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Opinión

Un 2018 feminista: la ebullición de la ira

Un 2018 feminista: la ebullición de la ira Un 2018 feminista: la ebullición de la ira

"Hay una fuerza tremenda de las feministas dando estos debates y diálogos, pero también se nota la precariedad a la hora de disputar los espacios, porque no tenemos los mismos recursos que el opresor".

Karen Denisse Vergara Sánchez

Por


Periodista e investigadora en temáticas de género y violencia

Primero fueron diez, luego cien, después miles de mujeres que salieron a las calles durante todo 2018. El movimiento feminista explotó en Chile tras varios años de acumular femicidios impunes, violencias estructurales, acoso en instituciones y discriminación por género. Cada mujer ha llorado a una amiga que ya no está o que vivió los embates de una relación violenta, de abuso de poder, quizás de acoso laboral. Y por ello salieron a la calle y se tomaron las instituciones educativas. La ebullición de lo que fue ese noviembre de 2016 con la primera marcha #NiUnaMenos se sintió fuerte este año.

Habían situaciones que no podían seguir ocurriendo bajo la mirada cómplice de la sociedad. Mientras en Argentina se discutía el proyecto de aborto libre, legal, seguro y gratuito, acá empezamos a hablar recién de despenalización social para sacar a las mujeres y niñas de la clandestinidad y la violencia psicológica que supone enfrentar un aborto y no poder pedir ayuda ni siquiera a tu entorno más cercano. Y si bien falta un largo trecho para transversalizar estos temas a toda la sociedad, el balance de 2018 fue uno donde cayeron las caretas del mal, pero también donde surgió la autodefensa feminista.

En nuestro país se ha logrado tejer una red de mujeres que hace unos años parecía solamente más cercana a los movimientos intelectuales o académicos, sin embargo, aún falta mucho por hacer. Quisiera pensar que alude a un tema geográfico, de recursos, de tiempos, porque falta extender aún más el movimiento a los barrios, a las escuelas populares, a nuestras familias, entendiendo la propia realidad de las mujeres chilenas que han sido históricamente postergadas por uno y otro sector de la política nacional.

Hay una fuerza tremenda de las feministas dando estos debates y diálogos, pero también se nota la precariedad a la hora de disputar los espacios, porque no tenemos los mismos recursos que el opresor, trabajamos desde la autogestión, para no ser cooptadas ni auspiciadas por ese feminismo que se hace llamar a sí mismo “liberal” que encierra un discurso peligroso, donde quieren hacernos creer que el asistencialismo, el emprendimiento, el “empoderamiento” (como término para definir cualquier cosa) y la revictimización constante, son el camino a seguir, ignorando las profundas brechas de desigualdad que nos afectan y que parten por desnivelar todos los espacios.

Creo que es clave tomar este punto: entender la profunda crisis de desigualdad en Chile y mirar nuestros feminismos considerando esta brecha enorme e intentando subvertirla. En la actualidad aún debatimos las condiciones sobre parar o hacer huelga, porque nuestra situación es tan precaria que muchas mujeres sobreexplotadas ni siquiera pueden permitirse salir a la calle o parar como una expresión básica de la libertad. Las colegiaturas no tienen gran peso y el sindicalismo es visto como peligroso o se reduce a los espacios masculinos, y en ello perdemos una fuerza vital importantísima.

La mayoría boletea o trabaja en labores de cuidado, sin acceso a buena salud o educación. Para las que pudimos optar a la universidad, estudiar ha sido otro nicho de pobreza también para nuestras familias por la precarización de la vida y las soluciones demoledoras que en algún momento tuvimos que tomar, como el Crédito con Aval del Estado o un préstamo para proseguir estudios.

En Chile no estamos acostumbrados a protestar, al menos no al nivel que en otros países, la dictadura dejó huellas imborrables e inconscientes que operan hasta hoy. Creo que para 2019 mi deseo primordial es transversalizar el movimiento todo lo que podamos desde nuestras distintas veredas. Mirarnos con amor y cuidado las unas a las otras y darnos cuenta que tenemos que seguir sacando esa ira, esa necesidad de cambios más allá de una fecha conmemorativa. Este fue un año donde se cayeron las caretas de los malos, pero no quiero darles el crédito del título, para mí, este fue el año de las mujeres. Y ojalá los que vienen también lo sean.

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