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Opinión

Patagonia Sin Sorpresas

Patagonia Sin Sorpresas Patagonia Sin Sorpresas
Patricio Araya

Por


Periodista y Licenciado en Comunicación Social (Usach).

15 de Abril de 2019

¿Por qué razón debiese esperarse de personas con paupérrima capacidad analítica una respuesta inteligente o, al menos, una respuesta no tan torpe, respecto a la reflexión realizada en este mismo espacio sobre la vocación negacionista de la intendenta de Aysén?

Esperar una reacción meditada, un análisis sesudo digno de leer y sorprenderse, por parte de sus cercanos era una ocasión imperdible que no obstante estos dejaron pasar –o no vieron como tal–, restándose de la valiosa oportunidad de demostrar alguna mínima pericia frente a cómo responder una crítica política; pero esperar aquello no era sino alimentar la ingenuidad. ¿Por qué ilusionarse con algo sorpresivo, diferente, incluso, subversivo en su sentido de subvertir una realidad adversa, si en verdad el olmo no da peras? ¿Por qué pedir lo imposible? Por desgracia, lo único previsible no era sino sentarse a esperar algún desaguisado, un sentido homenaje a la estulticia; en rigor, una maquinación burda destinada a desprestigiar al columnista, sin ánimo de ocuparse de los hechos opinados. Y eso fue lo que durante los últimos siete amaneceres inundó el Ágora.
En su lugar, desde la precariedad intelectual en las siguientes horas de la publicación de la columna reventó como tapa de alcantarilla la única respuesta posible de concebir en mentes obsecuentes y rudimentarias: de manera obvia y aberrante esas testas prefirieron enfocarse en las ramas de los árboles, olvidándose ex profeso del bosque.

Gaye Tuchman asegura que los periodistas suelen confundir el hecho con la fuente. Es decir, confunden el ‘qué pasó’ con el ‘quién lo cuenta’, para luego, según sus intereses, ocuparse del ‘quién te lo contó’, ‘de dónde sacaste el dato’, relativizando el hecho de fondo. El error es considerar que lo importante no es lo que sucedió, sino quién lo comunicó, en circunstancia que es al revés; lo principal debiese ser el hecho, y no lo accesorio o pueril, como el narrador. Nadie pregunta quién llamó a los bomberos, el hecho concreto es el incendio.

Tal como se anticipara en la referida columna, en el afán de responder los cuestionamientos frente a la postura ambigua de la jefa regional, la reacción espontánea de su entorno fue horrenda, tan desprolija como los movimientos de un elefante dentro de una cristalería. Sin ningún pudor desde allí salieron de súbito –luego de invisibilizar su existencia durante casi un mes– a “apoyar” y “orientar” a la ciudadana argentina agredida por un funcionario público; no dudaron en recomendarle que negara los hechos, instándola a perseguir responsabilidades en las fuentes, y que no acudiera a la Fiscalía; mientras, su agresor argumentaba sin desparpajo alguno ante su jefatura, que las lesiones constadas por el equipo médico se debían a autoagresiones de su pareja, sin explicar por qué él, dado la gravedad de la situación, no la acompañó a Urgencia, ni tampoco dejó constancia para evitar futuras complicaciones laborales y sociales.

¿De qué cojea la intendenta de Aysén que la hace cometer tantos desaciertos? Como intendenta Geoconda Navarrete es una muy buena Asistente Social. Aunque no es una líder megalómana de aquellas que matan por obtener y conservar el poder, tiene sus excesos autorreferentes que la empujan al precipicio de la vanidad. La mesa de “Gioko” –como la llaman sus amigos– cojea de la misma pata que la de toda autoridad banal: ella escucha y ve solo lo que le conviene y se desentiende de cuestiones que luego terminan afectando su imagen y gestión, como desoír la repetida recomendación de quitar su propaganda electoral de su vehículo particular, que impide que su cónyuge pase inadvertido en la puerta del colegio de sus hijos. Que no se haya comprendido el sentido y alcance de la reflexión frente a aberraciones ocurridas bajo las narices de la intendenta, es de temer.

¿Alguien se habrá preguntado por estos días en Plaza 485 cuál sería el escenario político que estaría enfrentando el Estado chileno de haberse enterado las autoridades argentinas que un funcionario del Gobierno de Chile le dio una golpiza a una connacional suya? De seguro la situación sería muy diferente si la agresión hubiera ocurrido en contra de una chilena a manos de un funcionario del gobierno trasandino. Con toda certeza habrían salido a pontificar desde el mismísimo Presidente Piñera, pasando por la ministra de la Mujer, hasta parlamentarias de distinto cuño, pidiéndole explicaciones al Presidente Mauricio Macri.

Pero, como se trata de una argentina sin cargos públicos ni figuración alguna los asesores de Navarrete sienten que pueden reescribir la historia, contarla en clave negacionista, rayana en el fascismo, llevando la opinión política del columnista al plano delictivo, desviando con semejante maniobra la debida atención que merecen dos hechos gravísimos. Tras un primer año por estos lados, es bueno comenzar a darle sentido a la obviedad, porque esta Patagonia, es sin sorpresas.

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