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Opinión

Yo solo solté al caballo (demonio)

Yo solo solté al caballo (demonio) Yo solo solté al caballo (demonio)

"El apuntar con el dedo a los responsables de nuestras propias decisiones, es una forma de escapar a la realidad y, lo que es peor, no hacer nada para cambiar el rumbo de nuestro camino de errores".

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Abogado, comunicador, escritor

2 de Septiembre de 2019

Los venezolanos igual que muchos en todas partes, andamos buscando a quien culpar de lo que nos pasa. No es nuevo eso de echarle a otros, las causas de nuestras desgracias. El periodista Carlos Rangel en la década de los setenta, advertía del complejo latinoamericano ante los Estados Unidos. En su libro “Del buen salvaje al buen revolucionario”, anotaba que los graves padecimientos de nuestros pueblos, nada tenían que ver con los “muy malucos norteamericanos”, sino por el contrario eran el producto de nuestra forma irresponsable de asumir compromisos como sociedad.

Para el periodista venezolano, el «buen revolucionario», no es otra cosa que una combinación de populismo, proteccionismo, caudillismo y autoritarismo que busca justificarse como una “venganza”, por los supuestos males causados a nuestros pueblos, por las poderosas naciones de occidente.

En el libro “La culpa es de la vaca”, se muestra de forma más global la tentación que nos lleva a endosar a cualquier otro, así sea un animal que solo sabe rumiar en paz, lo desventurado de nuestro destino. El apuntar con el dedo a los responsables de nuestras propias decisiones, es una forma de escapar a la realidad y, lo que es peor, no hacer nada para cambiar el rumbo de nuestro camino de errores.

En Venezuela se insiste en culpar a un presidente democratacristiano, de la existencia del “chavismo”. Rafael Caldera en su primer mandato, pacificó el país al indultar a guerrilleros que promovidos por la Cuba de Fidel, se levantaron en armas en la década de los sesenta. Luego en su segundo gobierno, se encontró con las cárceles llenas, ya no de “buenos revolucionarios”, sino por el contrario de soldados que junto con Chávez, se alzaron contra una democracia que, para una mayoría, había dejado de ser buena. Liberó a “el comandante” y al resto de sus compañeros

Caldera, como la vaca, resulta para algunos el culpable de lo que nos pasa. En un grupo de periodistas se divulgó la siguiente fábula: Un caballo estaba amarrado y vino un demonio y lo soltó. El caballo se metió a la finca de unos campesinos y comenzó a comerse la siembra. El dueño de la finca tomó su rifle y mató al caballo. Entonces el dueño del caballo, tomó su rifle y mató al dueño da la finca. La mujer del dueño de la finca, mató al dueño del caballo. Entonces el hijo del dueño del caballo mató a la mujer. Los vecinos enardecidos mataron al muchacho y quemaron su casa. Entonces le preguntaron al demonio:—¿por qué hiciste a todos eso? El demonio respondió:—Yo sólo solté el caballo.

Caldera solo soltó a Chávez, el resto es culpa de nosotros y de muchos otros en Latinoamérica.

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