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Educación

Los excluidos del sistema escolar: una realidad invisible que urge solucionar

Los excluidos del sistema escolar: una realidad invisible que urge solucionar Los excluidos del sistema escolar: una realidad invisible que urge solucionar

"Es fundamental tomar medidas para prevenir el retiro de estudiantes del sistema escolar, pero también es urgente incluir una respuesta para el importante número de niños que ya están fuera".

Antonia Madrid

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Socióloga de la Universidad Católica, investigadora de Política Educativa de Educación 2020 y Coordinadora del Observatorio Ciudadano de Reduca.

Hace pocas semanas fue el ingreso oficial de estudiantes a clases. Es un nuevo año para lograr nuevos aprendizajes, conocer nuevas personas y adquirir distintas herramientas que van a ser beneficiosas en su formación. Sin embargo, y aunque sea difícil de creer, son muchas las sillas que año a año quedan vacías, y que en silencio recuerdan que no todos los niños, niñas y jóvenes de nuestro país son parte del sistema escolar.

Según datos de la encuesta Casen 2015, son más de 77 mil los menores de 18 años que se encuentran excluidos del sistema escolar, cifra que aumenta a más de 188 mil en menores de 21 años. Si a esto le sumamos los más de 144 mil estudiantes que han repetido de curso sin alcanzar y que solo 1 de 100 estudiantes es capaz de escribir textos narrativos coherentes, la situación se agrava.

Estas cifras son sólo la punta del iceberg de una realidad más dramática: la exclusión educativa no comienza solo cuando el estudiante se encuentra fuera de la escuela, sino que muchísimo antes. Es una trayectoria escolar de frustración, de rezago en el aprendizaje, de pocos espacios para la participación dentro de la escuela y problemas de convivencia escolar. Esto sumado a factores propios del entorno familiar y comunitario del estudiante, complejizan aún más el escenario.

En estas circunstancias, los niños y jóvenes ven truncadas las posibilidades de desarrollarse, y la mayor parte de ellos termina siendo excluidos no sólo en términos educativos, sino también culturales, políticos, económicos y sociales.

A pesar de las múltiples reformas que se han aprobado y que se encuentran en proceso de implementación, hoy no existe una política pública dirigida para los estudiantes que se encuentran fuera de la escuela. Lo que encontramos es una oferta programática desarticulada, llevada por diversos organismos públicos y organizaciones de la sociedad civil, que no da abasto para la cantidad de estudiantes que se encuentran fuera del sistema (sólo cubre un 3%).

En este sentido, es fundamental tomar medidas para prevenir el retiro de estudiantes del sistema escolar, pero también es urgente incluir una respuesta para el importante número de niños que ya están fuera. Un camino es la creación de aulas y escuelas de reingreso.

La escuela de reingreso es un espacio que imparte educación para niños, niñas y jóvenes que han visto su trayectoria educativa interrumpida y que presentan 2 o 3 años de rezago, además de importantes problemáticas biopsicosociales. Por su parte, el aula de reingreso es un modelo de tamaño más pequeño, que se inserta en una escuela regular, pero que otorga una enseñanza acorde a las necesidades de los estudiantes que se reinsertan en el sistema escolar.

¿Qué características deben tener estas aulas o escuelas? Lo principal es que deben enfocarse en un modelo pedagógico que vaya acorde a las necesidades de los estudiantes, considerando sus expectativas, motivación, características familiares, entre otros aspectos.

Estos espacios también deben contar con una propuesta curricular integral, que incorpore el desarrollo de las habilidades que favorezcan la integración social y el desarrollo personal de los estudiantes. Para ello es fundamental que las metodologías de enseñanza sean innovadoras y participativas, y que promuevan el aprendizaje significativo.

Finalmente, las escuelas o aulas de reingreso deben considerar la diversificación de alternativas de ingreso, el vínculo con formación laboral, la articulación con experiencias ya existentes de reinserción y reingreso, y un financiamiento basal que considere los costos fijos para su funcionamiento, así como variables (en la medida que aumente la matrícula).

No podemos continuar siendo indiferentes ante esta realidad y para ello el desafío está planteado: si realmente se quiere proteger a la infancia y adolescencia, es vital devolver el derecho a la educación de los miles de jóvenes que se encuentran excluidos del sistema escolar y para ello es fundamental considerar espacios que garanticen una reinserción exitosa.

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