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Opinión

Plebiscito y BID, dos casos paradigmáticos

Plebiscito y BID, dos casos paradigmáticos Plebiscito y BID, dos casos paradigmáticos

La elección del BID es una clara demostración a lo que están dispuestos a llegar quienes no respetan las reglas del juego, recurriendo a todo tipo de argucias y argumentos, para afectar o alterar el resultado de la próxima votación.

10 de Septiembre de 2020

Aunque parezca una perogrullada, la vida en comunidad requiere de reglas claras y estables para una sana convivencia entre sus miembros. Por ello, los Estados se confieren constituciones como un pacto político-social, que, entre otras materias, regula las relaciones entre el poder y los ciudadanos. Por otra parte, a nivel internacional, los organismos multilaterales se otorgan estatutos para reglamentar, entre otras, las relaciones entre sus Estados miembros. Sea a nivel internacional o local, las reglas del juego deben ser respetadas y cumplidas por todos. Sin embargo, en último tiempo hemos sido testigos de cierta inconsecuencia al exigir el respeto de unas y auspiciar el menosprecio de otras. ¿Consecuencia o conveniencia?.

De dudoso o controversial origen son las reglas del juego que el sector político, se dio como solución a la crisis que surgió a partir del 18/O. En efecto, mientras para algunos el acuerdo político del 15/11, que luego dio origen a una reforma constitucional, fue obtenido a partir de la violencia de sectores de ultra izquierda, para otros fue el resultado de la política de los acuerdos. Bien parece que nunca nos pondremos de acuerdo sobre el origen legítimo o no del proceso constituyente. ¿Suena conocido?.

Más allá de nuestras opiniones y preferencias personales, lo cierto es que existen unas reglas del juego que habrá de respetar y cumplir. Quienes sean partidarios del rechazo o apruebo, deberán asumirlas y respetar el resultado con humildad y buena fe. Aunque se respira un aire triunfalista en los partidarios del apruebo, ello no puede minar el entusiasmo y consecuencia de quienes vamos por la opción contraria: el rechazo. Por el contrario, hoy más que nunca la centroderecha necesita de personas que defiendan el actual texto constitucional en todas las instancias electorales que vienen, lo que incluye, por cierto, el plebiscito de entrada. No es correcto ni justo afirmar que solo quienes apoyen el apruebo tendrán legitimidad para defender la Constitución actual en la Convención Constituyente.

Por otra parte, desde la vereda del apruebo, se insiste en la necesidad de defender la legitimidad del proceso constituyente y de las reglas del juego que se establecieron. Respetable. Sin embargo, contrasta dicha actitud entre quienes se resisten a respetar las reglas del juego en la elección del próximo Presidente del BID. Bien sabemos que sus estatutos no contemplan una exigencia de nacionalidad. Aunque muchos compartimos y desearíamos un presidente de nacionalidad latinoamericana, lo cierto es que frente a la candidatura de Estados Unidos, se han formulado toda clase de propuestas o recomendaciones para confrontarla, de dudosa inspiración y buena fe.

Varios políticos locales, descontentos con dicha candidatura, han optado por aplicar artimañas que no son propias de un país serio como el nuestro. Con evidente desparpajo, uno de ellos, ex ministro y parlamentario de la Concertación, sugirió que nuestro país no asistiera a la sesión de elección para hacerla fracasar por falta de quórum de asistencia y así poder frenar al candidato estadounidense por secretaría. Mansa personalidad. Ni se le arrugó la nariz para sugerir una tinterillada de tal envergadura, exponiendo al país a un acto tan indigno como inmoral.

Más recientemente, un ex Presidente de la República, a quien respeto, con una audacia e ingenio impropio de su estatura, sugirió que la elección del candidato estadounidense podría adolecer de nulidad por infringirse una norma de derecho internacional consuetudinaria. Quien haya aconsejado al ex mandatario a tamaña aventura, debería haber sopesado el alcance de la cuestión. A todas las dificultades probatorias propias de este tipo de normas, debe añadirse que son muy pocas las situaciones que llevan a nulidad de los actos ante el derecho internacional. A ello, súmase que es de difícil aceptación que un estatuto pueda modificarse tácitamente por la costumbre de sus miembros, cuando hay normas y procedimientos expresos para dichos efectos. El ex Presidente fue expuesto a un paso en falso innecesario.

Como sea, es importante la consecuencia entre uno y otro caso. La elección del BID es una clara demostración a lo que están dispuestos a llegar quienes no respetan las reglas del juego, recurriendo a todo tipo de argucias y argumentos, para afectar o alterar el resultado de la próxima votación. Habiendo unos estatutos en el banco que regulan la cuestión, no solo deben cumplirse y respetarse, sino que muy especialmente debe aceptarse el resultado, aunque no sea el deseado. Huelo un tufillo de inconsecuencia.

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