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Opinión

Transantiago: ¿Y quién nos defenderá del Ministerio?

Transantiago: ¿Y quién nos defenderá del Ministerio? Transantiago: ¿Y quién nos defenderá del Ministerio?

"El ministerio seguirá siendo libre de fiscalizar o no según gustito del ministro de turno; libre de planificar los recorridos sin meotodología, sin estándares, sin criterios explícitos u objetivos, con las puertas abiertas a la corrupción; libre de trabajar con o sin datos según fulano de turno, con o sin los softwares según donde caliente el sol".

Rodrigo Quijada

Por


Miembro de Ciudad Viva - Ingeniero de Transporte

“¿Quién?”, inquirió exasperado el diputado al subsecretario, “¿Quién dice usted que lo engañó? ¡Dígame nombres!”. Pero el subsecretario no entregó nada. Así fue una de las sesiones de la Comisión Investigadora Parlamentaria del Transantiago hace 11 años atrás. El ministerio se había dedicado a defender la tesis de que habían sido engañados: por los tecnócratas que habían hechos los cálculos, por SONDA que no había puesto los GPS, por los empresarios de buses que no los sacaban a trabajar, etc. Dispuestos a culpar hasta a su madre con tal de salvar el pescuezo.

La política del Ministerio de Transporte de achacar a otros la culpa de todo los malo del Transantiago ha sido permanente. Su último acto sucedió hace unos días, cuando victorioso el ministerio dijo que sacaría a la peor empresa del sistema, Alsacia. Un grito de justicia recorrió las calles de esta azotada ciudad… ¡Por fin! ¿Pero miró usted los frios números detrás del anuncio?

Primero que todo, Alsacia se va porque se alcanzó la vida del contrato, no porque la echen. Pero más importante: Según el último reporte ministerial, el contrato pide a las empresas un 90% de cumplimiento de frecuencia y Alsacia lo cumple. Y pide un 80% de cumplimiento en regularidad y Alsacia llega a 79%, o sea, a un pichintún de lograrlo. ¿Cómo demonios puede una empresa cumplir tan bien y aún así ser “la peor empresa del sistema”? La conclusión obvia es que lo que pide el contrato es poco o incorrecto. Por eso cuando las empresas cumplen lo que se les pide, eso no significa que tengas calidad en la calle. Lo que realmente debemos preguntarnos es por qué el contrato (el ministerio) pide leseras.

Otra reflexión en la misma línea: El académico de la UDP Franco Basso comentaba en una carta al diario ciertos datos de ocupación de buses. Básicamente le puso números a lo que todos vemos a simple vista: hay lugares y horarios donde la gente viaje como sardinas, y otros momentos en que los buses llegan a tres pelagatos. Pero ¿es eso culpa de Alsacia y sus colegas? Quien haya leídos los contratos sabrá que no son los empresarios los que deciden dónde poner los buses. Ellos podrán proponer como mucho, pero es el ministerio el que da o quita el visto bueno y por tanto tiene la palabra final. El operador luego simplemente ejecuta; y vaya que cumple, pues todas las empresas tienen índices de cumplimiento de frecuencia superiores al 90%. La pregunta entonces es: ¿por qué el ministerio decide pedir buses donde no se necesitan y pedir pocos donde se necesitan más?

Hay tres razones para esta ineptitud ministerial: porque el ministerio trabaja sin datos (es decir, muy a ciegas); porque trabaja sin software para hacer sus cálculos (absurdo en un sistema tan grande y complejo); y porque el contrato no establece ninguna metodología, estándar o criterio objetivo (cuantitativo) para decidir si es mejor poner un bus aquí o allá, por lo cual priman las decisiones artesanales. Habría tal vez que agregar una cuarta razón: porque si el ministerio planifica mal no se lleva ninguna multa; nadie es despedido; y siempre tiene preponderancia comunicacional para seguir culpando a las empresas como lo acaba de hacer con Alsacia.

¿Trabaja realmente sin datos el ministerio? Los informes que salieron a la luz 11 años atrás por la investigación parlamentaria indicaban expresamente que el ministerio planificó el sistema sin tener datos de velocidades de la ciudad. La consultora se quejaba sin tapujo de ello en los informes. Una locura para cualquier ingeniero serio. Así de poco cariño al dato hay en el ministerio. Y la actitud no ha cambiado: hace pocos años, cuando se contrató una consultoría para empezar a preparar esta nueva licitación que hoy observamos, la consultora constató que no existía información sobre “perfiles de carga”. Ese es el nombre técnico para el hacinamiento. En otras palabras, el ministerio no sabe en qué tramos los buses están muy cargados y donde andan vacíos. Atroz. Increíble. ¿Quién diantres podría planificar bien así?

El ministerio trabaja sin softwares porque simplemente nunca los ha comprado. Pese a que todo sistema decente del mundo se planifica con software muy especializado, el ministerio hasta el día de hoy no ha comprado nunca ninguno. Esta licitación que pronto va a salir al aire, sépalo bien, se ha diseñado sin software especializado tampoco.

La metodología de planificación, por su parte, debía crearse “después” decía el contrato, pero nunca se hizo, cosa que sabemos por peticiones por ley de transparencia. Así que los buses se ponen y sacan de los recorridos sin metodología: a gusto del analista de turno, según cuál alcalde patalea más, según se escuchen o no los reparos de la empresa, o según el ministro de turno (y dependiendo de qué empresas le caen mejor). Tal arbitrariedad por supuesto permite potencialmente que la decisión dependa de oscuras variables, como cuánto puso la empresa en la última campaña presidencial…

El ministerio por cierto es feliz de trabajar en ese nivel de artesanía. Que nadie lo obligue a nada: ninguna obligación a usar un software complicado, que nadie lo obligue a recopilar datos y analizarlos, que nadie le diga cómo hacer el cálculo… y así hacer lo que se le dé la gana. ¡Qué alegría trabajar con tanta libertad! Y si sale mal, se culpa a la empresa.

No me malentienda: las empresas no son santas. Incumplen, pero en otros aspectos diferentes de frecuencia y regularidad: aseo de los buses, no detención en paraderos, trampas con el “bus en tránsito”. ¿Pero cómo es que se salen con la suya? ¿Cómo, si esas prácticas están expresamente prohibidas en el contrato? Porque el ministerio no las fiscaliza: El número de multas que el ministerio cursa por esos motivos es absurdo, y lo sabemos por ley de transparencia. ¿Por qué no fiscaliza? Porque el contrato le permite fiscalizar si es que quiere, cuando quiere, cuánto quiera. Y por ende el fulano de turno hace o deshace como quiera. Tan brutal es esto que hay años enteros en que no se ha pasado ni una sola multa a ninguna empresa por algunos de esos temas. Terrorífico.

La nueva licitación tiene sus méritos pero lamentablemente no cambia ni una coma sobre lo que he dicho aquí. El ministerio seguirá siendo libre de fiscalizar o no según gustito del ministro de turno; libre de planificar los recorridos sin meotodología, sin estándares, sin criterios explícitos u objetivos, con las puertas abiertas a la corrupción; libre de trabajar con o sin datos según fulano de turno, con o sin los softwares según donde caliente el sol. Claro: porque el que escribe el contrato no tiene ningún incentivo ni gana de obligarse a nada… camino fácil que la Ministra pretende mantener ahora que a ella le toca escribir el contrato. Conciudadanos, el ministerio se apresta a fregarnos otra vez.

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