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Opinión

Tiempos escépticos o el fin de las vertientes de ideas políticas puras

Tiempos escépticos o el fin de las vertientes de ideas políticas puras Tiempos escépticos o el fin de las vertientes de ideas políticas puras

"Estos tiempos escépticos están afectando a los ciudadanos que frente a las urnas no abrazan ideologías porque ven que las opciones políticas son más difusas y arman sus opciones con absoluto pragmatismo".

Ernesto Evans

Por


El Dínamo.

No sé si estamos viviendo el fin de las ideologías como declaró Francis Fukuyama, “el fin de la historia como tal: esto es, el punto final de la evolución ideológica de la humanidad y la universalización de la democracia liberal occidental como la forma final de gobierno humano”.

Fukuyama preveía el fin de las vertientes políticas, fundamentalmente de aquellos partidos políticos ejes en países sin democracia, sin libertad de expresión, sin alternancia en el poder y con un estado omnipresente tipo leviatán (Cuba o Corea del Norte). Presagió el establecimiento de la democracia liberal como sistema dominante, pero no puso predecir que el adalid de las libertades económicas, los EEUU, estuviera poniendo cortapisas al libre comercio, aplicando aranceles sobre 200.000 millones de dólares productos chinos; y que, como respuesta, el gobierno comunista Chino invocase la consigna del libre mercado, acusando al gigante americano de proteccionismo e intimidación. Ni los defensores fanáticos de las sociedades abiertas como Popper lo hubieran concebido.

Pero también estamos presenciando, como efecto de los nuevos tiempos – o tempora, o mores -, que las vertientes políticas como el comunismo, el social cristianismo, la social democracia, el liberalismo, ya no se expresan en términos puros. Para el social cristianismo, históricamente hablando, el llamado de la Iglesia Católica a los cristianos a que construyeran sociedades más justas y dignas supuso una acción política potente. Hoy la Iglesia está en una tremenda crisis, y sería incapaz de convocar a una gesta de esa magnitud. Y dentro del socialcristianismo hay quienes les gusta mucho un Estado fuerte, casi omnisciente; y otros directamente adeptos a la iniciativa privada en muchos más ámbitos. Algunos en lo valórico son más liberales y otros abiertamente conservadores.

También las sociales democracias en Europa o las de América Latina, – como el que hubo en Brasil con el PT o de Argentina con el Peronismo- ha entrado en crisis y baja aceptación popular. Abra que ver si el fenómeno es pasajero de más largo aliento. Pero en las mismas es difícil hablar de una sola vertiente, y en su interior se han expresado puntos de vista diferentes, incluso con quiebres importantes; en Chile, entre quienes abrazaban la concertación y un modelo económico más liberal, y los refundacionales de la nueva mayoría, quienes pugnaron por reformas profundas a la concepción económica.

Tampoco podemos hablar de una sola inclinación ideológica en la derecha. Lo que ha ocurrido con las visitas de líderes chilenos a Jair Bolsonaro lo demuestra, y su expresión más liberal en lo valórico no le gustan las posturas conservadoras e incluso homofóbicas del más probable próximo presidente de Brasil: “nosotros tomamos cierta distancia” declaro sobre Bolsonaro Hernán Larraín Matte de Evopoli. Hoy el conglomerado de gobierno es más amplio y dentro hay muchas vertientes que, en algunos temas, distan bastante.

Y los electores también están tomando distancia de las vertientes puras. Estos tiempos escépticos están afectando a los ciudadanos que frente a las urnas no abrazan ideologías porque ven que las opciones políticas son más difusas y, como en la comida rápida tipo “haga su plato o sándwich”, arman sus opciones con absoluto pragmatismo. Ocurrió con casi 600 mil votos de la segunda vuelta que se inclinaron por Sebastián Piñera y va a ocurrir, lo más probable, también en Brasil.

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