Estadio

"Barras bravas: buscando un mártir", por Ricardo Pinto

Es cosa de reflexionarlo un poquito. Desde su instauración en 1994, la ley de violencia en los estadios no tiene un solo procesado, condenado o detenido emblemático que simbolice un ápice de triunfo sobre el vandalismo de las barras. Ninguno. Sólo engorrosos intentos que jamás diluyeron el grado de delincuencia y poder dentro de estos colectivos de malacatosos.

Por:  Francisco Valenzuela Huerta

Es cosa de reflexionarlo un poquito. Desde su instauración en 1994, la ley de violencia en los estadios no tiene un solo procesado, condenado o detenido emblemático que simbolice un ápice de triunfo sobre el vandalismo de las barras. Ninguno. Sólo engorrosos intentos que jamás diluyeron el grado de delincuencia y poder dentro de estos colectivos de malacatosos.

Ir al estadio antes era un panorama. Hoy es un riesgo, un sacrificio y casi una concesión de derechos en beneficio de unos pocos que tienen ubicación, preferencia y aval de los mismos clubes. Son mafias organizadas, con sectores del estadio destinados a su total albedrío, con licencia de dirigentes que se sirven de su influencia y les pagan su aparente pasión a muy bajo costo.

Más que extrañarse si la Universidad de Chile tiene dos bandos dentro de Los de Abajo –que ya se trenzan a balazos en las calles-, debería sorprender el por qué existe tanto interés en encabezar un grupo aparentemente aficionado. Las conexiones y licencias que otorga Azul Azul son peligrosas y disimuladas. Si ayer hubo barristas burlándose de la autoridad -en primera fila cuando se inauguró el complejo deportivo del club-, hoy los referentes del equipo asumen que regalan entradas y privilegios. Peor aún. En el estadio, Carabineros debe coordinar la seguridad de estos grupos por expresa petición del dueño del espectáculo. Irrisorio pero cierto.

En Colo Colo pasa lo mismo. Los nexos entre Blanco y Negro y la Garra Blanca son alarmantes.Incluso maquillando sueldos a un apartado de la coordinación de hinchas que funciona como un brazo armado, el mismo que agredió a Barticciotto en su momento. Esos mismos ex dependientes de Cristián Varela –hoy en la ANFP- que amenazan si es que uno los denuncia en los medios.

¿Cuándo cambiará esta realidad? El día que maten a alguien en el estadio. Crudo pero cierto.

Es sabido que Chile es un país de tardía reacción, que aprende con sus malas experiencias. Que no se anticipan ni avizoran los problemas. Hoy, las medidas son de parche. A nadie le conviene exterminar estas pandillas. Los dirigentes –muchos de ellos en el poder político- son dueños del espectáculo y la transmisión por TV. Saben cuánto se gana al vender en “pay per view” un producto colorido, de cánticos seductores y “aguante” financiado en el tablón.

Las medidas previstas por el gobierno para el plan “Estadio Seguro” son inaplicables en una liga que no tiene independencia ni recursos. El Estado no sabe intervenir, los clubes protegen al lumpen por miedo a la inestabilidad de estos y la solución ideal, que no es más que dispersar a las barras bravas –prohibiendo lienzos, camisetas que escuden los protagonismos o sectores exclusivos- no tiene quórum.

Seguiremos así. Hasta que el poder judicial se ponga los pantalones y mande jugar los partidos sin espectadores. O hasta que muera algún mártir. Uno que revierta tanta ineficiencia y miedo a abrir los ojos de una vez por todas.

Periodista de la Universidad Católica de la Santísima Concepción, columnista de medios y asesor de programación para radio y tv. Fue corresponsal de prensa para Mega, La Red y Radio Portales en la Octava región, además de participar en diversos programas deportivos de esa zona como editor de contenidos y comentarista. Como especialista en deportes y actualidad escribe columnas y reportajes en los Diarios Uno y El Sur y en las revistas Punto Final, La Magia Azul y El Clarín de Chile. En twitter es @pintoelemento.


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