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Un largo tour por el patrimonio gay santiaguino

Del primer bar gay de la calle Merced a la discotheque Fausto, el sitio Santiago chueco y su proyecto de recorridos por el patrimonio rosa, habla de relatos de la homosexualidad en épocas represivas, la dictadura e historias de los primeros centros bohemios de esta contracultura.

Un largo tour por el patrimonio gay santiaguino
Por 9 de enero de 2014

En los libros de historia de Chile la homosexualidad siempre se mantuvo en el oscurantismo. Fue legalmente prohibida y, en principio, no estaba claro cómo se perseguiría a los ‘sodomitas’. La situación cambió con el primer gobierno del presidente Carlos Ibáñez del Campo y la promulgación de la «Ley de Estados Antisociales» de 1954 que instauró la persecución legal de homosexuales, vagabundos, mendigos y locos declarándolos oficialmente parias, una plaga que se debía extinguir.

Lo peor no terminó con ese episodio histórico. La mano dura llegó con más fuerza con el toque de queda instaurado en el golpe de Estado de 1973 que restringió la vida bohemia. La noche, que hasta ese momento también pertenecía a la comunidad homosexual, se acabó abruptamente dejándolos sumidos en la clandestinidad, bajo vigilancia militar y a merced de los aparatos represivos.

En ese contexto, se hicieron cotidianas las brutales redadas en bares y diferentes locales nocturnos donde se reunían gays, travestis y transexuales. Esa persecución dejó un lóbrego saldo de detenidos y torturados. Otra vez el silencio.

La penalización de la sodomía fue usada como un mecanismo legal para evitar, a toda costa, las relaciones homosexuales masculinas. Así quedó consagrado en la Constitución de 1980 y en el artículo 373 del Código Penal, creado por presión de la iglesia  autorizando a las policías para detener y recluir a todas aquellas personas que “de cualquier modo ofendieren el pudor o las buenas costumbres con hechos de grave escándalo o trascendencia”. La amplia interpretación de este artículo dio lugar al abuso, atropellos y reiteradas detenciones.

Además, a parte de las dificultades que debieron enfrentar con la justicia, las reuniones de la población homosexual quedaron sumidas y limitadas a escasos locales nocturnos que hoy son considerados ‘lugares míticos’, íconos que llevan a recordar la dureza de aquel tiempo: Cinelandia, la discotheque Fausto y Quazar, sólo por nombrar algunos.

Luego llegó la transición a la democracia, las fiestas Spandex ya habían comenzado a fines de los 80, y la sociedad chilena comenzó a abrirse respecto a estos temas. La mayor parte de las disposiciones que penalizaban la sodomía fueron derogadas en 1998, pero los espacios de diversión y batalla por los derechos de la minorías quedaron repletos de historias, constituyéndose en un patrimonio que muy pocos conocen.

Por este motivo, tratando de ir al rescate de esa contracultura que luchó en dictadura, nació el sitio web Santiago Chueco, un lugar único donde se ofrecen tours y paquetes turísticos para dar visibilidad al relato ‘queer`en la ciudad.

Destaca, por ejemplo, el tour llamado “The Crying Game” –que se inicia la segunda quincena de enero y hace alusión a la película de Neil Jordan – que ofrecerá un recorrido por la historia gay en lugares como el Museo de la Memoria y otros centros nocturnos como el Pub Le Trianon, donde se contarán historias verídicas. Es el caso de Candy Dubois, la primera transexual de Latinoamérica, que cantaba canciones de Brenda Lee y fue apodada “La Sarita Montiel chilena” por sus parecido con la diva.

El recorrido del Patrimonio rosa

Camila Valladares, socióloga y directora de Santiago Chueco, gestora del proyecto, reconoció la falta turismo gay en Santiago, a pesar de que esta industria ya es explotada en otras ciudades hace bastante tiempo y prolifera a pasos agigantados.
Valladares decidió construir un recorrido por el ‘Patrimonio gay’ capitalino y dio vida a un tour que, además de los establecimientos nocturnos,  incorpora el lado diurno con caminatas por anticuarios y parques, siempre contando la historia desde la perspectiva de la homosexualidad en Chile.

