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Opinión

¿Qué hace falta para que podamos trabajar desde la casa?

¿Qué hace falta para que podamos trabajar desde la casa? ¿Qué hace falta para que podamos trabajar desde la casa?

"De la misma forma que las ediciones de Paula y Pulso fueron absorbidas por los trabajadores de La Tercera, las próximas ediciones de La Hora serán producidas por los trabajadores del diario La Cuarta".

Carlos Fuentealba Varela

Por


Periodista y militante de Revolución Democrática.

“¿Qué falta para que podamos trabajar desde la casa?”, se pregunta el diario La Hora en la portada de este viernes 13.

El título hace alusión a una nota sobre un proyecto que presentó el gobierno para flexibilizar aún más las condiciones con que los trabajadores y trabajadoras se desempeñan en Chile.

La idea representa el paso siguiente al dado ayer, cuando por 83 votos a favor y 53 en contra, la Cámara de Diputados aprobó el Estatuto Laboral para Jóvenes y Estudiantes, que precariza aún más el trabajo de los menores de 30 años. Sin grandes dificultades políticas- y con el entusiasta apoyo de algunos diputados de la Nueva Mayoría-, la derecha logró legislar en primera instancia un proyecto que hipoteca los derechos laborales de buena parte de la ciudadanía.

Pero volvamos a la pregunta: “¿Qué falta para que podamos trabajar desde la casa?”.

El título fue escrito, seguramente, por Javier Fuica, director del diario que ayer, tras siete años en el puesto, fue cesado junto a todo el equipo periodístico. Uno a uno, durante la tarde, a los trabajadores les fue notificado el despido por “necesidades de la empresa”, de la misma manera que hace dos meses había sucedido con los periodistas de las revistas Paula y Qué Pasa.

Desde gerencia, al equipo se le había negado cualquier cambio y los números azules del diario- poco usuales para el medio- no hacían presagiar la medida. Tras dos décadas en algunos casos, los trabajadores terminaron su última edición y se despidieron de su empleo.

Seguramente el titular fue el chiste más negro de la tarde: “¿Qué falta para que podamos trabajar desde la casa?”.
De la misma forma que las ediciones de Paula y Pulso fueron absorbidas por los trabajadores de La Tercera, las próximas ediciones de La Hora serán producidas por los trabajadores del diario La Cuarta. Y si el Senado hace la pega antes de que la sobrecarga laboral enloquezca a estos compañeros, la empresa podrá rellenar el déficit con estudiantes de periodismo que, gracias al nuevo estatuto, contarán con la flexibilidad horaria para cumplir sus sueños por un tercio de lo que percibían sus predecesores.

Seguramente el nuevo director de la sección de Negocios de La Tercera, Andrés Benítez, ya ideó alguna fórmula para contar con alumnos de la Universidad Adolfo Ibáñez, de la que fue rector hasta marzo. El mecanismo, quizás, se le ocurrió en conversaciones con la ex ministra de educación, Carolina Schmidt, que ahora ocupa la gerencia de medios del conglomerado.

Así como van las cosas, yo también me hago la pregunta: “¿Qué falta para que podamos trabajar desde la casa?”.
Durante el anterior gobierno de Piñera, Copesa probó una reingeniería parecida con los trabajadores. Esa vez, los despidos afectaron a La Hora y La Cuarta por igual y a lo que quedó de sus redacciones se les fusionó en una “agencia noticiosa”. Toda una fantochada para seguir haciendo los dos diarios con menos trabajadores. De la calidad editorial de ese entonces, mejor ni acordarse.

Asqueados de tanta mentira, los trabajadores se volcaron al sindicato y lograron que se echara pie atrás a toda esa faramalla. Pese a Bachelet, se aventuró una reforma laboral y varias organizaciones soñaron con una ley de medios como la que entonces regía en Argentina. Pero pronto las esperanzas se diluyeron: sin una organización política superior a la que permite el plan piñerista del 80, el sindicalismo está condenado a un rol testimonial.

Y el resto es sabido: lo que no se avanzó, se terminó retrocediendo hasta caer en el peor de los mundos; ese en el que los trabajadores nos aburrimos de repetir consignas como si fueran mantras y en el que todos intuimos la verdad: ¿Qué falta para que podamos trabajar desde la casa? -Un sueldo.

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