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Opinión

UDP hazte cargo de la incapacidad intelectual de algunos de tus alumnos

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Como buenos hijos de una sociedad de consumo, estaban recordándole al establecimiento educativo que “el cliente tiene la razón”. Y ahí, discúlpenme, no hay rebeldía alguna, al contrario, sólo jóvenes burgueses que creen que una universidad es un lugar en el que no pueden ser provocados.

Francisco Méndez

Por


Columnista.

Parece ya insoportable. Nadie puede hablar, pensar, decir aunque sea una que otra desafortunada declaración, porque ahí está atenta la policía de lo políticamente correcto pidiendo que te retractes, que asumas que eres un machista recalcitrante. No quiere que existas, que hieras o que se te ocurra decir palabras que no vayan en dirección con lo que todos deberían pensar.

Un ejemplo de esto fue, nuevamente, lo que causaron las poco argumentadas y provocadoras palabras de Rafael Gumucio en contra del feminismo universitario. Una vez publicada una entrevista en La Tercera, en la que el escritor decía un sinfín de frases más polémicas que sólidas, la declaración de guerra ya estaba hecha por un grupo de mujeres y hombres que pasan la mayoría del tiempo buscando una excusa para ofenderse.

Sí, porque pareciera que muchas veces no hay una lucha realmente clara. Lamentablemente, detrás de una causa tan entendible, comúnmente hay más generalidades que una real batalla en contra de ese patriarcado cada vez más líquido y difícil de identificar. Todos los que dicen ser feministas, pareciera que lo hicieran para formar parte del “bien” y “lo correcto” antes que querer, de verdad, avanzar hacia una emancipación universal.

Y es que, si sucediera eso, a lo mejor ya no podrían seguir moralizando. Si es que realmente todo lo que repiten y repiten condujera a un cambio social radical, quizás serían los primeros en asustarse, ya que el sistema, tal cual está, les resulta más cómodo para satisfacer sus ansias de ruborizarse por todo. Y eso, aunque se crea lo contrario, no es lo mismo que emprender una tarea que termine en el derrumbe de un paradigma, sino que fortalecer el mismo, pero ahora vestido con ropas “progre”.

Esto lo digo porque, luego del escándalo provocado por los dichos de Gumucio, estudiantes de la Universidad Diego Portales, donde trabaja el polemista, se unieron en una causa llamada #UDPhaztecargo, la que consistía en dejar al profesor sin trabajo por haber osado en molestar a sus individualidades con sus mediáticas palabras. Es decir, como buenos hijos de una sociedad de consumo, estaban recordándole al establecimiento educativo que “el cliente tiene la razón”. Y ahí, discúlpenme, no hay rebeldía alguna, al contrario, sólo jóvenes burgueses que creen que una universidad es un lugar en el que no pueden ser provocados.

¿No es acaso esta lucha desenfrenada por mantener las individualidades intocables, una gran herencia del modelo de mercado? ¿No son estos nuevos jóvenes, y sus preocupaciones, la demostración más clara de una sociedad frágil que le teme al debate democrático porque no entiende en qué consiste la democracia? Todo pareciera indicar que sí. Que en vez de salir a desarticular mensajes y a hacer algo para que el poder de profesores sobre mujeres en las aulas sea desbaratado, a través del racionamiento político, lo importante hoy es quedarse en la minucia y transformarla en algo más importante de lo que es.

Tal vez esto moleste a algunos, pero lamentablemente las ideas molestan, causan debate y es necesario rebatirlas hasta que las del adversario sucumban. Y se hace gracias a la política, construyendo un discurso lo suficientemente fuerte y macizo.
Nada de esto ha pasado. Hoy las feministas parecen más las señoras reaccionarias de antaño que cuidaban el poder del macho. ¿Por qué lo digo? Porque el feminismo, según creo, es el llamado a fortalecer la acción y no la fragilidad de la mujer. Y eso no está pasando, como tampoco está pasando que las relaciones de género estén cambiando. Tal vez se están invisibilizando, como en las antiguas casas patronales se invisibilizaban, ante los ojos de los niños de la familia, lo que sucedía entre los mayores, pero nada más. No se está quebrando nada. Sólo se están agregando nuevas palabras de buena crianza a nuestro ya cínico vocabulario.

Debido a esto es que, efectivamente, universidades como la Diego Portales sí tengan que hacerse cargo de algo. Pero no precisamente de Gumucio, sino de que haya estudiantes que no sean capaces de enfrentarlo en el terreno del pensamiento, sino que sólo se dediquen a llorar porque el académico no les dio en el gusto.

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