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“Me amarraron, me pusieran hielo, calor y electricidad”: crónica de una víctima de las terapias para “curar” la homosexualidad

"Me dijeron que yo era la abominación, que yo era la única persona homosexual en el mundo, que era inevitable que contrajera VIH y tuviera sida", cuenta en su relato publicado por The New York Times.

Por 29 de Enero de 2018

“A principios de la década de los 2000, cuando estudiaba la secundaria en Florida, me sometieron a un trauma que tenía como propósito borrar mi existencia como bisexual recién salido del clóset“. Así comienza el estremecedor relato de Sam Brinton, director de defensa y asuntos gubernamentales de The Trevor Project, iniciativa que previene el suicidio a jóvenes LGBTQ.

Según contó el joven en una columna publicada en The New York Times, sus padres eran “misioneros bautistas sureños”, quienes creyeron en la terapia de conversión para curar su sexualidad. “Me senté en un diván durante dos años y aguanté sesiones emocionalmente dolorosas con un orientador. Me dijeron que mi congregación rechazaba mi sexualidad, que yo era la abominación de la que habíamos escuchado hablar en la escuela dominical, que yo era la única persona homosexual en el mundo, que era inevitable que contrajera VIH y tuviera sida“, revela Brinton.

Sin embargo, el asunto no terminó ahí: “el terapeuta dio instrucciones para que me amarraran a una mesa y me pusieran hielo, calor y electricidad en el cuerpo. Me obligaron a ver en un televisor videos de hombres homosexuales que se tomaban de las manos, se abrazaban y tenían sexo. Se suponía que asociaría esas imágenes con el dolor que estaba sintiendo para hacerme heterosexual de una vez por todas. Al final no funcionó, pero yo decía que sí solo para dejar de sentir dolor”, cuenta.

“Muchos creen que la terapia de conversión —esa charlatanería de que a la fuerza puedes cambiar la orientación sexual o la identidad de género de alguien— es un artefacto del pasado, una práctica medieval de tortura. Pero de hecho aún es legal en 41 estados de Estados Unidos, incluyendo algunos supuestamente progresistas como Nueva York y Massachusetts. La ciudad de Nueva York prohibió la práctica por completo apenas el mes pasado”, explica Brinton.

En esa linea, revela que casi 700.000 adultos en Estados Unidos han recibido terapia de conversión en algún momento, incluyendo a cerca de 350.000 que recibieron el tratamiento de adolescentes, de acuerdo con un estudio efectuado por el Williams Institute, un grupo de expertos en orientación sexual y leyes y políticas públicas de identidad de género en UCLA. El estudio además calcula que 20.000 adolescentes LGBTQ recibirán terapia de conversión de un profesional de la atención médica antes de cumplir 18 años, mientras que un estimado de 57.000 adolescentes se someterán al tratamiento de un asesor religioso o espiritual antes de ser adultos.

Según Brinton, la práctica puede ser realizada por un terapeuta autorizado en una oficina, en un campamento estilo correccional, por un padre que castiga continuamente a su hijo por ser demasiado femenino o por un pastor que quiere utilizar la oración para eliminar la homosexualidad. “El trauma de la terapia de conversión puede provocar depresión, ideas suicidas, el rechazo de la familia y toda una serie de horrores que los niños deben enfrentar sin saber que los profesionales de la salud mental deben ayudar en vez de causar daño“, agrega.

Por eso, cuenta, está encabezando una campaña para aprobar una legislación que prohíba la terapia de conversión en todos los estados. “Todos deben saber que no puedes cambiar lo que jamás elegiste“, concluye.

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