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Opinión

Lo que hay que hacer

Lo que hay que hacer Lo que hay que hacer

"Surge con mucha claridad un cierto consenso técnico, pero en paralelo a esa incipiente claridad se hace más evidente la obscuridad respecto de quiénes y cómo se hacen cargo de lo que hay hacer".

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Socio Subjetiva

13 de Junio de 2019

Hace tres semanas estuve en una presentación de Rodrigo Valdés con datos y análisis muy provocadores de lo que hay que hacer para mejorar bienestar de los chilenos, siempre con énfasis en crecimiento y productividad. Una de las últimas preguntas de los asistentes apuntó a algo que intuía: hay un cierto consenso técnico en lo que hay que hacer, pero ¿cómo se hace todo esto políticamente, más aun considerando que Ud. fue ministro de Hacienda?

Casi como una secuencia cinematográfica días después se sucedieron provocadoras columnas de Ricardo Escobar, Daniel Matamala y Oscar Landerretche aportado puntos sobre sobre la urgencia de cambios para avanzar a una nueva etapa de desarrollo y enfrentar las demandas de nuestra sociedad, así como los nudos que se observan. Surge con mucha claridad un cierto consenso técnico, pero en paralelo a esa incipiente claridad se hace más evidente la obscuridad respecto de quiénes y cómo se hacen cargo de lo que hay hacer.

En la misma secuencia de tiempo leo día a día cómo el PS es incapaz de terminar un proceso electoral interno, una especie de culebrón televisivo de antigua data. En las mismas páginas, sigo la serie de amor y desengaño entre la DC y el Gobierno en un intento de esta última por marcar su perfil político: reforma tributaria y previsional son vistas por lo que queda de la Falange como una oportunidad para re-encantar a su electorado de “centro”. Sigo con las lecturas: Ciudadanos, proyecto político que prometía recrear el centro tras el triunfo de Andrés Velasco sobre Claudio Orrego en las primarias del 2013, termina en una disputa interminable entre el ex ministro y sus ex socios, donde los egos ocultan los liderazgos. Una de sus “facciones” se convierte (nuevamente) en un nuevo centro de estudios, uno más dedicado, a investigar sobre lo que hay que hacer.

La secuencia anterior, ¿es producto solo de las limitaciones de la legislación electoral y de partidos políticos? En parte sí, pese a los avances logrados en el gobierno de Bachelet. Pero también hay una cuota adjudicable a la falta de liderazgo político, a la voluntad efectividad de poder (y no solo de administrar cuotas de él) y la dificultad por leer el entorno. Se necesita con urgencia reformas políticas que permitan mayor transparencia y fortalecer del sistema de partidos políticos, entre otros. Pero nada de eso se logrará sin liderazgos políticos efectivos.

Mientras, en una secuencia paralela, José Antonio Kast inicia la formación de su Partido Republicano y se toma la agenda como pocos lo han hecho en varios años y logrando que hasta el presidente Piñera se hago cargo de su irrupción. Kast no se preocupa mucho de lo que hay que hacer (su recetas no es muy innovadoras la verdad), porque parece estar concentrado en quién tiene que hacerlo…. o sea él.

Un paso no menor en el fortalecimiento del liderazgo es sintonizar a quienes se quiere liderar. Quizás como nunca la distancia hoy entre el liderazgo político y el potencial electorado es enorme (que lo digan los patipelados a que refiere la presidenta de la UDI). No basta ya con escuchar la voz del pueblo después de las votación como lo hizo Lagos hace 20. Hay que anticiparla, ir a la percepción que motivan las conductas de las personas (voto o mejor dicho la abstención). No me complica tanto que Giorgio Jackson o el PDC validen la encuesta Cadem cuando sirve para reafirmar sus intereses. Lo que me resultaría preocupante es que ese sea el único instrumento usado para la orientar sus estrategias y sintonizar con la ciudadanía.

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