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Opinión

Turismo: la nueva minería

Turismo: la nueva minería Turismo: la nueva minería

"El turismo está contaminando como las grandes mineras lo hacían hace algunas décadas atrás, sin control y sin ninguna otra visión que el crecimiento, incluso en lugares altamente saturados".

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L&C Consultores, Licenciado en Letras y Literatura, Gestor Cultural, Magíster en Educación y Profesor de la UNAB.

Gran impacto causó esta semana un estudio publicado por la revista Nature Climate Change (Manfred Lenzen, 2018), realizada por la Universidad de Sidney, la Universidad de Queensland y la National Cheng Kung University, quienes descubrieron que la huella de carbono del turismo es cuatro veces mayor de lo que se estimaba, lo que significa que la industria del turismo es responsable del 8% de las emisiones de gases de efecto invernadero a nivel mundial. Este crecimiento, relacionado con el gasto en turismo, es un acelerador de emisiones más fuerte que el de la industria, la construcción o cualquier prestación de servicios existente.

Mucho se habla en nuestro país del daño que produce la minería al medio ambiente y no del turismo y sus actividades directas e indirectas. Mientras la contaminación ligada al turismo, como la contaminación del transporte aéreo, no tiene planes de mitigación, ya que han sido excluidos del Acuerdo de Paris, además de contar con el mayor contaminador en la industria turística, Estados Unidos, ya que sigue sin reconocer tales acuerdos por el cambio climático, la industria de la minería es, por otro lado, una de las que más invierte en investigación y desarrollo de tecnologías que ayuda a mitigar las externalidades negativas, y aunque el daño aún es bastante, ya es un gran logro tangible que hayan reducido considerablemente su impacto.

El turismo está contaminando como las grandes mineras lo hacían hace algunas décadas atrás, sin control y sin ninguna otra visión que el crecimiento, incluso en lugares altamente saturados, no solo generando daño en el medio ambiente, sino también en el social, y esto ocurre porque la percepción de daño que genera la actividad turística respecto a sus externalidades negativas, es bajísimo, lo que debería ser tomado en cuenta para generar un cambio drástico en su comportamiento, en el corto, mediano y largo plazo, a través de políticas públicas y estrategias que fomenten el desarrollo de un turismo sostenible, como muchos, de forma independiente y asumiendo grandes gastos, lo hacen a modo de responsabilidad personal o empresarial.

Estos datos entregados por el estudio mencionado, nos hablan de una falta de preocupación mundial respecto al desarrollo de una de las industrias con mayor futuro en el mundo, que crece a pasos agigantados, más que cualquier otra y que no ve ninguna norma clara en su actuar respecto al cambio climático y su influencia en la contaminación, sobre todo en islas turísticas, en nuestro caso lo que ya se está viviendo en Isla de Pascua, lugares geográficamente más expuestos a los efectos del calentamiento global; calentamiento de la temperatura del mar, mayores catástrofes climáticas, excesos de basura, salinización del agua, deforestación, etc.

Es hora de que el turismo se sume en serio a las políticas que buscan disminuir el impacto negativo en el mundo, no solo en sus actividades directas, sino también las que influyen de forma indirecta, teniendo en cuenta que hoy, el turismo lamentablemente es la nueva minería. El trabajo ya ha comenzado con muchos de los empresarios del sector, pero que lamentablemente todavía están lejos de ser una mayoría considerada, pero que crece gracias al interés del propio turista, quien hoy es más exigente y cuidadoso de su huella de carbono, pagando hasta un 60% más por mitigarla, eligiendo destinos, hoteles y operadores sustentables.

Reconocer el efecto global que tiene la industria del turismo es un primer paso para generar los urgentes cambios que necesitamos, No solo como los que propone la OMT, por ejemplo, elegir destinos más cercanos, uso de transporte público, disminuir los vuelos, por otro lado, incentivos para empresarios del sector que inviertan en eficiencia energética y de carbono, sino políticas más de fondo y drásticas, ya que las anteriores no están logrando un efecto significativo.

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