Educación

Nolfa Ibáñez, Premio Nacional de Educación 2021: “La diversidad ha sido el eje de todo lo que he hecho”

La profesora es la primera educadora diferencial en recibir el galardón y en conversación en EL DÍNAMO reflexionó sobre la importancia de la labor de sus colegas en estos tiempos.

La docente elaboró un método para trabajar con niños con dificultades en su aprendizaje. UMCE/ARCHIVO
La docente elaboró un método para trabajar con niños con dificultades en su aprendizaje. UMCE/ARCHIVO

El 27 de agosto el Ministerio de Educación (Mineduc) entregó un anuncio histórico para Chile, ya que decidió otorgar el Premio Nacional de Educación 2021 a la profesora Nolfa Ibáñez, quien se transformó en la primera educadora diferencial en ser galardonada.

La docente de Universidad de Chile, Magíster en Educación con Mención en Educación Diferencial por la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación (UMCE) y Doctora en Educación por la Universidad Academia de Humanismo Cristiano, posee una extensa carrera en la investigación sobre las formas de enseñanza para niños y niñas que tienen necesidades especiales en diversos aspectos.

En conversación con EL DÍNAMO, la profesional admitió que estos últimos días “han sido vertiginosos”, pero destacó que ha tenido oportunidades para hablar en profundidad sobre su labor y visibilizar el trabajo de sus colegas educadores diferenciales de todo el país, quienes trabajan directamente con las familias de sus alumnos.

Ibáñez también reflexionó sobre el rol de la educación en tiempos marcados por la pandemia de COVID-19 y cómo la recuperación de la enseñanza debe ir más allá de los contenidos.

La aceptación de la diversidad

“Pienso que habría que anclarla en lo que ahora está en boga, que es la aceptación de la diversidad”. Así definió Nolfa Ibáñez el rol de la educación diferencial en la sociedad, resaltando el valor de todas las personas a la hora de entregar las enseñanzas.

La profesora afirmó que “atender la diversidad pedagógicamente ha sido históricamente la tarea de las y los educadores diferenciales y cuando uno mira el concepto de ‘diversidad ‘es el mismo en cualquier instancia, el mismo en el caso de los niños que tienen características diferentes o necesidades educativas especiales, es lo mismo en la escuela, en los grupos cursos”.

“La diversidad es una condición de la situación educativa, es condición de todo grupo humano, con independencia de donde esté ese grupo humano. Así es que el concepto de diversidad es lo que, por menos en mi caso, ha sido el hilo conductor, el eje de todo lo que yo he hecho y sigo haciendo en el ámbito educacional“, complementó.

La docente, que lleva más de cuatro décadas de trayectoria, afirmó que con los años se ha “atenuado” la visión que existe sobre los alumnos que tienen necesidades educativas especiales, pero advirtió que “la imagen colectiva de la sociedad piensa que una persona diferente, que tiene características diferentes, es de alguna manera ‘peor que uno’, y eso es un tremendo error“.

Las personas que son diferentes, son diferentes, pero son perfectas. Todas las personas somos inteligentes, todas las personas tenemos talento, todas las personas podemos aprender. Y la labor del educador diferencial ha sido esa (…) hay cientos de escuelas que atienden pedagógicamente la diversidad en el aula, aceptándola como una riqueza y no como un obstáculo o un déficit”, agregó.

El nuevo enfoque

La académica e investigadora del Departamento de Educación Diferencial de la UCME abordó los cambios que ha vivido su especialidad durante los últimos años, donde se ha pasado a un enfoque más integrar que lineal sobre las formas de enseñanza.

“La formación inicial docente en este ámbito tuvo  primero un modelo clínico lineal, un paradigma positivista y posteriormente,  después de los años 90, cambió fundamentalmente y tiene una visión socioconstructivista en general, que entiende la diversidad como construcción del mundo, es decir, consecuencia de cómo uno vive, y que no no la entiende como algo mejor o peor”, expresó.

En este sentido Nolfa Ibáñez reflexionó sobre los aportes que le entregó el biólogo y filósofo Humberto Maturana, con quien pudo trabajar y profundizar en su visión de la educación desde la diversidad.

“Estaba trabajando en una investigación con niños que no eran aceptados en las escuelas especiales por su comportamiento. Había elaborado una metodología que se llama Metodología Interaccional Integrativa (MII) para trabajar con niños con problemas para aprender, en sistema de interacción distinto. Y al conocer a Maturana, comprender su teoría, fortalecí absolutamente mis convicciones y se dio robustez epistemológica a lo que estaba haciendo”, afirmó.

La profesora contó que trabajó por varios años junto con el fallecido Premio Nacional de Ciencias Naturales, realizando dos proyectos Fondecyt. “Su pensamiento, su concepción de las emociones, la idea del constructivismo en general, del constructivismo radical realmente, y el aprendizaje como un fenómeno de transformación de la convivencia ha sido importante para mi carrera”, comentó.

Los desafíos tras la crisis

Nolfa Ibáñez también reflexionó sobre el impacto de la pandemia de COVID-19 en la educación diferencial, considerando las dificultades para poder desarrollar las clases online, perdiendo el valioso contacto directo entre los profesores y alumnos en el aula.

La investigadora afirmó que, al menos en su área de estudio, el trabajo de los docentes está directamente vinculado con las familias de los niños y niñas con necesidades educativas especiales.

“A mí no me cabe duda, que todas y todos (los educadores) se las han ingeniado para seguir apoyando a sus estudiantes con independencia de las dificultades, porque esa es la labor del educador diferencial”, afirmó.

La docente agregó que hay estudiantes que son vistos con limitaciones “en circunstancias que muchas veces las discapacidades tienen que ver con el entorno, tienen que ver con la estructura del contexto”, por lo que es complejo determinar la dimensión del daño provocado por la crisis sanitaria.

Pensando en la recuperación de clases en todos los niveles, la profesora enfatizó que los planes deberían tener su prioridad en la confianza por sobre los contenidos perdidos.

“Espero que ese rol sea fundamental para las profesoras y profesores, porque estamos en un tiempo en el que los niños han aprendido a desconfiar de todo, porque las condiciones les ha impuesto no acercarse a los demás, no tocar, estar lejos, etc. Recuperar eso es mucho más importante que los contenidos programáticos”, cerró.

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