Cartas del Lector

Enfermería: arte, vocación y autocuidado

De los grandes errores podemos crear profundas oportunidades, enfermeros y enfermeras debemos partir en casa. Debemos invitar a la compasión y a la empatía a entrar en nuestros corazones y cuidar con amor a nuestros pares y a nosotros mismos.

Por:  Dennisse Brito

Señor director:

El 12 de mayo se celebra el Día internacional de la Enfermería. Sin dudas este año es especial, los y las enfermeras llevan más de un año salvando vidas e incluso arriesgando sus propias vidas. No sólo se enfrentan día a día a la exposición del virus sino que al dolor, al sufrimiento y a la muerte. No es fácil ser enfermera/o, debes ser empática, compasiva, tener conocimientos de drogas, fármacos, intervenciones, administración, gestión, investigación, en fin, debes saber cómo cuidar.

No obstante, en ese gran desafío muchas veces los enfermeros y las enfermeras olvidamos algo esencial; cuidarnos a nosotros mismos. En esa gran dedicación por los otros, nos descuidamos. A veces olvidamos a nuestros compañeros de trabajo, a nuestra familia, esposos, amigos, hermanos, padres e hijos. Nos han enseñado a dar todo por el más necesitado, por quien sufre, pero no es posible realizar aquella labor de manera exitosa sin cuidar de uno y su entorno.

Debemos detenernos y reflexionar frente a la falta de nuestro propio cuidado. Y frente a los últimos hechos y acontecimientos en nuestro país, la lamentable pérdida de otra enfermera, es que justamente nos hacen reflexionar en lo relevante que es mirar a nuestros pares y compañeros, a veces quienes pueden vivir grandes dificultades en sus hogares, en sus relaciones, en su pasado o en el mismo lugar que compartimos nuestra labor. Debemos reflexionar en cómo apoyarnos, darnos la mano, ayudarnos, subirnos el ánimo, cuidarnos.

De los grandes errores podemos crear profundas oportunidades, enfermeros y enfermeras debemos partir en casa. Debemos invitar a la compasión y a la empatía a entrar en nuestros corazones y cuidar con amor a nuestros pares y a nosotros mismos.

“Lo importante no es lo que nos hace el destino, sino lo que nosotros hacemos de él”, Florence Nightingale.

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