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Opinión

¿Qué tiene de humanitario deportar a personas por el hecho de ser negras?

¿Qué tiene de humanitario deportar a personas por el hecho de ser negras? ¿Qué tiene de humanitario deportar a personas por el hecho de ser negras?

"Es urgente hacer estos cuestionamientos de manera política más que emocional. Porque al hacer mea culpas mediáticos y aplaudibles, lo único que se hace es no apuntar al problema y, en cambio, quedarse en respuestas que no ayudan en nada".

Francisco Méndez

Por


Columnista.

Ahí estaba Andrés Chadwick despidiendo a ciudadanos haitianos con abrazos y bonitas palabras para que lo captaran las cámaras. Parecía como si fueran huéspedes que pasaron un fin de semana placentero en la casa en la playa del ministro del Interior, pero lo real era muy diferente. Se estaban marchando de Chile sin poder volver en nueve años a pisar tierra nacional. Estaban siendo deportados eufemísticamente, bajo una iniciativa llamada Plan de Retorno Humanitario.

Si uno les dice esto a quienes habitan La Moneda, se sentirán profundamente ofendidos. Sí, porque en el gobierno nunca se dirá lo que se es ni lo que se piensa. Ellos, según cuenta su relato, no piensan nada, sino que actúan frente a los problemas. Son personas que solamente solucionan problemáticas sin que haya ideología, concepción del mundo, ni mucho menos prejuicios sobre el color de piel de personas. Aunque, curiosamente, todos los que salieron “voluntariamente” del país son hombres y mujeres que tienen la piel negra.

¿Qué puede decir en la derecha al respecto? ¿Qué nos contarán para tratar de tapar, nuevamente, lo que es tan evidente? Parece una buena idea preguntarlo en días en que el oficialismo completo busca decirnos que lo que vemos no es tal; que lo que se ve como un acto racista es, realmente, una iniciativa bondadosa para que gente que estaba escapando de la pobreza de su país de origen, vuelva a este debido a su desilusión por cómo fueron tratados acá. Cuestión que, si bien la última parte es cierta, porque sí había mucho haitiano desilusionado, insulta la inteligencia de cualquier persona medianamente razonable.

Al menos Trump y Bolsonaro son honestos, aunque, convengamos, no es ninguna virtud. Nos dicen lo que odian y por qué lo odian. Sus graves distorsiones mentales están a la vista, frente a nosotros, y por ende podemos discutirlas. En nuestra derecha no pasa eso. Ellos se creen parte de un centro político, se hacen llamar liberales y señalan que condenan todas las violaciones a los Derechos Humanos. Es decir, dicen lo que no hacen y no dicen lo que verdaderamente hacen. Intentan edulcorar su eterna permanencia en el mismo lugar, haciendo gala de haberse ido de este hace muchos años en busca de la democratización de sus ideas.

Lo de este miércoles nos dejó en claro eso. Nos demostró a muchos por qué nunca votaremos por la derecha. Pero también que la fuerza comunicacional de quienes nos gobiernan es a veces hasta ofensiva, en días en que todo ofende, salvo lo que realmente falta el respeto a la convivencia democrática.

¿Y la oposición? ¿Dónde están quienes supuestamente se oponen a este gobierno? Por lo general, están en Twitter pidiéndole perdón a los ciudadanos haitianos, demostrando un buenismo ineficaz y sin ninguna idea detrás. Los más jóvenes ya se cansaron y aparecen en algunos medios avisando que se van a retirar luego de ocho años en el Congreso. Encuentran un exceso prolongar su estadía en el hemiciclo porque se puede ver feo. Lo que no quieren por ningún motivo. Los pueden relacionar con los otros políticos, con los que cometieron el error de ser impuros, en años en que los “puros” están ganando elecciones con discursos vistosos sobre temas que nuestro gobierno viste con ropas humanitarias.

Porque, ¿qué tiene de humanitario echar a gente negra? ¿Qué tiene de responsable no hacer ningún esfuerzo para que ciudadanos de uno de los países más pobres del mundo se queden acá? Es urgente hacer estos cuestionamientos de manera política más que emocional. Porque al hacer mea culpas mediáticos y aplaudibles, lo único que se hace es no apuntar al problema y, en cambio, quedarse en respuestas que no ayudan en nada.

En tiempos en que todo es criticable y cualquier acto es visto con gravedad innecesaria, es de suma importancia ver las verdaderas cosas graves y oponerse a estas. Y lo que hizo este gobierno esta semana es una de esas cosas. Y hay que hacérselo saber.

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