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Opinión

Piñera, entre luces y sombras

Piñera, entre luces y sombras Piñera, entre luces y sombras

"Esta segunda oportunidad es la gran posibilidad para transformar esa imagen autoreferente y arrogante, en la de un potencial estadista capaz de integrar a una sociedad que peligrosamente camina hacia una grieta".

Guillermo Bilancio

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Licenciado en Administración de la Universidad de Buenos Aires. Doctorando en Ciencias Económicas, Universidad de Buenos Aires. Ha realizado el curso de Postgrado en Estrategia y Dirección General en la Universidad de Buenos Aires.

Más allá de las expectativas economicistas de la gente, la segunda presidencia de Piñera está condimentada con el análisis de su evolución como político.

Sabemos todos que, en su primera presidencia, la baja calidad de su lenguaje político no le permitió capitalizar una mejor imagen que lo proyecte como una figura determinante para la historia política de Chile, a pesar de logros puntuales que pueden estar asociados a la gestión administrativa, mas que a la visión de un político que deja huella.

Esta segunda oportunidad es la gran posibilidad para transformar esa imagen autoreferente y arrogante, en la de un potencial estadista capaz de integrar a una sociedad que peligrosamente camina hacia una grieta.

Piñera pareció entender el juego de la nueva política, cuando tuvo expresiones como las relacionadas con la educación. “La gratuidad de la educación llegó para quedarse…”, en una expresión que a más de uno del Frente Amplio lo debe haber descolocado. Y ni hablar de sus socios en la UDI, que ya suponían a un Piñera populista.

Pero esas expresiones, que forman parte de una democracia moderna, que entiende que las ideas son determinantes para la definición de políticas que se aplican en diferentes ámbitos, no son suficientes si no hay un verdadero sinceramiento con el tema de Derechos Humanos y con aquellas cuestiones que hacen al desarrollo social de un país.

Las infelices expresiones del diputado Urrutia, y el silencio de Piñera, ponen nuevamente un cono de sombra sobre un tema determinante para llegar a un acuerdo acerca de la historia de los chilenos.

Porque sin entrar en detalles sobre la pertinencia o no del resarcimiento económico a las víctimas de una dictadura cruel y genocida, es necesario un lenguaje pacificador en el que el resarcimiento a las víctimas sea el de reconocer que efectivamente esos fueron los años más oscuros de la historia de Chile. Y Piñera lo sabe.

Pero no, en una sociedad economicista, la idea de resarcimiento económico enfurece a quienes en un acto de envidia y odio, sólo creen que los “otros” (rojos y zurdos) sacan ventajas, cuando deberían darse cuenta que la pacificación del país se logra a partir del reconocimiento.  Eso es lo que define al más elevado perfil de la clase política que entiende que un replanteo se logra a partir de la cohesión social.

Las expresiones desafortunadas de políticos, diputados y senadores acerca del sexo, la adolescencia y el VIH, son también sombras que esperan la luz de la palabra equilibrada del presidente, algo que transformaría a Piñera en un proyecto real de líder, y no simplemente en un administrador de la presidencia.

Piñera tiene la posibilidad de ser el catalizador de las inquietudes de diferentes sectores, y sin necesidad de acudir a discusiones metafísicas como lo hacen los fanáticos populistas bolivarianos, puede hacer política real con hechos reales, como lo son los derechos humanos, la salud, la educación y la justicia.

Porque política es hacerse cargo. Y hay temas concretos para hacerse cargo que no necesariamente están relacionados con el crecimiento económico.

El bienestar general, que es el camino al desarrollo, se logra a partir de la convivencia. Y la convivencia es lo que permite el orden, no la jerarquía autocrática de algunos diputados y políticos de la vieja derecha que toman revancha frente a cada momento en el que suponen disponer del poder.

No es necesario una revancha. La mejor política es el reconocimiento, la empatía y de ese modo una convivencia con quienes, diferencias ideológicas mediante, hay que construir un país convocante por su atractivo y por su potencial.

Piñera es el responsable de unir. Y eso es política, no gestión. Eso es lo primero que debe pensar si quiere alcanzar lo que le falta en su vida: Trascender.

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