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Opinión

Who doesn’t dare, doesn’t win y the winner takes it all

Who doesn’t dare, doesn’t win y the winner takes it all Who doesn’t dare, doesn’t win y the winner takes it all

"La estrategia de Boris Johnson no reportará buenos frutos porque está generando mucho resentimiento en el propio país y en la UE, lo que en algún momento se le devolverá, desgraciadamente con daños al conjunto de la sociedad europea".

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Gerente General Cámara Chileno Peruana de Comercio

30 de Agosto de 2019

El Brexit sigue generando sorpresas a prueba de los más curtidos y apáticos. En efecto, el flamígero primer ministro británico Alexander Boris de Pfeffel Johnson ha descolocado a todos con la suspensión del parlamento, ad portas del vencimiento del plazo límite para la salida del Reino Unido de la UE (31 de Octubre).

Con esta medida, que obliga al Parlamento a entrar en receso desde mediados de septiembre hasta mediados de octubre, Boris Johnson queda con la vía prácticamente libre para aplicar su plan de salida, el cual por lo demás es muy simple: retirarse de la UE con o sin acuerdo.

Si la UE acepta revisar algunos términos y en particular la situación de la única frontera terrestre del Reino Unido con Irlanda, entonces su apuesta del todo o nada habrá sido exitosa y el Parlamento no tendrá más remedio que apoyar el nuevo trato, so pena de salir sin acuerdo. Y si por el contrario, no logra nada, ya no habrá margen de maniobra para una salida pactada. En ese escenario, que Johnson y su círculo cercano parecen furibundamente anhelar, se le abriría la oportunidad de dejar una huella en la historia del país, como el fundador de una nueva era que anunciaría la recuperación de su gloria pretérita. Claro que para ello se debe sufrir, pero el calvario es parte de la redención y Johnson se vería (a ojos de este lejano observador) como la persona destinada a acompañar a su pueblo en esta dura pero esperanzadora travesía.

En ambos escenarios y desde su óptica, Boris Johnson aseguraría un papel protagónico para los próximos años, al estilo de Churchill o Thatcher por el legado que dejará. Quien no arriesga, no gana, y el que gana se lo lleva todo.

Más allá de las particularidades del liderazgo de Johnson (no puedo olvidar el libro de un autor francés “Los enfermos que nos gobiernan”), se refuerza la idea que el principal peligro para las democracias es siempre desde adentro. Quien siguiendo las reglas del sistema, busca cambiarlas según sus objetivos. En este caso, formalmente no hay vulneración de normas (esta atribución es parte del desarrollo consuetudinario del sistema político británico). Sin embargo, la forma y oportunidad de su aplicación es un evidente desconocimiento a la primacía parlamentaria como expresión de la soberanía popular británica. En todo sistema político, y más aún en el británico, los precedentes son claves porque pueden inaugurar tendencias. Si funciona esta vez, por qué no aplicar exitosamente la misma estrategia en otro ámbito? Y así, sin quebrantar formalmente las normas, se puede destruir o dañar seriamente un sistema democrático (en América Latina tenemos amplia experiencia al respecto).

En la misma línea, pero desde otra perspectiva, es increíble ver con qué facilidad ciertos actores pueden poner en jaque a la institucionalidad o al menos tensionarla seriamente, impulsados por una determinación casi fanática y un ingenio mayúsculo para doblegar los obstáculos, resignificando normas y costumbres. Pareciera que el delicado sistema de pesos y contrapesos no se blindó contra el surgimiento de estos liderazgos, que alguna vez se vieron como altamente improbables e inconducentes, pero que ahora están tomando el control del poder en muchos países.

La estrategia de Boris Johnson no reportará buenos frutos porque está generando mucho resentimiento en el propio país y en la UE, lo que en algún momento se le devolverá, desgraciadamente con daños al conjunto de la sociedad europea. El tema se complica porque “ganar” para Johnson es sacar al país de la UE, con o sin acuerdo, aún a costa de sacrificar su condición de Primer Ministro. Por tanto, desde su lógica, tiene todo el sentido persistir en el rumbo de colisión y volver imposible cualquier cambio del timón. Con eso habrá echado a andar otras fuerzas de la Historia.

Por el momento diversos movimientos ciudadanos están desarrollando iniciativas (desde recolección de firmas hasta acciones judiciales) para revertir la suspensión del Parlamento, mientras que la oposición, a la que se están sumando conservadores proeuropeos, está tratando de generar las condiciones para botar al gobierno mediante un voto de censura o adoptar medidas legales al momento de reconvenir. El problema es que el tiempo juega en contra y se necesitará un ingenio mayor al de Johnson para sacar otro conejo del sombrero.

Seguimos con una excelente trama, pero de desarrollo impredecible. Es el cuarto de hora de Johnson. Mañana, who knows?

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