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Ambiente

Lo que faltaba para desarrollar una estrategia de sustentabilidad realmente sustentable

Lo que faltaba para desarrollar una estrategia de sustentabilidad realmente sustentable Lo que faltaba para desarrollar una estrategia de sustentabilidad realmente sustentable

"Es de suma importancia comprender que los pequeños parches de bosque que existen dentro de las viñas o los cerros que las rodean son los lugares que deben conservarse en vez de convertirlos en extensiones del monocultivo".

Olga Barbosa

Por


Laboratorio de Sustentabilidad Urbana y Cambio Global. Instituto de Ciencias Ambientales y Evolutivas

La gran diversidad agroclimática y de suelos del país hace posible el desarrollo de un amplio conjunto de sectores productivos, entre las cuales destaca la vitivinicultura. En nuestro país el sector productivo del vino ha incrementado su valor, volumen y exportación de manera considerable, pero sobre todo comienza a ser reconocido por su calidad y tipicidad. Los vinos chilenos han liderado el desarrollo exportador del país contribuyendo a reforzar la imagen de Chile como proveedor de productos agrícolas de calidad, contribuyendo así a abrir camino a otros productos de la agricultura.

Sin embargo, hay un componente esencial en la productividad agrícola y por supuesto la vitícola, que ha sido invisible por mucho tiempo: el ecosistema natural que lo sustenta. Gran parte de los viñedos de Chile central están inmersos y adyacentes al bosque y matorral esclerófilo, que es es una formación vegetal propia y única (endémica) de Chile. Esta se desarrolla aproximadamente entre el sur de la Región de Coquimbo y la Región del Biobío. Se identifica por especies arbóreas tales como el Boldo, Quillay Peumo, y arbustivas como el Michay y el Guayacán, todas ellas con ciertas características que les permiten resistir los meses de sequías veraniegas propios del clima mediterráneo. Hace años ya sabemos que la zona centro-sur de Chile, donde se concentran la producción vitivinícola, es un área de alta importancia para la conservación biológica, sin embargo, menos del 1% está bajo el Sistema Nacional de Áreas Protegidas del Estado (SNASPE). En este contexto, en el año 2000, la comunidad científica internacional declaró la zona centro sur de Chile como uno de los 35 sitios con mayor diversidad y endemismo del planeta, los cuales deben ser conservados. ¿Entonces cómo hacemos para conservar este ecosistema al mismo tiempo que continua la producción vitivinícola? La respuesta “simple” es pensar en una industria sustentable. ¿Pero realmente los programas de sustentabilidad incluyen la conservación de la biodiversidad y los beneficios que esta nos entrega a todos los seres humanos? La respuesta es NO. Casi nunca los planes incluyen explícitamente este componente esencial.

Parte de la razón, es la arraigada idea de que existe una contraposición entre la producción y la conservación de la biodiversidad y de nuestros ecosistemas. Esta añeja idea muchas veces dificulta que la industria y empresas usen y aprovechen el conocimiento de las ciencias ecológicas para mejorar tanto su negocio como la naturaleza. Esta falta de interacción entre la academia y la industria desgraciadamente es común en Chile y en muchos ámbitos de la ciencia. Y en nuestro caso, es de suma importancia comprender que los pequeños parches de bosque que existen dentro de las viñas o los cerros que las rodean son los lugares que deben conservarse en vez de convertirlos en extensiones del monocultivo.

Es por esto que durante el año 2008 nace el programa de Financiamiento Basal para Centros Científicos y Tecnológicos de Excelencia, el cual surge en el año 2006 como resultado de una propuesta del Consejo Nacional de Innovación para la Competitividad (CNIC). Su principal objetivo es potenciar el desarrollo económico de Chile a través de un financiamiento substancial y de largo plazo y acercar a los científicos y la industria para poner en valor el conocimiento de primer nivel que se genera en Chile y que por falta de vínculos no llega a ser aplicado. Busca generar los vínculos donde confluyan la investigación básica de excelencia y la investigación aplicada, vinculados a desafíos del país y conectados al mundo y al sector productivo.

Aprovechando esta oportunidad decidimos redefinir nuestro desarrollo académico poniendo énfasis en transformar nuestro trabajo en algo valioso para la sociedad y ese algo está estrechamente relacionado con la conservación. Entonces, pusimos en “acción” nuestro conocimiento sobre los ecosistemas, desplazando nuestros experimentos y sitios de estudio a los valles vitivinícolas y con una copa de vino en la mano comenzó la travesía por generar la cooperación entre nosotros, los científicos, y con ellos, la industria, con el propósito de proteger el medio ambiente y la biodiversidad.

Hoy podemos contar una historia feliz de colaboración con más de 22 viñas socias del Programa Vino Cambio Climático y Biodiversidad, y con la AG de Vinos de Chile, y en el camino hemos aprendido grandes lecciones. Cuando hablamos de conservación, un tema que no estaba en el ADN de la mayoría de las empresas del sector, es importante dejar de enfrentarlo como si fuera un problema, sino más bien una oportunidad de poner en valor nuestra identidad única. No solo es la identidad del vino chileno, sino de nosotros; los chilenos y chilenas porque somos parte de esta naturaleza única. Por otro lado, ofrecer soluciones a este desafío significó abrir la puerta para discutir vínculos de confianza entre ciencia e industria. Es en este momento en donde el sector productivo puede poner en la balanza el peso de sus decisiones, puesto que la tecnología nos permite producir en ambientes extremos, incluso sin el soporte natural de los ecosistemas, pero estos sistemas simplificados carecen de resiliencia para enfrentar los cambios que hoy en día enfrentamos, como, por ejemplo: el cambio climático y las invasiones biológicas. Gran parte de la solución a problemas como estos pasan por cuidar y conservar el ecosistema, el cual nos permite diversificar nuestras opciones.

Incorporar el conocimiento asociado a la biodiversidad y prácticas de manejo para su conservación como herramienta útil para los predios vinícolas dentro del territorio chileno trae como consecuencia implementar una relación simétrica con el planeta, considerando que los beneficios que nosotros recibimos los obtenemos de manera gratuita y que por no valorarlos a tiempo podemos perder, trayendo graves consecuencias para el bienestar humano. Lo más importante es hacer entender que un sistema productivo que elimina su ecosistema está condenado al término porque no es sustentable, y aquí entendemos que la conservación de la biodiversidad es un pilar fundamental de la sustentabilidad. Esto SI lo tienen claro las viñas que participan activamente del VCCB.

Nos han obligado a creer que la conservación y la producción son cosas opuestas, lo cual no tiene sentido porque bajo esa lógica no se considera que es el ecosistema el que provee determinadas características que sustentan la producción. Es un engaño creer que la humanidad puede subsistir sin la naturaleza y así como los empresarios vitivinícolas nos escucharon cuando les presentamos la evidencia científica de que agotarían el ecosistema con su nivel de desarrollo, otros sectores productivos del país deben también hacerlo, teniendo en consideración también que la humanidad aún no ha sido capaz de encontrar otro planeta con las características que tiene el nuestro.

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