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Opinión

Pensando el espacio público en simple y desde su esencia: los usuarios

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"Tanto en esta plaza, como en muchos otros espacios públicos, la reja simboliza el miedo que tenemos a compartir con otros, incrementando aún más la percepción de inseguridad que sentimos en estos lugares".

Florentina Browne

Por


Encargada de Participación Comunitaria de Fundación Mi Parque

La reciente Encuesta de Calidad de Vida Urbana 2018 del Minvu nos ha dado una razón para cerrar este año con optimismo, particularmente por el aumento significativo en el uso de plazas y parques, donde las personas que los utilizan una vez por semana, pasaron de un 29 a un 44% en relación a lo medido en 2015.

Con este exitoso indicador, resulta interesante reflexionar acerca de la participación ciudadana en el diseño de los espacios públicos y su relación con el posterior uso de estos. Diversas organizaciones -como Fundación Mi Parque- trabajan en torno al diseño participativo de los espacios públicos emplazados en las comunas que, precisamente tienen un menor acceso a áreas verdes de calidad. En consecuencia cada vez cobra más sentido la idea de que los espacios públicos deben pensarse y construirse a partir de las necesidades y anhelos de los ciudadanos que ocupan y activan estos lugares.

Un ejemplo ilustrativo de la relevancia que posee el diseño participativo en el futuro uso y activación de las plazas y parques urbanos, es el caso de la reciente recuperación de la plaza Villa El Sol realizada por Mi Parque -fundación dedicada al diseño, construcción y activación de áreas verdes para el encuentro- en conjunto con los vecinos del sector Lo Velásquez Sur en la comuna de Renca.

Uno de los aspectos más controvertidos por los vecinos y vecinas en el proceso de diseño consistió en la decisión de eliminar o no el cierre perimetral que rodeaba la plaza a intervenir. Después de largos talleres y discusiones, los vecinos decidieron eliminar la reja que rodeaba a la antigua plaza. La decisión no fue fácil. Desde el primer día de trabajo con la comunidad se planteó y problematizó la existencia del cierre, lo cual promovió que los participantes se preguntaran ¿por qué la plaza, siendo un espacio público para todos y todas, tenía una reja? ¿tener la plaza cerrada nos ayuda a mejorar la percepción de seguridad de ésta?

Inicialmente, para muchos de quienes participaron del proceso de recuperación de la plaza, la respuesta a estas interrogantes era clara y tajante: la reja proporcionaba mayor seguridad y paz a su plaza sin lugar a dudas. Pese a esto, después de un proceso de diálogo entre vecinos y vecinas sobre el tema; y algunos ejemplos de otras plazas con la misma problemática, el cierre comenzó a adquirir otras connotaciones muy contrarias a las que predominaban antes.

Los vecinos argumentaron que un espacio cerrado no invitaba a acercarse de manera fácil y rápida para realizar distintas actividades, que varían desde esperar cómodamente en un escaño, hasta practicar algún tipo de actividad física. Así, la plaza permanecía vacía por largos periodos del día, incentivando, por otro lado, la realización de actividades que requieren contextos o entornos aislados como el consumo de drogas y acciones vinculadas a la delincuencia, entre otras. Sumado a lo anterior, el cierre perimetral podría provocar una sensación de encierro para quienes se encuentren dentro de la plaza, al obstaculizar las salidas en caso de emergencia e impedir una mejor visibilidad tanto desde afuera como desde el interior del recinto.

Además de las consecuencias negativas vinculadas a la seguridad de la plaza, dejar la reja en un espacio como éste, desincentiva aún más el encuentro entre los vecinos que, en general, no se involucran en las organizaciones e iniciativas comunitarias presentes en el barrio; las que justamente lo activan y le dan vida. En este sentido, se refuerza la idea de que, al dejar un cierre perimetral en plazas o parques urbanos, estos lugares pierden su condición de espacio público y tienden, a primera vista, a concebirse como una propiedad privada o semi privada a la cual no todos y todas pueden ingresar libremente.

Finalmente, la principal razón que llevó a la comunidad a tomar la decisión de eliminar la reja de la nueva plaza Villa el Sol, consistió en que este espacio debía ser un lugar que incentivara el encuentro y la unión de la comunidad. Tanto en esta plaza, como en muchos otros espacios públicos, la reja simboliza el miedo que tenemos a compartir con otros, incrementando aún más la percepción de inseguridad que sentimos en estos lugares. Por el contrario, eliminar la reja invita a encontrarnos en un espacio y compartir, permitiéndonos construir la percepción de seguridad desde la confianza. Ésta, al menos, es la invitación que hace Fundación Mi Parque a las comunidades con las que trabaja, en búsqueda de un mayor uso y activación de los espacios públicos.

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