Para hacer más atractivo el tour, también se integran memorias de escritores chilenos como una construcción narrativa de Santiago. “Quisimos incorporar parte de las experiencias personales de las personas gay que viven en esta ciudad y a través de lugares que tienen hitos históricos, considerados parte de la cultura queer de Santiago y para eso investigamos e indagamos bastante en la historia chilena y sus escritores”, explica la socióloga.

Valladares agrega que, para el tour llamado “The crying game”, tomaron la base narrativa de algunos escritores como Hernán Díaz Arrieta, más conocido como Alone, famoso por ser homosexual a principios del siglo XX.

En otro ámbito, por el fuerte impacto que tuvo el régimen de Pinochet en la población gay chilena, incluyeron al Museo de la Memoria en el recorrido, para conversar sobre las violaciones a los Derechos Humanos. “Los gay sufrieron bastante durante la dictadura, también hubo víctimas y torturados, la gente lo desconoce”, enfatiza Valladares.

Víctor Hugo Robles, autor del libro “Bandera hueca, historia del movimiento homosexual chileno”, destaca la importancia de rescatar la historia en los espacios públicos usados para encuentros entre hombres.

Uno de los lugares característicos de los 80’ era el Cerro Santa Lucía y el Paseo Ahumada. “Eran espacios de ligue principalmente. En importancia le sigue la Plaza de Armas, que era un lugar de encuentro, y también donde se realizó la primera protesta travesti, como el primer grito de libertad el 22 de abril de 1973. Para el sexo estaba el Parque Forestal y una plaza aledaña a la Clínica Indisa, todo eso hasta que apareció el VIH o alcaldes como Labbé”, recuerda Robles.

Según este escritor, la discotheque se constituía como el lugar de encuentro del fin de semana y como la única oportunidad para la socialización entre jóvenes gays. “La Fausto es parte de nuestra cultura, donde nos juntábamos las locas pobres con las locas ricas y jugábamos a ser todas iguales”, dice, y agrega datos sobre otro mítico lugar de encuentro: la discotheque Quazar.

Ubicada en calle Coquimbo, el local ofrecía menos música en inglés y promocionaba un corte más popular, motivo suficiente para que sus ‘parroquianos’ fueran aún más reprimidos a la hora de las detenciones. “Ahí se bailaban canciones de Yuri y era para un sector más pobre de los gays (…) Ahora de esa casa no queda nada, los familiares se la dividieron y hasta terminaron peleados”, evoca el ‘Che’ de los gays nacionales.

Barrio Concha y Toro

Barrio Concha y Toro

Pink market, un mercado incipiente

Para Oscar Rementería, vocero del Movimiento de Integración y Liberación Homosexual (Movilh) el ‘pink market’ (mercado rosa) es una nueva tendencia que ofrece servicios focalizados a los gustos que deberían tener lo miembros de la población homosexual. En Estados Unidos es una industria que mueve millones de dólares y que algunas empresas chilenas han logrado ver una oportunidad.

En ese sentido, hay ciudades de Latinoamérica que son consideradas más “gay friendly”, como Río de Janeiro, Sao Paulo y últimamente se agregó a Santiago. “Este nicho es resultado de los movimientos sociales, de una lucha por la igualdad de derechos, desde entonces hubo una mayor sensibilización social por el respeto a la diversidad y eso se está viendo reflejado en una mayor seguridad y confort de las personas para tomar vacaciones o tours en ciertas ciudades, específicos para la población homosexual, eso es mucho más de lo que existía hace veinte años. En un viaje a Brasil vi a Santiago en la portada de una revista como nuevo destino turístico gay, de una u otra manera, se han producido cambios”, explica el vocero del Movilh.

Gaspar García, historiador y colaborador del proyecto de turismo de Patrimonio gay, comenta que lo primero que pensaron fue relacionar cada uno de los lugares con la literatura y la historia, un proyecto que apunta a terminar con la invisibilización que históricamente han tenido las minorías sexuales, donde la narrativa pasa a ser un espacio de conocimiento sin las censuras de épocas lamentables. “No hay que olvidar que en Pisagua llevaron a homosexuales o las redadas que se hicieron en Valparaíso durante los años veinte. De los espacios tampoco debemos olvidar los relatos de Alone, en Quinta Normal, o el primer bar de Merced”, explica.

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