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Opinión

Los invisibles de la política

Los invisibles de la política Los invisibles de la política

"A los más vulnerables, a los más débiles, a los más necesitados, les resulta más difícil decir presente o alzar su voz. A ellos quien los representa? Quién marcha por ellos? Quién alza la voz por ellos?"

José Ignacio Concha

Por


Abogado y profesor de la Universidad Católica.

En estos momentos asistimos a una elección presidencial con crispación y polarización, a una elección donde con el pasar de los días recrudecen los tonos y se agudizan las diferencias. Pero, si nos detenemos un momento a analizar los temas centrales del debate político – al menos las ideas que han cobrado notoriedad – parecieran no estar presentes quienes son invisibles o quienes están silentes.

Justamente la actividad política es una forma de servicio público, de compromiso, una forma de buscar el bien común, pero especialmente de trabajar por los más necesitados, por quienes más requieren nuestros esfuerzos. Ellos son los niños, los adultos mayores, las personas de escasos recursos, la clase media temerosa de perder los logros alcanzados fruto de su trabajo, las víctimas de la delincuencia y la inseguridad en sus poblaciones, quienes deben viajar horas arriba de un bus para llegar a su trabajo, quienes deben soportar tediosos tiempos de espera para ser atendidos por un médico en consultorios y hospitales, quienes viven en campamentos en condiciones extremas, y en suma, todos aquellos que no pueden marchar porque deben trabajar duro día a día para llevar el alimento a sus hogares.

A todas esas personas es imperioso mirarlas humanamente, no sólo de modo estadístico, detrás de ellos encontramos mucho más que un número, existen alegrías y logros, pero también tristezas y fracasos, porque cuando sus problemas nos tocan es algo más sencillo entender sus reales necesidades. Dicho de un modo más simple, para quien debe viajar todos los días dos horas y media en un bus del Transantiago, sólo para llegar a su lugar de trabajo, hay cosas mucho más prioritarias que la condonación del CAE.

Tal vez esa ausencia del sentido de la realidad sea una de las razones – por cierto son muchas y variadas – del alto porcentaje de abstención electoral, porque el común de las personas, los ciudadanos de a pie, quienes deben trasladarse en Metro todos los días, sienten que sus preocupaciones no están debidamente reflejadas en la agenda política. Y esa separación entre las necesidades reales y las prioridades políticas desemboca inevitablemente en un alejamiento, desinterés y pérdida de credibilidad de las personas hacía la clase política.

Tomemos un solo ejemplo, recordando lo que el gran presidente de los EE.UU., John F. Kennedy aseveró; “Los niños son el recurso más importante del mundo y la mejor esperanza para el futuro”. Esta frase contiene un profundo mensaje que se mantiene más vigente que nunca, los niños deben ser siempre una prioridad, ellos son el futuro de los países. Aplicado a nuestra realidad, significa enfocarse en solucionar de una vez por todas la tragedia de los niños del SENAME, ocuparnos de la educación inicial, prepararnos para la educación del futuro, y, en definitiva, que todo niño independiente de su origen pueda acceder a las mejores oportunidades posibles y a una educación de calidad, donde el niño nacido en Temuco pueda acceder a las mismas oportunidades que el niño nacido en Santiago. Esta materia debiera ser central en el debate de ideas donde los candidatos confronten sus propuestas para buscar la mejor solución, debería ocupar un lugar medular en las reflexiones y análisis, pero lamentablemente no lo es.

El actual debate político ha estado empantanado en la Asamblea Constituyente, NO+AFP, gratuidad universitaria y condonación del CAE, donde cual guaripola, el Frente Amplio, autoproclamado como el “movimiento que representa las necesidades de la ciudadanía” o la “expresión política de los movimientos sociales”, va pauteando lo que sería en su opinión el sentir ciudadano, creyendo ser el hilo conductor entre las demandas de la ciudadanía y la política. Si somos precisos, digamos más bien que son los que pretenden expresar las demandas de los que marchan, de los que tienen capacidad y organización para alzar la voz más fuerte, recetando luego con aires populistas lo que ellos creen que serían las soluciones indicadas.

Sin embargo, en las prioridades es donde está la visión política, porque muchas veces quienes tienen más necesidades o mayores problemas precisamente no marchan, no pueden alzar su voz, no porque no quieran, sino porque no pueden, pasando a ser invisibles o silentes para la clase política, quedando postergados o relegados a los últimos lugares. A los más vulnerables, a los más débiles, a los más necesitados, les resulta más difícil decir presente o alzar su voz. A ellos quien los representa? Quién marcha por ellos? Quién alza la voz por ellos?

Así, es necesario reafirmar que la política debe entenderse unida con su dimensión humana, no puede ser concebida bajo ninguna perspectiva como un denigrante juego de poder por el poder, no, jamás puede ser eso. La política significa principios, valores, visiones, formas de ser y actuar, pero sobre todo, compromiso verdadero con el servicio público. Eso determina el cómo nos aproximamos a los diferentes temas y qué soluciones entregamos. Entrar a la política para servir, no para servirnos, dedicarnos a trabajar por los problemas y necesidades de los demás. Eso se logra solamente cuando existe sentido común, humildad, sensatez y compromiso, sólo de esa forma podemos ver a los invisibles y escuchar a los silentes.

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