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Opinión

Piñera y las pifias que le recordaron que no sabía lo que creía saber

Piñera y las pifias que le recordaron que no sabía lo que creía saber Piñera y las pifias que le recordaron que no sabía lo que creía saber

"Se encontró con clientes que reclamaban en un mesón gigante del Sernac que no lo querían ahí. Porque no pagaron para eso y no tenían por qué aplaudirlo ni quedarse callados, ya que el ticket los hacía sentir más libres, debido a que, como dice la derecha, la democracia se expresa a través del mercado".

Por


Columnista.

22 de Marzo de 2019

Sebastián Piñera tiene que estar en todos lados y hacerlo todo. Es una pulsión fuerte que lo emplazaa formar parte de lo que esté sucediendo en el lugar que sea. Tal vez son los resabios de su pasado de especulador, cuando invertía y apostaba en cualquier tipo de empresa, aunque no supiera de qué se trataba lo que esta hacía. Lo importante era estar, arriesgar y siempre ganar.

Como Paul McCartney era el gran artista que estaría en Chile esta semana, él no podía dejar de presenciar su espectáculo, sacarse fotos con el exBeatle y escuchar sus canciones en primera fila con su gabinete. Para eso tenía dinero que, según dice, se ganó con su esfuerzo, lo que, pensó, no debía incomodar a ningún ciudadano; por el contrario, quizás creyó que haber sacado dinero de su bolsillo sería un acto respetado y hasta aplaudido, debido a que no echó mano a las arcas fiscales para complacer sus gustos personales.

Lo que no entendió el Presidente, es que a veces las formas son importantes. Sobre todo cuando se pretende establecer ciertas normas en las conductas públicas; más aún cuando quien nos gobierna es tal vez la demostración misma de la desigualdad enorme que existe en nuestras tierras. ¿O no resulta complejo ver cómo un gobernante es capaz de pagar una suma importante de dinero como si nada (tomando en cuenta que la información de que pagó sea real)? ¿No es un poco violento para quienes deben recurrir a créditos para llegar a fin de mes?

Pero estas preguntas son estériles, debido a que Piñera no se pregunta nada. Solo tiene respuestas a todo, ya que detenerse un momento a ver si es que lo que hizo está bien o mal, es una pérdida de tiempo ante la oportunidad de actuar, moverse, arriesgar y hacer como si lo estuviera haciendo todo para que no se note que finalmente no hace nada. Él dice que sabe lo que quiere la clase media, aunque este miércoles una parte de esta lo haya pifiado. ¿Se habrá hecho la mínima pregunta de por qué sucedió esto? ¿Habrá tal vez llegado a la conclusión de que las certezas que tenía sobre algunos temas no eran tales? A lo mejor solo observó y calló. Y solo entendió lo que quiso entender. Es lo que hacen en La Moneda.

Aunque suene exagerado, lo que sucedió en el concierto señalado no fue nada anecdótico. Un gobierno que cree saber de todo y de todos, y que cada ciertas horas nos recuerda que ganó con mayoría, se encontró no con una masa politizada y organizada ideológicamente, sino que con el resultado de una lógica sistémica que ellos ven como su fe. No había solo ciudadanos esa noche, también consumidores endeudados, personas que entran en el juego del mercado (¿alguien puede escapar?) aunque este les quite gran parte de su futuro; hombres y mujeres que necesitaban estar en el evento del año por esas necesidades que les crean y ellos mismos establecen como metas.

Piñera fue increpado en su terreno, en un lugar que creyó que estaría vacío de contenido real, pero en el que se respiraba una indignación desordenada, que no iba direccionada a ninguna parte, lo que puede parecer fácil cuando se cree saber qué hacer al respecto; pero que es sumamente complicado administrala cuando crees que ya hiciste todo y que el resto es el que está equivocado.

El mandatario se encontró ayer con un país modelado por sus ideas; por personas que, por comprar una entrada a un recital, se sentían libres de expresar lo que querían incluso a la primera autoridad del país. Se encontró con clientes que reclamaban en un mesón gigante del Sernac que no lo querían ahí. Porque no pagaron para eso y no tenían por qué aplaudirlo ni quedarse callados, ya que el ticket los hacía sentir más libres, debido a que, como dice la derecha, la democracia se expresa a través del mercado. Así que no se enoje Presidente. La libertad es libre, como a usted le gusta repetir.

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