simultáneamente con la entrega de la carta al papa, se revelaba en Argentina el llamado Lava Jato argentino, con la publicación de los cuadernos del chofer que distribuía maletas de dinero de coimas en efectivo. En estos se muestra la cuantía y destino de decenas de millones de dólares extraídos de la trama argentina y que involucraba directamente a los ex presidentes Nestor Kirshner y Cristina Fernández.

No deja de ser decidor que la carta al papa se la hayan entregado el que fuera el jefe de gabinete de estos mandatarios, el canciller de Lula y Carlos Ominami, padre de Marco Enríquez, actualmente procesado por aportes ilegales de la empresa OAS, también envuelta en la trama de corrupción.

Gente suspicaz, podría pensar que tienen algo de conflicto de interés en esta defensa de Lula y en tratar de limitar las investigaciones y las condenas.

Es bueno de todos modos hacer una reflexión sobre este caso.

La gente de derecha cree la izquierda es intrínsecamente corrupta, la izquierda piensa lo mismo de la derecha y ambos creen en las más absurdas teorías del complot cuando el descubierto es de su lado. Por lo muy pronto, la teoría de Ominami y cía sería la conspiración más grande de la historia. Una curiosa conspiración que golpea a políticos de la izquierda a la derecha.

¿Hay una explicación mejor?

Sí. Friedrich von Hayek se preguntaba por qué lo peor llegaba arriba. Él lo atribuía a la incapacidad del votante medio de reconocer la inviabilidad y la implausibilidad de la promesas de demagogos y populistas. Frente a eso, decía, era necesario limitar las atribuciones del gobierno de turno y contrapesar su poder con instituciones que pusieran un tope al uso despótico y corrupto del poder.

El poder judicial es el principal de estos contrapesos, por lo mismo, si queremos menos corrupción y abuso, se debe fortalecer su independencia y autoridad.

El caso Lava Jato y todas sus ramificaciones internacionales representa una oportunidad extraodinaria para que aquellos corruptos que llegaron al poder aprovechándose de la credulidad de sus pueblos y que usaron su poder para enriquecerse, sean condenados. Mientras más importante, más popular, más famoso el corrupto encarcelado, más significativa y duradera será la convicción de que la justicia prevalece, alcanza a todos y que la corrupción se castiga.

Por eso es tan importante ponernos del otro lado de las cartas que ha promovido el señor Ominami, donde él dice liberen a Lula, debemos decir procésenlo sin timidez, cuando digan jueces corruptos, debemos defender la valentía del poder judicial de cada país. Cuando nos cuenten una teoría conspirativa, absurda y rocambolesca como la que le quisieron contar al papa, tendremos que decir, con algo de sorna, que tan pero tan tontos no somos.

Ya los elegimos a ellos, hasta ahí llega nuestra tontera.

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