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Opinión

Sobre por qué no queremos esa portada sexista

Sobre por qué no queremos esa portada sexista Sobre por qué no queremos esa portada sexista

"Hoy el llamado es a abandonar las prácticas sexistas en las salas de redacción y en las campañas publicitarias".

Karen Denisse Vergara Sánchez

Por


Periodista e investigadora en temáticas de género y violencia

Expuestas en la televisión como mero capricho del editor de turno. Expuestas en las revistas y en la prensa digital. “Mira la fotografía que compartió X modelo luego de una semana de dar a luz ¡te sorprenderás!”, vientres contraídos, labios juguetones, ahí están los cánones imposibles para cientos de mujeres que ya tienen suficiente con el estrés de la maternidad, como para más encima seguir cuestionando su cuerpo y sus tiempos, con vidas imposibles que apenas les dejan tiempo para ellas.

Por otro lado, alguien revela un informe ginecológico al aire. Hablan de semen de dos sujetos diferentes, cuestionan a la víctima por infiel. El animador del matinal comenta que la víctima fue demasiado confiada y era pobre, que entre pobres estas cosas pasan, que la violencia contra las mujeres se da más en los estratos bajos. En un diario, un año antes aparecen certeras instrucciones de cómo descuartizar un cadáver, con más precisión si es de sexo femenino.

Llega el invierno, en el comercial de gas licuado le hacen un close up a la mano izquierda de la dueña de casa, con su anillo de matrimonio, porque bien casada que está, como toda buena madre. Y con tres hijos que le llevan compañeritos a comer sin aviso, mientras el marido se va a jugar una pichanga. Ella salva la situación como la multi-mujer que es para lo que de cosas domésticas se trata. “Hay que complacer a la pareja”, señala el tarotista de turno: darse entera, entregar y servir, estar preparadas para labores de cuidado que nadie quiere pagar.

“Sea atrevida, juéguesela”, dice el portal más visitado en el país en su versión “rosa”, pero tampoco nos quieren con poca ropa porque “provocamos demasiado”, y no nos quejemos después por el acoso callejero. Quizás lo que le pasó fue porque andaba sola de noche. O quizás no le pasó nada y está exagerando porque le llegó la regla, quiere llamar la atención. Quizás tuvo que morir ella, para que en Chile se haga justicia, la misma justicia que hace vista ciega ante las peticiones de medidas de alejamiento, salvo que hayan vivido bajo el mismo techo, la misma justicia que te hace exponer tu vida íntima una y otra vez.

Hay un panel en horario prime, 3 hombres discuten la nueva Ley de aborto en tres causales. Uno de ellos, que tiene más tribuna de la que debería, señala que una niña de 11 años está preparada para ser madre, sin embargo no lo está para interrumpir ese embarazo, ni para votar, ni para exigir una educación universal gratuita. Se burlan si esa niña escribe una carta pidiendo que el Instituto Nacional sea mixto, porque “no sabe de lo que habla”, solo la validan a través de la ternura.

¿Qué se siente ser mujer en tu área? Le preguntan a la médico, a la gimnasta, a la futbolista. “Las rojitas”, “las niñitas”, siempre en diminutivo. ¿Puedes maquillarte y hacer ciencia? ¿Puedes ser astrónoma si estás casada y deberías estar cuidando a los hijos en vez de mirando al cielo? ¿Cómo lo haces para ser mamá y escribir un libro a la vez? ¿Con quién dejaste a tu hijo? le preguntan a Anita Tijoux cuando está de gira. Juzgar siempre en base al estereotipo, al sexismo, como si solo nos correspondiera un papel en esta sociedad.

Hoy el llamado es a abandonar las prácticas sexistas en las salas de redacción y en las campañas publicitarias. Queremos dejar de ser juzgadas en base a cómo nos vemos, comportamos o con quién nos acostamos. No queremos ser re-victimizadas una y mil veces, no queremos que se revelen nuestros peritajes sexuales solo por no tener apellido del sector oriente de la capital. Como periodista y como mujer, exijo que los medios mejoren sus estándares a la hora de comunicar, formas hay muchas, constantemente se están publicando manuales, realizando charlas. No ver los cambios del futuro es dar un paso atrás en los derechos humanos, es regresar al pasado. Confío en una prensa más consciente y proactiva, para que el próximo 8 de marzo no tengamos que volver a marchar con las portadas más sexistas publicadas en los medios.

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